La H no Murió en Obras: Celebración metalera

Crónicas
La H no Murió en Obras: Celebración metalera
Texto: Carlos Noro | Fotos: Javier Rogoski. Cortesía Gaby Sisti Press.

El público más ortodoxo del heavy argentino (el que canta “Somos los negros, somos los grasas pero conchetos no, grita la H no murió, pide Destrucción de V8 y ahora putea a Macri) tuvo su vuelta a Obras para recordar las canciones que son parte de su vida. Este es el resultado.

Siguiendo la huella de las últimas presentaciones de Hermética que en 1994 se separó luego de una presentación en Obras y otra en Mar del Plata, La H No Murió se terminó de amigar con su propia historia en el mejor lugar posible: el estadio que en su momento podría haber sido el salto definitivo para que aquella H lograse su salto definitivo de popularidad. La historia es conocida, los problemas internos hicieron que Claudio O connor, Antonio Tano Romano y Pato Strunz sumaran a Carlos Kuadrado para formar Malón. Iorio hizo lo mismo con Almafuerte. Después de más de veinticinco años y teniendo en cuenta las respectivas actualidades una reunión de la formación original es literalmente imposible lo que nos trae devuelta a la actualidad: los actual Malón celebrando “Acido Argentino” (tal vez el disco más emblemático de Hermética) y las canciones de las que ellos fueron parte.

 

Muchos suelen calificar esta movida como oportunista y censuran el proyecto principalmente porque la figura de Iorio siempre estuvo identificada desde lo lírico con lo que la banda fue construyendo. Esto sin lugar a dudas es una verdad concluyente y es difícil de discutir. Lo que es cierto también es que sin la voz de O connor las canciones sonarían de otra manera, mientras que lo mismo puede decirse de los aportes de Romano y Strunz: su tarea a la hora de reproducir la velocidad, la agresividad o la potencia de las canciones es sin lugar a dudas definitoria. Si a esto le sumamos que la presencia de Carlos Kuadrado sorprendentemente aporta contundencia cuerpo y presencia a la mezcla en vivo, la ecuación termina por resolverse: cuando uno ve a los cuatro en vivo tocando las canciones es muy difícil que no salga convencido, conmovido o sorprendido según sea el caso.

Tampoco es casual que el show arranque con un mini relato del Ruso Verea (un indiscutible a la hora de proponer credibilidad rockera) en el que quedó claro que las canciones a esta altura son parte del acervo popular del metalero argentino y que esta era una oportunidad única para quienes no vivieron los noventas pudieran encontrarse con las canciones que estuvieron escuchando a lo largo de los años. Adolescentes, padres y madres con hijos visiblemente emocionados fueron fiel reflejo de esto que decimos. Sin haber estado ahí pocos pueden discutir el derecho de disfrutar de esos temas que a esta altura son parte de su historia.

Con un sonido perfecto de principio a fin (bien nítido aunque no demasiado fuerte por las limitaciones legales impuestas por el Gobierno de la Ciudad) desde el principio del show con “Robo un Auto” hasta el final con “Soy de la esquina”, la sensación fue en general de disfrute y celebración tanto desde el punto de vista de la banda como desde el punto de vista del público. Por el lado de la banda tal vez la gran figura de la noche haya sido Claudio O connor visiblemente enfocado en interpretar de la mejor manera cada una de las canciones. En este sentido se nota que para él haber sumado una buena cantidad de shows tanto con su proyecto solista como con Malón además de lo realizado con la H ha puesto en forma su performance. Hoy por hoy no parecen haber cantantes de heavy metal en argentina que tengan su presencia y su contundencia al punto que sin decir una sola palabra a lo largo del show logró que gran parte de las miradas se posaran en él. En este sentido, el sostén para su desempeño recayó en El trío Romano Strunz Kuadrado quienes supieron manejar los tiempos del show a la perfección. En canciones rápidas como “Gil Trabajador”, “Ayer deseo, hoy Realidad” o “Sepulcro Civil” fueron precisos, crudos y rabiosos mientras que otras un poco menos rápidas  como la oscura “Cuando Duerme la Ciudad” o “Traición” lograron encontrar el punto justo para resaltar la pesadez de las melodías. La buena onda entre los cuatro fue evidente, al punto de que a lo largo del show se vieron intercambios de sonrisas y abrazos entre todos los integrantes, dando la pauta del buen momento que pasan como banda.

En lo que respecta al público, fue incuestionable el impacto que estas canciones tuvieron y tienen en sus historias como oyentes. Tal por eso es casi imposible destacar la reacción de algunas sobre otras, porque increíblemente sucedió algo poco frecuente: cada una de las canciones fue capaz de tocar al menos alguna fibra íntima de los presentes. Si a esto le sumamos que muchos de los relatos siguen siendo tristemente actuales (no pareció casual que se puteara a Macri en varios momentos del show) el resultado fue que el show fue vivido con una intensidad increíble. Ni público ni banda bajaron la guardia en cuanto a entrega e intensidad.

Si bien la gran mayoría de las canciones respetaron su estructura original pero con un sonido renovado (no por nada pasaron más de veinte años) algunas tuvieron pequeñas modificaciones y se convirtieron en las perlas de la noche. La primera de ella fue “Memoria de Siglos” cantada un poco más lenta por O connor con la idea de llevarla para el lado más Sabbathico. El resultado fue satisfactorio al punto de que la banda alargó instrumentalmente el final siguiendo esa impronta oscura y envolvente. “Otro día para ser” fue la primera que incluyó al Tano Romano como coro improvisado en la canción algo que se reprodujo en la veloz versión de “Desterrando a los Oscurantistas” en donde Romano reprodujo algunas de las partes cantadas por Ioiro. “Olvidalo y volverá por más” mostró a O connor utilizando su voz limpia y a la gente participando activamente (algo que fue utilizado como recurso pero sin exagerar a lo largo del show). Finalmente “Desde el Oeste” (cantada originalmente por Iorio al igual que Olvidalo…) fue la que mayor transformación sufrió. Si en su versión original tenía una aire tanguero-motorhead aquí adquirió un carácter más thrasher y contemporáneo. El resultado fue hiper interesante al punto de que toda la banda se sintió cómoda con la versión.

El cierre como la imprescindible “Tu eres su seguridad” con la icónica intro de “Masa Anestesia” desembocando en “Sepulcro Civil” antes y “Robo un Auto” después dejó caras sonrientes y la sensación de un legado que sigue vivo y actual en el corazón de los metaleros y metaleras pesada argentinos. Paso la H y todos quedaron contentos. No es poco. Le pese a quien le pese.