Con Claudio Kleiman: “Dialogar con los sesentas y setentas es garantía de permanencia”

Entrevistas
Con Claudio Kleiman: “Dialogar con los sesentas y setentas es garantía de permanencia”
Texto: Carlos Noro | Fotos: Foto Prensa Claudio Kleiman

Pionero del periodismo musical argentino (fue uno de los integrantes de la histórica Expreso Imaginario y aún hoy sigue escribiendo en varios medios) siempre mantuvo de manera paralela las ganas de hacer su propia música que lo llevó a participaciones junto a distintos artistas e incluso a una fugaz presencia en una de las primeras formaciones de Los Redondos. Hoy, luego de más de cuarenta años del inicio de Expreso Imaginario tiene en la calle su propio disco convenientemente titulado “Era Hora” con invitados como Gustavo Santaolalla, León Gieco, Claudio Gabis, Ricardo Mollo, Diego Arnedo, Rodolfo García, Ciro Fogliatta, Javier Casalla, Claudia Puyó, Juan Carlos Tordó, Claudio Cannavo, Gabriel “Conejo” Jolivet, Roy Quiroga, Pablo Memi, Fernando Blanco, Lucrecia López Sanz, Jorge Senno, Pablo Hadida y la banda Mancha de Rolando, entre otros en lo que es un verdadero seleccionado para que este sueño de Claudio se haya hecho realidad. Aquí un recorrido por lo que implica concretar la propia obra después de tantos años.

¿De qué “Era hora”?

De publicar al fin el disco, principalmente porque se demoró muchísimo en todos los sentidos. Desde que decidí hacerlo, hasta grabarlo y editarlo pasaron varios años por un montón de motivos que no vienen al caso pero se relacionan al paso del tiempo y a las ocupaciones cotidianas. Yo venía con un recorrido en la música, tocando en discos de otros  participando en discos de otros músicos entre otras cosas, hasta que finalmente se dio esto de editar mi material propio, algo que quería lograr más allá de que disfrutaba y disfruto siendo parte de otros proyectos. El título es una especie de joda a mí mismo, anticipándome a lo que me iban a decir, pero también se le puede encontrar otras acepciones como por ejemplo “Era Ahora”. Tiene una cosa de tiempo presente que también me gusta mucho porque es cierta también.

Me imagino que todo este tiempo que se hizo tan largo te habrá planteado una especie de dilema a la hora de elegir las canciones para el disco ¿Cómo fue el proceso de elegir el repertorio?

Quería dos cosas aparentemente contradictorias pero que en definitiva no lo son. Por un lado que el disco tenga cierta unidad estilística porque lo que suele pasar cuando uno se demora tanto en hacer un disco, viene componiendo y haciendo temas es que quiera meter todo en el álbum y termine siendo un cambalache. Eso es un problema porque no se sostiene como disco y yo particularmente estoy acostumbrado a los discos que se sostienen como una unidad. Por eso también hay una especie de guiño en el orden de los temas como lado a y lado b. Eso es parte de la coherencia que buscaba. Entonces, fui seleccionando un repertorio que pudiera mantenerse en una especie de coherencia que transite entre el blues, el rock, folk rock y rhythm blues. Básicamente me centré en esas coordenadas con una impronta referida a la música de acá. Lo otro y acá está la posible contradicción es que quería que las canciones fueran diferentes entre sí. Quería que no apareciera algo que algunos artistas para mi sufren que denomino el autoplagio, que son temas que se parecen a otros que ya hiciste o son canciones que incluso en un mismo disco tienen sonidos muy similares. Lo bueno es que cada tema tiene su valor, no hay rellenos. Esa fue la idea para seleccionar el repertorio.

Escuchando el disco uno puede identificar ciertos “diálogos” con canciones históricas del rock nacional y con la tradición del rock de los sesentas y setentas. Uno podría pensar en “Para dejar la ciudad” y enseguida imaginarse “Una casa con diez pinos” de Manal. Incluso cuando uno va recorriendo el disco aparece la ciudad como un tema recurrente, algo frecuente también en las líricas del primer rock nacional.

Están las dos cosas que decís. Por un lado soy un bicho urbano ya que nací en Buenos Aires y ese es el paisaje que me modela. Por otro lado creo que todos los porteños que hemos vivido diferentes épocas tenemos una relación de amor odio con la ciudad. La amamos pero también es un lugar con mucha tensión, con mucha exigencia, con mucho peligro. Entonces soy una especie de ser urbano pero medio country. Siempre me gustó la idea del campo, de la naturaleza, me siento a gusto cuando estoy en un paisaje más rural que urbano. Entonces siempre está esa cosa de amor a la ciudad pero al mismo tiempo esconde ganas de rajarse de ella algo que está reflejado en muchas canciones del primer rock argentino. En este sentido me siento como un continuador de esa línea del primer rock argentino con el que me formé y que siempre digo que puso un piso muy alto para todo lo que vino después, principalmente porque tenía mucha identidad, hacía una música muy propia y con mucho nivel poético. Me gusta recuperar eso.

 

En este contexto ¿Cómo fuiste construyendo tu propia lírica?

Está la idea de contar lo qué me pasa que no necesariamente tiene que ser lo que me pasa a mí, puede ser lo que le pasa a la gente que está a tu alrededor, lo que deja una impresión lo suficientemente fuerte para impulsarte a vos a componer algo. Eso incluye todo, incluso la descripción del paisaje con el hombre adentro. Por esos andariveles aparece la composición.

