Overkill en el Teatro Flores: El thrash de la clase trabajadora

Roberto Bolaño. Los Detectives Salvajes. Anagrama. 1998
Crónicas
Overkill en el Teatro Flores: El thrash de la clase trabajadora
Texto: Noelia Adamo | Fotos: Jorge Sebastián Noro

A pocos días del lanzamiento de su disco decimonoveno “Wings of War” , Overkill, la legendaria banda de Thrash Metal oriunda de New Jersey se presentó el pasado jueves 31 de enero en el Teatro Flores para entregar un concierto que los reencontró con un público que ansía verlos más seguido. Este show dio inicio al brazo latinoamericano del “Wings of War Tour”, el cual contó con los clásicos que todos queríamos escuchar y también con el estreno en vivo de material nuevo.

Llegué al Teatro Flores con la vara alta, pues ir a ver a Overkill es ir a ver a una leyenda viva del Thrash Metal; más de ocho años pasaron desde su última visita a nuestro país, en 2010, así la que expectativa era muy grande, y conversando con varias personas, muchos de nosotros los estábamos viendo por primera vez. Overkill es una banda que a pesar de los cambios de formación, se muestra bien consolidada, conservando sólo a dos de sus miembros originales, Bobby “Blitz” Ellsworth en la voz y D. D. Verni en bajo y coros. Y, si bien la formación que ha desembarcado en Buenos Aires está afianzada desde hace tiempo, ya que el dúo de guitarras integrado por Dave Linsk y Derek “The Skull” Tailer se ha sostenido por casi veinte años, la más reciente incorporación de Jason Bittner (Shadows Fall) en la batería afianza el engranaje y da cuenta que la agrupación mantiene su esencia intacta a pesar de los problemas de sonido que se hicieron notorios.

Ante un accidentado, pero potente show, se me disparan algunas reflexiones, en primer lugar, sobre la relevancia del Thrash como movimiento: El Thrash Metal, allá por principios de la década del ochenta, surge como un manifiesto musical que pinta una época, es la respuesta agresiva de unos jóvenes músicos que querían dar cuenta de la realidad en su inclemencia, ser los portavoces de una generación enojada y de una clase trabajadora prácticamente desocupada. Influenciados musicalmente por la vertiente más extrema de los exponentes de la NWOBHM como Motorhead, Venom y Diamond Head, tomaron elementos en claro sincretismo del movimiento Hardcore Punk de Estados Unidos; y, también, surgieron como respuesta reactiva, como contracultura metálica, frente al metal más mainstream hollywoodense, el sonriente y colorido glam metal. Estos jóvenes crearon una estética, un sonido y un movimiento, que tuvo su auge en la segunda mitad de la década del ochenta, con Metallica, Megadeth, Slayer y Anthrax como sus cuatro jinetes más notables, a.k.a “The Big 4”; caracterizado por sus ritmos veloces y agresivos, con un alto componente lírico de crítica social, crudeza y violencia. Surgiendo paralelamente en la Bay Area de la costa oeste, en San Francisco, y a la vez, en el circuito este neoyorkino, el Thrash es la expresión cultural de quienes se sentían los “outsiders”, fue la furia de los marginados del metal y dio lugar a estilos aún más extremos como el Death, el Groove y el Black Metal, además de haber generados fuertes escenas locales en donde se afianzó.

Entonces, si bien Overkill es una banda importantísima para la escena thrashera mundial, no puedo dejar de preguntarme, ¿por qué nunca despegó? Creo que la respuesta es que ha habido una toma de posición respecto de las formas de trabajo, un compromiso con mantener cierta aspereza y crudeza intacta que de alguna manera identifico con la esencia que sostienen y transmiten. El show que dieron ante unas mil personas lo demuestra. Los Overkill no dejan de ser unos muchachos trabajadores de la música, de clase obrera de New Jersey, y eso es lo que les ha dado una carrera autónoma que supo sobrevivir y prosperar más allá de los vaivenes del mainstream musical.

