Acorazado Potemkin y Fernández Fierro en el Teatro Xirgu UNTREF: Un mismo lenguaje

Crónicas
Acorazado Potemkin y Fernández Fierro en el Teatro Xirgu UNTREF: Un mismo lenguaje
Texto: Carlos Noro | Fotos: Chechu Dalla Cia

En tiempos donde el valor de la palabra se pone en duda Acorazado Potemkin y Fernández Fierro se ubican en la vereda opuesta. Por eso la afirmación de Juan Pablo Fernández al principio del show de los primeros “En algo nos parecemos con la Fierro” tenga una respuesta clara: tanto unos como otros, comparten un mismo lenguaje, se entremezclan, se buscan y se encuentran. De eso trató este show que calentó la fría noche porteña.

El inicio fue para Fernández Fierro, una orquesta de trece músicos que presenta la sonoridad del tango pero de alguna manera es una cita permanente a otros estilos. Por eso no es casual que alguien por ahí diga “Esta es música pesada, no tiene distorsión pero suena rockera” mientras alguien asiente. Lo cierto es que los recovecos que proponen tienen infinidad de referencias tanto para los que no tienen el oído tanguero bien entrenado, como para los que los tienen. Tanto unos como otros disfrutan de lo que sucede con una curiosa similitud no apta para puristas.

A lo largo de una hora de show la orquesta fue capaz de transitar distintos estados muy bien definidos por el isotipo que la define, una vitrola que despide fuego. En vivo cada quien está encendido y aporta cooperativamente para que lo que tiene que suceder suceda. Entonces uno puede quedarse varios minutos observando como los bandoneones se retuercen para sacar su sonido, posar la vista en el piano sosteniendo ciertas atmósferas o encontrarse con la vibración de las cuerdas que transforman cada canción en un magma denso, oscuro, intenso y pesado. “Infierno porteño” fue la síntesis perfecta de esta impronta instrumental de la que hablamos, con una adrenalina y una intensidad impecables.

Si mencionamos aspecto lírico, la figura de Natalia Lago encargada de las voces, brilló con soltura y potenció cada uno de los momentos donde el decir musical cobró fuerza. “Subrealidad”, la primera canción del último disco de la agrupación “Ahora y Siempre” fue una descarnada pintura del submundo porteño. “Milonguética”, cantada con ímpetu rockero fue otro momento intenso y “6:25” presentada con un oscuro sentido del humor por el contrabajista y director de la orquesta Yuri Venturin (“Nos dijeron que esa la hora en que la gente va a trabajar”), fue una intensa descripción de la alienación del trabajador porteño entre otros momentos donde la voz femenina se sintió con potencia, generando un clima intenso, crudo y profundo con una impronta profundamente actual. Más tarde vino la despedida, en un show que dejó la sensación de ser corto por el nivel de intensidad que manejó, algo que Acorazado Potemkin potenciaría sin ningún tipo de problemas.

No es descabellado decir que desde el minuto cero Acorazado puso en el escenario su mejor versión. Visiblemente contentos por haber agotado las localidades (algo para nada menor en los tiempos que corren) el show arrancó con los agradecimientos al equipo de trabajo y con los acordes de “Algo” un guiño en eso de parecerse a F.F. “En algo vos y yo nos parecemos/andar buscando revancha” fue gritado a viva voz, como una especie de encuentro de dos propuestas que son capaces de decir las mismas cosas de diferente manera.

Con un sonido perfecto, una virtud Mariano “Manza” Esaín  quién se encargó de las perillas, el transcurrir del show fue trabajando los contrastes de manera impecable sin perder en ningún la intensidad sonora. En este sentido la seguidilla constituida por “Las Cajas”, “Santo Tomé”,  “El Rosarino” y “Mundo Lego” fue de lo mejor de la noche porque dejó en claro los distintos estados que puede transitar el trío tanto desde lo lírico como desde lo melódico. Si la primera fue un relato épico de la despedida que tranquilamente puede relacionarse con la última, la segunda y la tercera construyeron historias urbanas y suburbanas que a esta altura son parte identitaria del trío.

Desde lo musical también estas canciones sirvieron para dar cuenta  del encuentro de tres mundos musicales que muestra el trío. Así como “Lulo” Esaín detrás de los parches aportó la intensidad rockera ¿O punk? que hizo que las canciones exploten, Juan Pablo fue el encargado de jugar con los sonidos, mientras que Federico Ghazarossian aportó melodía y firmeza detrás del bajo. En esa interacción se sostuvo en un show que incluso en dos nuevas canciones que presentaron “Una oración” (impregnada de melancolía post punk) y “La encandilada” (con una impronta de pop cancionero) no perdió intensidad lo que fue una prueba concreta de que el trío está en uno de sus mejores momentos musicales.

El cierre con la acostumbrada “El Pan del Facho” (antes de que todo el teatro se uniera para putear al grito de MMLPQTP) dejó en claro que todo había terminado y que las voces son una sola. Algunas desde el tango y otras desde el rock, F.F. y A.P. son capaces de decir y pintar el sentir de una generación. Seguramente seguirán encontrándose.

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