Avantasia en Flores: Un show infrecuente

Crónicas
Avantasia en Flores: Un show infrecuente
Texto: Carlos Noro | Fotos: Facebook Avantasia

La sínfonica fantática de Sammet volvió a contar sus historias.

Allá por el 2000 un veinteañero llamado Tobias Sammet imaginó un proyecto propio llamado Avantasia (un neologismo que mezcla Avalón y Fantasía) con la idea de realizar una ópera rock con invitados de todos los colores posibles. Pasó el tiempo, el proyecto fue creciendo y la calidad de los invitados también. Un hito importante fue la presencia de Michael Kiske (muchos dicen que este fue el puntapié para su vuelta al power metal y la reunión de Helloween) y más tarde el aporte de figuras como Eric Singer (Kiss), Alice Cooper, Rudolf Schenker (Scorpions), Kai Hansen, Joe Lynn Turner (Rainbow, Deep Purple), Byff Byford (Saxon) o Dee Snider por citar algunas de las eclécticas figuras que fueron de la partida.

Es claro que a lo largo del tiempo Sammet ha ido puliendo su propuesta y la ha transformado en su proyectos principal (su banda original Edguy hoy parece tener un papel secundario) y eso ha hecho necesario que conforme una estructura sonora que sostenga con fuerza y contundencia el ir y venir de invitados.  Esa  estructura está constituida sin lugar a dudas por la presencia clave de Sascha Paeth (ex Heavens Gate y con una impecable labor como productor de varios de los discos clásicos del power metal), el baterista Felix Bohnke  (también integrante de Edguy), el guitarrista y vocalista Oliver Hartmann (ex At Vance y con una interesante carrera solista) y Michael «Miro» Rodenberg (también productor y colaborador de bandas de clásicas del estilo). A ellos se les sumaron los aportes no menores en coros y por momentos voces principales, del vocalista Herbie Langhans y en especial de la vocalista Adrienne Cowan de intensa labor durante toda la noche.

“You Shook Me All Night Long de AC DC y la “sinfonía No. 9, Op. 125” (Himno a la alegría) de Beethoven sirvieron de introducción al show y no fue casual. Si uno tuviera que definir lo que sucedió en la ¡tres horas cuarenta! que duró el show tranquilamente se podría mencionar una mixtura perfecta entre lo rockero, lo fiestero, lo dramático, lo solemne, lo sinfónico y por supuesto lo alegre. Por todos esos estados pasan músicos y público casi sin descanso, en una montaña rusa de sensaciones que parece no tener fin

El comienzo de la noche con “Ghost in the Moon” intentó ser potente e intenso pero encontró rápidamente un obstáculo sonoro. Contrario a lo que uno podía esperar, el sonido no era todo lo claro y cristalino necesario para que los matices de la canciones cobraran vida. Rápidamente esto que parecía solo percibirse debajo del escenario se trasladó a los músicos y generó el primer incidente sonoro de la noche. Con el primer invitado de la noche Ronnie Atkins de los legendarios Pretty Maids en escena, el mismo Tobias ofuscado hizo parar “Starlight” por un problema en su retorno que no le permitía escucharse como era debido. Mientras que en el escenario los problemas de sonido acompañarían la noche, generando risueñas y graciosas ironías por parte de Tobias a lo largo de las canciones e incluso mostrando un nuevo problema de micrófono de Atkins casi al final del show en la dramática “Let the Storm Descend Upon You”, a medida que fueron pasando las canciones, el sonido  hacia afuera fue mejorando llegando al punto que si uno subía al primer piso a ver al grupo desde arriba, la nitidez y la potencia eran perfectas.

Con todo el grupo  de nuevo sobre el escenario, con una semi disculpa de Tobias “Esto de recién no fue profesional pero no estamos para ser profesionales, sino para entretenerlos” y con un sonido que como dijimos se fue acomodando rápidamente; Atkins aportó su aguerrida y hard rockera voz para una gran versión de  “Book of Shallows” donde Adrienne Cowan, hizo las veces de  Mille Petrozza de Kreator (invitado en el disco) y sorprendió con su capacidad para ponerse al hombro los segmentos más aguerridos de la noche, algo que se repetiría en varios momentos del set.

