Con Alfredo Nieves Molina: “El contexto político se introdujo en el rock de México a partir de la irrupción del Zapatismo”

Entrevistas
Con Alfredo Nieves Molina: “El contexto político se introdujo en el rock de México a partir de la irrupción del Zapatismo”
Texto: Emiliano Scaricaciottoli. Edición: Carlos Noro | Fotos: Emiliano Scaricaciottoli en el contexto de su viaje a México y su participación en las Jornadas Sobre Heavy Metal

En México, la escena metalera está caliente. El Seminario Permanente de Estudios sobre Heavy Metal que dirige el etnomusicólogo de la UNAM, Alfredo Nieves Molina, está revolucionando el vínculo entre los actores de una escena metalera que apuesta a una nueva cultura metálica. Su Seminario y el Diplomado de Antropología de la Música representan el faro y la dirección que debieran tomar las direcciones universitarias latinoamericanas respecto de aquellos movimientos comúnmente marginados por el canon académico. ¿Cuál es el alcance de este movimiento, con una pata en la universidad y otra en la calle, y cómo se articula con los otros actores que estudian e intervienen en el metal a escala continental? Estas son algunas de las preguntas que surgen a partir de entender como es el origen del heavy metal mexicano y su impacto actual en una escena en permanente crecimiento.

¿Cómo se formó el Seminario Permanente de estudios sobre Heavy Metal en la UNAM?

ANM: Fue una convergencia en un ciclo de conferencias de rock titulada “La estirpe olvidada”, convocada por la Fonoteca de Instituto de Antropología e Historia; nos presentamos tres amistades con conferencias relacionadas al metal, planteamos la posibilidad de hacer una actividad académica. En ese entonces estaba realizando una investigación sobre el grupo Brujería y trabajando con Pinche Peach, uno de sus integrantes. Brujería venía a a dar un concierto en México, le pedí a Peach que fuera nuestro invitado para anunciar el seminario, y así iniciamos, la presentación en la Facultad de Música de la UNAM, dimos a conocer cuál era nuestra postura y necesidad de realizar este seminario. Ahí inició todo.

¿Por qué el INAH y la UNAM apoyan estos proyectos? ¿Considerás que hay un real interés de parte dela universidad en estudiar el Metal como un campo epistémico o cierta tentación hacia lo freak o exótico?

ANM: Son apoyos desde ciertos actores institucionales clave, receptivos y abiertos con la propuesta, sin ellos, las cosas hubieran sido más difíciles. La academia es reticente a estos temas, pero este conservadurismo y cerrazón es ya insostenible y se cae a gajos. Hacer el seminario me costó mi puesto administrativo-académico en la Facultad de Música de la UNAM, más allá del contexto político que se gestó mi salida, a la academia le preocupó la palabra “permanente” del seminario y lo dejaron plasmado en redes sociales. No bajamos los brazos y continuamos; contamos con dos figuras institucionales que nos apoyaron para la continuidad del seminario después de la presentación y mi salida de la Facultad de Música, Benjamín Muratalla, sub-director de la Fonoteca del INAH, que apostó por el apoyo del seminario y con cierto riesgo, pues el trabajo de INAH en relación a la investigación musical es por tradición con la música folklórica. Y por otro lado, el apoyo de Rafael Pérez-Taylor, director del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM, ha defendido y comprometido con la continuidad y creación de nuevas propuestas, pues se da cuenta que es un espacio necesario en la UNAM que no se había propiciado. Es de notarse que sea el campo de la antropología el que ha abierto las puertas, y el de música el que lo haya cerrado; afortunadamente, la Facultad de Artes y Diseño de la UNAM está interesada en el proyecto a través de Judith Peña y Rubén Cerrillo, buscan dar amplitud a las expresiones artísticas desde un posicionamiento político-creativo y expandir el marco de acción de sus estudiantes, extraordinario.

¿Qué momento atraviesa el metal en México? ¿Cómo caracterizarías a la escena local?

