Meshuggah junto a Avernal en el Teatro Flores: Más allá de la razón

Crónicas
Meshuggah junto a Avernal en el Teatro Flores: Más allá de la razón
Texto: Carlos Noro | Fotos: Seba Delacruz

Los suecos volvieron a presentar su propuesta arrolladora junto a los legendarios Avernal que ya promedian los 25 años de carrera.

Avernal fue la encargada de abrir la noche y la elección fue un gran acierto. No descubrimos nada si decimos que los de Quilmes son la gran referencia en cuanto a metal extremo en nuestro país. Las cinco canciones que sonaron durante la noche “Mediador”, “Habitante de cadáveres”, “La espada sin cabeza”, “Catalepsia” y “La tormenta después de la calma” se ocuparon perfectamente de confirmarlo. Con un sonido, crudo, extremo y brutal fue interesante percibir como “Habitantes…” y “Catalepsia” fueron capaces de transmitir la faceta más extrema, mientras que “La espada…” dejó en claro que el grupo no le escapa a la melodía siempre dentro de los carriles del desenfreno. En el medio, la fiereza cuasi hardcore de la voz de Cristian Rodriguez y la solidez cuasi orgánica del grupo (discutiendo la idea de que la música extrema en su faceta más técnica debe sonar digital y comprimida) generaron un ambiente tan brutal que muchos se quedaron esperando a que siguieran recorriendo su historia. Seguramente habrá otras oportunidades.

De Suecia con amor

Si Avernal había desatado un vendaval extremo, la mejor medida parecía ser calmar el agua. Lo que nadie podía esperar es escuchar las baladas más clásicas de los ochentas y desencadenar lo que ya había sucedido en el Hellfest con el show de Foreigner que pueden ver acá abajo). ¿Los metaleros no son románticos? Entonces no estuvieron en la noche de Flores.

A la hora de que Meshuggah suba al escenario el Teatro lucía con una interesante capacidad, por lo que la primera conclusión es que la promoción de dos por uno puesta en funcionamiento los últimos días, fue efectiva para captar a aquellos que no habían tomado la decisión por motivos económicos.

Cierto es también que la propuesta de Meshuggah, no es para cualquiera. Tan críptica como desafiante, su música parece cobrar una brutalidad inusitada gracias al funcionamiento maquinal que propone cada uno de los integrantes sin por ello aburrir con su impronta. Por el contrario, a lo largo de un poco más de una hora de show, los suecos son capaces de mostrar su propuesta tecnológica, futurista y distópica sin por ello sonar repetitivos. Apabullante sería el mejor adjetivo para enunciar lo que sucede en el escenario, algo que evidentemente está dentro desde sus cimientos.

Como en las dos visitas anteriores, las iluminación desde el escenario tuvo un papel crucial a la hora de marcar el pulso de las canciones. A esta altura es legendaria la participación del iluminador Edvard Hansson como un integrante más de la banda y su presencia es imprescindible. En este sentido es interesantísimo como desde el comienzo con “Pravus” y “Born in Dissonance” las luces parecen seguir el pulso de los riffs entrecortados, el repiqueteo del doble bombo o algún arreglo matemático. En cada caso hay un relato lumínico de lo que sucede dando sentido a lo que suena y generando una interesante amalgama: uno puede quedarse con la música, con las luces o con la interacción entre ambos. El resultado es un interesante viaje que va más allá de lo racional y lo consciente.

No es casual entonces que el último disco de los escandinavos tenga como nombre “The Violent Sleep Of Reason” inspirado en un cuadro del pintor español Francisco Goya llamado “El sueño de la razón produce monstruos. Cada quien en la banda aporta su impronta para denunciar a la razón dormida y abrir el paso hacia lo inconsciente. En este sentido Tomas Haake en la batería y  Dick Lövgren en el bajo, funcionan como una pared impenetrable que  es capaz de generar atmósferas propias. Es claro que los arreglos percusivos sostienen muchas de las canciones e incluso marcan el pulso. La propuesta lumínica hace el resto, permitiendo evidenciar lo que sucede en el escenario. Las guitarras densas, pesadas y de afinaciones bajas de Mårten Hagström y Per Nilsson se reparten en protagonismo con maestría. Si una se une a las bases, la otra dibuja melodías. Si una toma por asalto las partes más brutales de la canción, la otra se suma para sumarle más densidad. Así en cada momento se percibe el aporte milimétrico de cada quien, al punto que es difícil pensar a la banda sin su complementariedad sonora. Jens Kidman tiene la difícil tarea de ser la voz cantante en una banda donde la faceta instrumental tiene gran protagonismo. Lo logra con una postura agresiva y desafiante que especialmente en las canciones de “The Violent…” (“Violent Sleep of Reason”, “Clockworks” a la que se suma “Born in Dissonance” que mencionamos al principio) termina por generar una atmósfera brutalmente humana. Por eso sus gestos terminan por invitar al público a salir del bien entendido letargo hipnótico y sonoro que proponen las canciones y ensayar algún pogo tan espástico y caótico como las canciones.

En este contexto, el cierre con “Bleed” y “Demiurge” (algo así como lo más cercano a un hit que tiene la banda) fue el punto final para un show donde jamás decayó la intensidad y la adrenalina. La sensación es que Meshuggah con su música densa, pesada, intrincada y ominosa tal vez abra el camino hacia un estado que va más allá del inconsciente. La razón está dormida y los suecos buscan despertarla. Tal vez algún día lo logren.

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