Desde la comodidad de su lugar de maestro de ceremonias y protagonista de la noche (una de las virtudes que tiene Avantasia es que no depende de los invitados sino que potencia las virtudes de las personas a quienes invita) Tobias fue haciendo pasar a cada uno de los copartícipes, brindando la presentación correspondiente y dándole lugar a su despliegue. El caso del noruego Jorn Lande fue especial, principalmente porque era su cumpleaños lo que generó el canto generalizado no bien apareció. Su interpretación de “The Raven Child” (para la que Sammet relató el tire y afloje con el sello para elegirla como single teniendo en cuenta que es una canción de doce minutos) y de la balada “Lucifer” estuvo a la altura de las circunstancias de alguien con una caudal vocal impresionante. Con una postura entre tranquila y tímida (aunque sorprendentemente esta vez hizo un par de chistes) se ganó varios de los grandes aplausos de la noche que se repetirían en “The Scarecrow” solo por citar algunas de sus intervenciones que recordaron al Dio más potente y agresivo.

En la seguidilla de invitados, la llegada de Geoff Tate (presentado por Tobias como uno de sus grandes referentes) era de las más esperadas. El ex Queensryche ahora en Operation Mindcrime trajo su voz dramática y teatral a dos grandes versiones de “Alchemy’ e “Invincible” con una notable calidad de interpretación. Más tarde haría lo mismo pero para una gran y melódica versión de “Avantasia” en la que el dúo con Tobias sería demoledor. En este punto es bueno aclarar que la participación de Tobias en el aspecto vocal de las canciones no pasó de ninguna manera desapercibida. Si podemos mencionar una virtud para el pequeño alemán, más allá de su caradurez y elocuencia, es su capacidad para sostener la potencia vocal e interactuar junto a un conjunto de invitados que exijan versatilidad, concentración y entrega. En ningún momento su voz funciona de relleno, por el contrario es protagonista, apuntala cuando es necesario y potencia virtudes cuando es preciso.

Tal vez mucho de esto que decimos  se puso de manifiesto con “Reach Out for the Light” en donde tuvo que llegar a su tono más alto junto a un Oliver Hartmann que hizo con soltura las veces de Michael Kiske. Luego la interacción vino con Adriene Cowan en “Moonglow” quien en este punto del show dejó de ser sorpresa para convertirse en una certeza: cada una de sus intervenciones funcionó para darle color a las canciones o para subirle su intensidad. Gran decisión que sea parte de una banda, que desde lo instrumental siempre sonó cercana a la perfección.

Si a esta altura el show venía subiendo en intensidad, la presencia del actual Mr. Big, Eric Martin terminó de darle soltura y diversión. Con su habitual desparpajo y actitud canchera la primera canción que lo convocó fue “Maniac” el super éxito de la película Flashdance a la que Sammet se encargó de presentar como una forma de romper con los prejuicios del heavy metal. El resultado fue el disfrute total en uno de los momentos más bizarros y divertidos de la noche porque banda y público entendieron el chiste, lo que no es poco en los tiempos que corren. “Dying for an Angel” y “The Story Ain’t Over” fueron las canciones donde el vocalista dejó ver su oficio y su capacidad interpretativa incluso ejecutando melodías vocales muchos más pesadas en comparación a lo realizado en Mr. Big o sus intentos solistas. Otra gran decisión su incorporación.

A partir de este momento en donde todos los invitados habían sido presentados con una estructura muy simple en la que la primera canción que cantaron fue compartida junto a Tobias y toda la banda, mientras que la siguiente les permitió ser la voz principal, la última parte del show permitió la combinación de bandas e invitados entre sí. Entonces, entre otras canciones brillaron “Promise Land”, gracias al contraste entre la voz melódica de Eric Martin y el carácter agresivo de la vos de Lande, “Twisted Mind” con una increíble interpretación del dio Martin – Tate, siempre secundados por las voces de Tobias (entrando y saliendo para descansar en distintos momentos de las canciones y los aportes del resto de la banda). Precisamente la banda “estable” tuvo su momento de lucimiento en “Shelter from the Rain” en donde Herbie Langhans, Oliver Hartmann y Adrienne Cowan se turnaron para dar cuenta de que están a nivel de cualquiera de los vocalistas que escuchamos durante la noche. Más tarde a la hora de los bises, Adrienne terminó de confirmar con una bella interpretación de la épica “Farewell” que su noche había sido perfecta, al punto de quemuchos de los aplausos de la noche entre tanta figura conocida fueron para ella.

Todos los participantes de la noche sobre el escenario para un festivo cierre de la mano de “Sign of the Cross / The Seven Angels” que fue le broche de oro para una noche infrecuente, por la buena onda en escena, porque a pesar de los problemas técnicos el show fue impecable y porque fueron más de tres horas de show donde lo único que hicimos fue entretenernos sin importarnos qué pasa allí afuera. Gran visita. Que vuelvan.