Pienso en lo que contás y tu labor como periodista en donde hay un sujeto de la enunciación que construye la realidad ¿Es un poco inevitable para vos pararte desde ese lugar?

El que escribe es la misma persona por lo que sería absurdo separarlos. Sin embargo creo que vienen de distintos lugares. El periodismo es para mí como un oficio dicho con el máximo de los respetos aunque mucha gente haya elevado al periodismo a la categoría de literatura y por lo tanto a la de arte. Yo creo que la creación viene desde otro lugar, un lugar donde se genera el arte que a su vez es un sitio más instintivo. En esos momentos vos tratas de dejarte llevar por la inspiración e intentás que la cabeza entre lo menos posible. En este sentido, el proceso de composición de las letras para canciones es muy especial. Busco la musicalidad de lo que se canta. Tiene que sonar lo que decís. Eso es hiper importante porque logra la fluidez entre la letra y la música, hace que una canción sea canción y que se diferencie de la poesía por ejemplo. Eso es lo que busco.

Otra cosa que tiene el disco es que cantás letras que no son tuyas ¿Cómo  llego a vos “Los Pájaros en los árboles al Lado de las Vías Cerca de la Estación Lisandro de la Torre” con letra de Pipo Lernoud?

Fue medio mágico, lo que da la pauta de que la creatividad transcurre por caminos diferentes. Fui a una lectura de Pipo, este es un poema que leyó y que además tenía inédito de la época de La Cueva lo que da la pauta de que es de la década del sesenta con referencias concretas al fluir a de la conciencia. En ese momento le dije a Pipo “me gustaría ponerle música” pero no pasó más nada. Pipo se olvidó y yo medio que también hasta que finalmente luego de varios años me mandó la letra. Yo no tenía ninguna música pensada pero cuando me senté rápidamente salió. Cuando escuché el recitado pensé en la primera época de Bob Dylan relacionado a las canciones largas y narrativas. Incluso me gustó la incorrección política cuando se pone del lado de aquellos que amanecen de gira mientras otros van a trabajar. Creo que hay que tener cierta inocencia para escribir eso, hoy sería imposible porque uno y la época han cambiado.

“En el Parque Centenario” te tomas el tiempo de describir un ambiente bien identificable ¿Por qué decidiste tomar ese lugar?

La idea fue describir un universo. Es un lugar donde pasan y pasaron muchas cosas. Lo lindo que tiene la canción es que mucha gente incluye cuestiones que no están explicitas en el tema. Un poco es convertir a la ciudad en un territorio mítico sostenida en un lugar que tiene mucha historia relacionada con el rock nacional porque incluso ahí se reunían el Flaco Spinetta y otros de la mano de Miguel Grinberg. Por otro lado la canción en sí tiene un detalle muy lindo: los sonidos de fondo que ese escuchan los tomé yo mismo en el parque. La idea era reproducir en el ambiente y creo que la canción lo logra. La toco mucho en vivo y gusta mucho

“Boggard Blues” es un tema que Skay Beilinson grabó en uno de sus discos solistas ¿Cómo fue ese encuentro?

A Skay lo conozco desde hace mucho tiempo e incluso nos juntábamos a tomar algo y a tocar. En algún momento me comentó que tenía algo de música que sentía que no era como para los Redondos y me la paso. Una de esas canciones fue esta. Lo bueno es que él la toca seguido y la gente por lo tanto la identifica fácilmente. El la grabó con una acústica y voz por lo que yo decidí grabarlo con una banda completa que incluso incluyó a un grupo que se reunió que se llamaba Oveja Negra que tuvo una última grabación porque uno de los integrantes luego falleció. Eso le dio también algo especial a la canción. Me gusta como quedó la versión y la tocamos seguido.

El disco tiene varios invitados más. ¿Cómo decidiste las distintas participaciones?

Lo primero que definí fue que quería grabar en un estudio a la antigua. Esto quiere decir que quería a la banda tocando en vivo. Después quería una formación básica de dos violas bajo y batería sabiendo que si tenés una performance vibrante en el estudio, luego pueden sobregrabar como si estuvieran tocando en vivo devuelta. Como no tenía banda fija en ese momento y necesitaba que suene como una banda, decidí invitar a amigos con  los que quería tocar. Por eso use en algunos temas la base de La Mississippi (Ndr. Claudio Cannavo  en bajo Juan Carlos Tordó en batería) y en otros la base de Los Ratones (Ndr. Roy Quiroga en batería y Pablo Memi) sumando invitados y mi presencia tocando la viola. Eso me permitió tener un formato de banda que sostuviera el disco con una base sólida. Luego los invitados entraron en función de las canciones, algo que fue difícil porque muchos amigos quedaron afuera.

En alguna medida hay un gesto de época también ahí, una idea de colectivo que refiere a los sesentas y setentas sumada a temáticas, tipografías y estética que refieren a esa época ¿Es algo consciente?

No los evito pero tampoco tengo una visión retro en la que busco reproducir obsesivamente el sonido de una época determinada. Estos son los principios que a mí me guían. Quería un sonido analógico, con buenos instrumentos, con buenos equipos, sin emulaciones, sin teclados electrónicos. También aspiro que además de ser un gesto de época sea un disco contemporáneo, que traslade al hoy. El disco dialoga con sesentas y los setentas y para mi es una garantía de permanencia. Hoy escuchas a Pappo´s Blues y suena vigente incluso en cuanto al sonido. Eso no pasa en los ochentas en donde las canciones quedaron pegadas a la época sin juzgar que en esa época se hicieron canciones espectaculares. Por eso, estoy contento de que el disco suene como suena.