Riff 2018 en Vorterix: Un amor de familia

Crónicas
Riff 2018 en Vorterix: Un amor de familia
Texto: Seba Sanchez | Fotos: José Becerra

En estos tiempos en los que parece que andamos de reunión en reunión, me tocó asistir a uno de los tres shows que la reencarnación 2018 de Riff dio en el Teatro Vorterix. Era una oportunidad interesante para hacerse de una perspectiva propia sobre este fenómeno, o tal vez, simplemente era menester que fuese rock.

Hay muchas preguntas que surgen cada que vez que uno se entera del regreso de un grupo legendario. Pero en primer lugar estaba esa gran duda que trae el hecho de invocar ese nombre en particular, en una época bastante distinta en lo musical al momento en que dicha banda tuvo su auge. ¿Qué tan bien sonaran? ¿tendrán alguna proyección a futuro o simplemente se juntan para divertirse y hacer un mango? Faltan algunos miembros clave, y más allá de la obviedad de no poder tener nuevamente al Carpo entre nosotros, ¿Qué tan bien les sentarán esas ausencias salvables a los fanáticos? ¿Qué tanto han resistido las letras y las canciones de una banda como Riff al paso del tiempo? Como ven, son muchas cosas completamente aledañas a la música y al espectáculo en sí mismo. En el país donde, hablando mal y pronto, hablar es gratis, donde todos somos politólogos, directores técnicos, mecánicos, periodistas y un gran etcétera, esas consideraciones poco importan. Para ser honesto, poco importa lo que pensemos nosotros, no solo yo que escribo estas líneas, sino todo aquel que quiera ponerse en ese rol de crítico. Podemos tener opiniones y distintos puntos de vista, ciertamente, pero poco van a importar a la larga, ya que no somos protagonistas de la acción sino espectadores.

Al respecto de todo lo que expuse anteriormente, cambio y fuera. En principio, el contexto ya marcaba que no estábamos ante una reunión clásica de la banda. Aún así, hubo tres fechas con convocatoria plena. Adentro del recinto había de todo y eso es para destacar. Una mezcla de edades y públicos obviamente diferentes, pero todos con el mismo afán de disfrutar y celebrar un poco. Hablo de personas probablemente más jóvenes que yo, con la obviedad de una nena en hombros de su padre, hasta veteranos y familias que se encontraban en mi proximidad, hablando de sus vidas, de cuando iban a ver a Riff cuando solo iban doscientas personas, o de verlos en un Estadio Obras repleto. Para muchos, es toda una vida. También se podía sentir la típica expectativa previa a un show, y eso no sorprende a nadie, como también los cánticos hacia la memoria de Norberto “Pappo” Napolitano, que de una forma u otro estuvo presente para toda la jornada.

Cuando llegó el momento de apertura y tras un breve anuncio, el telón se abrió para que un Vorterix explotado de personas aclamara sin pausa a los músicos que fueron acomodándose en sus posiciones. Victor “Vitico” Bereciartua, Juan Antonio Ferreyra (JAF), Luciano Napolitano y Juan Moro salieron a escena para terminar esta saga de fin del 2018, y básicamente, todas esas interrogantes planteadas al principio quedarán, al menos para mí, de la puerta para afuera del lugar. En cuanto a sonido, tardó casi nada en ajustarse a lo necesario, y nunca perdieron ni ritmo ni contundencia. Todos estos sujetos tienen escenario caminado y ante eso no hay nada que hacer. La lista de temas se fue poniendo mejor a medida que avanzaba el show, y estuvo plagada de clásicos de sus distintas formaciones. “Dios Devorador” fue el tema inicial, pero que decir de “La Espada Sagrada”, “Elena X”, “Macadam, 3,2,1,0”, “No obstante lo cual”, “Mal Romance”, “Ruedas de Metal”, y “Susy Cadillac”. Cierto, pasó el tiempo y la música y letras de Riff pueden parecer tremendamente anacrónicas. Pero ahí adentro nada importó, hubo pogo, baile y mucho más. La inclusión de Nico Bereciartua en guitarra, quien fue invitado en un momento y nunca dejó el escenario, fue un acierto tremendo. Tampoco importa si Luciano se disculpaba por los nervios y algún que otro pifie difícil de notar si acaso lo hubo. Vitico se puso al frente y se comió el escenario. JAF cantó y toco todo lo que sabe. Ni egos, ni mamarrachos, ni nada olvidable. Cada cual hizo lo suyo para dar al público una probada de lo que Riff significó para la música pesada argentina.

Habiendo pasado el tiempo, y hasta con un Pappo que ya no está entre nosotros y que supo tener cuantiosas virtudes y defectos, no dejó de ser algo importante para lo cual bastante gente puso empeño en concretar. Con “Que sea Rock” como telón de cierre para los bises, lluvia de papelitos incluida, los asistentes parecieron disfrutar de la ocasión, corear y participar como pudieron. Yo me voy con la impresión de haber presenciado un show bien intencionado y de gran calidad, que superó mis expectativas. Mientras me iba, me preguntaba si el tercero habrá sido el show más aceitado y pulido de los tres. Es una pregunta que no pude ni podré responder por mi cuenta. Lo único que se es que fue rock, si algo más vendrá o no, estará por verse.

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