Párrafo aparte merece Bobby Blitz, portador de un carisma que continua intacto y que lo ha consagrado como uno de los más accesibles y queribles íconos del Thrash.  Dueño de una fuerza indomable y una voz chirriante y áspera, instantáneamente reconocible para el oyente, es notable su calidad a pesar de las tragedias personales que ha tenido que sobrellevar, como su agresivo cáncer de nariz, diagnosticado en 1998 o su accidente cerebro vascular sobre el escenario en 2002; Blitz se ha mantenido en un alto nivel a lo largo de los años, y eso en el vivo se sintió, de hecho, una de las mejores cosas que se escuchaban era la voz, aunque por momentos estuvo demasiado alta; además, se lo notó de un excelentísimo buen humor, haciendo chistes como “you’re even uglier than last time” –“están aún más feos que la última vez”-, cuando se ponía a conversar con la audiencia.

Ahora bien, impera reconocer la calidad y variedad del material que Overkill nos ha sabido brindar en sus más de treinta años de carrera. No todas las bandas con tamaña historia han sostenido ese alto nivel de calidad compositiva en todos esos años. Son pocos los altibajos que encontramos recorriendo su discografía y, más que altibajos, las diferencias se deben a  una cuestión de gusto y paladar, porque no caben dudas de que el nivel de los dieciocho discos editados se mantuvo parejo a lo largo de su trayectoria: desde los comienzos de la banda, los años de Megaforce, cuando sus composiciones parecían un hibrido entre la NWOBHM y la escena hardcore punk neoyorkina, pasando por sus álbumes más thrasheros de la era de Atlantic Records, atravesando los momentos más oscuros y complejos compositivamente de la década del  90, hasta los más recientes e impecables de la era Nuclear Blast. El setlist elegido osciló entre los dos extremos de su carrera: los primeros y los últimos años (85-91 y 2010-2019), y, como venían haciendo en su última gira europea abrieron con “Mean, Green, Killing Machine”, de “The Grinding Wheel” (2017) seguido de “Rotten to the Core” de “Feel The Fire” (1985) y para ese momento, a pesar de los problemas con el sonido, ya tenían a la gente en el bolsillo.  Fue un temón tras otro y varios quedaron afuera, pero el setlist dejó a todos contentos, la seguidilla “Hello From the Gutter”, “In Union We Stand” y “Coma”, en esa noche de calor, hizo que más de uno tuviera que salir un rato del pogo para recuperar el aliento. Después de “Wrecking Crew” se improvisó un solo de batería debido a que Linsk experimentó varios problemas con su instrumento pero luego todo se encaminó para el estreno, tocándolo por primera vez en vivo, del corte de difusión del venidero “Wings of War”, “Head of a Pin”.  El cierre y los bises tampoco dieron tregua, pues volvieron al escenario para detonar a la concurrencia con “Elimination”,  y los covers “Fuck You” de The Subhumans, “Sonic Reducer” de Dead Boys y nuevamente, retomaron “Fuck You” para finalizar una noche tremendamente eléctrica y muy arriba.

Si no fuera porque Overkill es una banda a la que le sobran grandes canciones y una fuerza demoledora, este show hubiera pasado sin pena ni gloria. Los problemas de sonido fueron muchísimos, manteniéndose como una constante la indefinición de las líneas agudas y la saturación de los graves. Pero la fuerza en el escenario de esas legendarias composiciones sumadas al carisma de Bobby Blitz hicieron del evento algo especial para quienes estábamos asistiendo. Fue una noche sin descanso tanto arriba como abajo del escenario, el público no paro de agitar, cantar, poguear y hacer mosh en toda la noche. Esa necesidad de compartir esa pasión, esos gritos desgarradores y riffs potentes, ese plantarse de cara a la realidad y decirle que estamos podridos pero unidos, más allá de la adversidad, es lo que quedará en nuestros thrasheros corazones.

 

 

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