ANM: La escena local está pasando por un momento clave, los grupos están aplicando estrategias desde la gestión y autogestión para sus proyectos. En el 2018 hubo una producción superior a los cuatrocientos discos. Lo más importante, es que las bandas y el público mexicano están creyendo en su propia escena; cada vez más bandas mexicanas participan en festivales de Europa. Es importante mencionar que durante muchos años el papel que jugaron las bandas locales fue de teloneros de bandas estadounidenses y europeas, aunado a los prejuicios de los fans. Un paso importante es la participación paulatina de las empresas de entretenimiento e industrias culturales que genera un cambio en la producción de los eventos, el posicionamiento y presencia de las bandas mexicanas. Falta mucho por hacer, pero hay avances.

¿Existe en México, como en Argentina, un metal de inflexión nacional o nacionalista? ¿Qué bandas están hoy en día conformando la escena y en qué circuitos se construyen?

ANM: No. A diferencia de lo que hemos podido aprender del metal y rock argentino a través de ustedes, Emiliano, del GIIHMA y la Universidad de Buenos Aires, y otro académico de México, que ha develado el discurso político del rock español y argentino, tanto en el Diplomado de Culturas del Rock y el Seminario de Metal, hemos analizado el ausencia y presencia de un contenido político y comprometido con causa social en nuestro metal. México no estuvo ausente de los escenarios de represión y dominación por una clase política que aplastó los derechos y espacios de comunicación entre la sociedad mexicana. Después del movimiento estudiantil de 1968 y la matanza de estudiantes por parte del gobierno, el Estado estuvo en años posteriores vigilando cualquier manifestación que congregara a jóvenes; los eventos del “halconazo” del año 71, y principalmente, el concierto de Rock en Avándaro, marcaron un antes y un después para nuestras músicas. El gobierno no esperaba tal congregación de gente en Avándaro, más de 200 mil personas que viajaron para escuchar rock y manifestarse libremente, colapsaron los caminos, saturaron vías de acceso y salida, era el espíritu de “Woodstock” en México, que los medios de comunicación trataron de replicar en el país. El gobierno tuvo miedo de otro 68, así que se encargaron de sistemáticamente liquidar cualquier manifestación del rock que congregara gente. Se cerraron los cafés cantantes, hubo persecuciones, los llamados “apañones” (sic), se encarcelaron músicos, se vetaron todo tipo de espacios para la difusión de esta música, sea por radio, cine o televisión; y se intensificaron otros mecanismos de control como el futbol, la televisión y programas como el OTI, los grandes medios servían al estado, tuvimos dos mundiales de futbol. Eso, acabó con el rock en México, hasta inicios de los 80s, no hay conexión entre el rock chicano de Avándaro y el rock de los ochentas. Uno de los mejores conocedores de metal nacional, Joel Morales, conocedor de la escena centroamericana, coincide en estos puntos, tuvimos una supuesta “democracia” que tenía controlada a la sociedad, muy pasiva, fácil de manipular. El metal estadounidense entró directo a nuestro país por nuestras fronteras, y este modelo, primero desde el glam y luego por el thrash metal, tuvo un influencia en el imaginario de los metaleros mexicanos, reproduciendo la estética lírica, de vestimenta y sonora de la producción californiana. El contexto político se introdujo en el rock de México a partir de la irrupción del zapatismo en el 94, la lírica de los contextos de la guerra y problemática social de Chiapas tuvo un impacto de conciencia en estas generaciones, pero muy poco en el metal, específicamente con Brujería, que es una banda de mexicanos nacidos en Estados Unidos o que viajaron a ese país desde su infancia, y la realidad del zapatismo está plasmada en el disco “Raza Odiada”. Es hasta este tiempo que la diversidad de grupos ofrece una multiplicidad de temas y puede rastrearse una línea política de problemas específicos y locales, pero no es la temática dominante.

 

Contanos sobre la experiencia en Guanajuato y Jaén en 2018 y, recientemente, en Ciudad Juárez.

ANM: La primer propuesta vino de la Universidad de Guanajuato, la experiencia y diálogo fue extraordinaria, llegaron más de 45 propuestas de ponencia, fue más de lo que esperábamos, pero lo mejor fue la calidad y madurez de los trabajos presentados por los jóvenes guanajuatenses y de otras partes del país,  una de las gratas experiencias de esta jornada fue conocer a Mario Castañeda, de la Universidad de San Carlos, Guatemala, entablamos comunicación y se presentó en el Seminario de la Ciudad de México y la jornada de Guanajuato. De esta primera jornada emanará nuestro primero libro del Seminario y los diálogos que se construyeron. Cerrando Guanajuato vino inmediatamente el Rock & Metal Encounter, en la Universidad de Jaén, España, gracias a la invitación de Susana González, creadora de este espacio que tiene la particularidad de ser un día de jornada académica, y otro día de jornada lúdica, como ella le llama, es un día de concierto con las presentaciones de bandas locales de Jaén, Madrid y Barcelona. Para marzo 2019 convocamos una jornada académica por invitación de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, una oportunidad única, pues Juárez fue una de las escenas locales pioneras para el metal de México, dada su colindancia con El Paso, Texas, era necesario estar presente en Juárez y escuchar lo que la gente tenía que decir sobre metal; el contexto de violencia y la etiqueta de que Juárez fue y es una de las ciudades más violentas del mundo, hizo que se reflexionara en cuanto a las posibilidades de realizar la jornada académica. La jornada se realizó, y llegó gente de la Ciudad de México, pero también de Toluca, de Chihuahua, León Guanajuato, Tijuana, Chiapas, Veracruz, y por supuesto Mario Castañeda de Guatemala y el GIIHMA de Argentina. Juárez fue maravilloso, por lo aprendido y los lazos que se crearon.

¿Hacia dónde está yendo tu investigación en el campo del metal como etnomusicólogo? Nos interesa saber qué lectura hacés de los estudios sobre Heavy Metal en Latinoamérica, ya que en los últimos años han proliferado distintos espacios académicos formales y no formales que tratan la temática.

Mi investigación está en la corporalidad metalera como medio de expresión y visibilización política dentro del espacio público y privado, la iconografía metalera mexicana y el desarrollo de una serie de cinco documentales. Hay bastante trabajo. Sobre los estudios de Heavy Metal en otras latitudes de Latinoamérica, veo con mucho interés y asombroso lo que se sucede ahora y de tiempo atrás. el GIIHMA en Argentina; el libro de Maximiliano Sánchez en Chile; el libro de la escena metalera peruana de Juan Ignacio López Ramírez y Guiseppe Risica; los documentales y artículos de Nelson Varas-Díaz; el esfuerzo e investigación de Mario Castañeda en Guatemala con el Internal Circle;  Miriela Fernández y su estudio del metal cubano y nosotros en México con el seminario y diplomado, es decir, se está conformando un posicionamiento de la investigación y estudio de América Latina donde lo más trascendente es que tenemos contacto e intercambio de ideas, de nuestras realidades, y de cómo nos hemos construido como cultura metalera en nuestros espacios, y con la sensibilidad de entendernos desde dentro y fuera. Esto debe desembocar en un proyecto más amplio que arroje nuevos posicionamientos, nuevos discursos, que construya puentes entre nuestras diversas culturas metaleras.

¿Qué opinás de la frase o de la vulgata que sostiene que el metal "ha muerto"? ¿Considerás que hay un efecto nostálgico de parte de algunas bandas o del movimiento en sí?

No pienso que exista tal cosa. Va mutando, cambiando, adaptándose. El cambio en el discurso y forma es necesario para seguir vivo y poder crear nuevos discursos que se articulen con lo el contexto actual y las nuevas generaciones. Se construye un canon de lo que pensamos que es verdadero y único por qué es lo que nos toca vivir y escuchar, ¡pero no es lo único! Eso es un egoísmo que creamos para defender lo que nos representa en espacio y tiempo. La opción es aprender a escuchar las nuevas formar de hacer metal y entender esas diferencias.

 

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