HorcasFest Vol III: Crónica del Festival anti crisis

Crónicas
HorcasFest Vol III: Crónica del Festival anti crisis
Texto: Manuel Bernal | Fotos: Seba Delacruz

El último viernes en Groove se realizó la tercera edición del festival organizado por una de las bandas insignia del metal argentino. Teñido de un clima festivo y con shows de gran nivel en la previa (Coral, Taenia, Transmutar, Plan4), Horcas tuvo una celebración en la que no faltaron sus clásicos de ayer y hoy y un mensaje claro sobre la actualidad social y política que atraviesa nuestro país.

La noche ya cayó sobre Buenos Aires. Es invierno aún. Un invierno particularmente gélido, pálido y largo. El colectivo avanza por la coqueta Avenida Santa Fe: edificios altos y ornamentados, bares luminosos, taxis, árboles, un hombre durmiendo en el piso del Jardín Botánico. A pocas cuadras Coral da inicio al HorcasFest Vol. III. Son las 22 hs. y el frío porteño se hace sentir en este viernes de agosto. El set de la formación comandada y nombrada por el ex Tren Loco Facundo Coral es contundente. La propuesta thrash and roll funciona como una gran bienvenida al público más puntual. Riffs compactos, música directa, mensaje comprometido con la realidad. Afuera las camperas de cuero empiezan a agolparse alrededor de los puestos que venden remeras y buzos. La señora pasa ofreciendo cervezas rojas y negras. Podríamos hablar de una especie de marketing callejero a tono con las modas de hoy o simplemente de un rebusque más para sacar alguna moneda. El criterio queda del lado de quienes se animaron a probarlas.

De a poco el público comienza a poblar el local. Coral finaliza su poderoso set en el que repasó canciones de su disco debut ante los aplausos enérgicos de los asistentes. Llega la primera pausa. En la barra se premian distintas acciones de los bebedores de turno: hay regalito por tomar de 21 a 23 y bancar las bandas emergentes; hay premio por mantenerse cerca de la barra de arriba y quedarse hasta entrada la madrugada. Mientras las promos van de las manos a la boca, Taenia ocupa el escenario. Tras los primeros acordes una imponente pantalla proyecta el logo de la banda prendido fuego. Comienza un show de puro machaque y distorsión mientras la sala sigue ocupándose. Leo en la remera de Christian Fernández “No pagues para tocar”. La movida impulsada por el metal emergente tiene su consigna desde detrás de los tones y platos de la bata que no para de sonar. Taenia despliega su sonido extremo e instrumental y las cabezas suben y bajan al ritmo de los contratiempos y la distorsión rasposa de las guitarras. Knario es anunciado por los micrófonos y las palmas suenan en Groove. Primer agite generalizado con “Roots bloody roots” de Sepultura.

Fin del show de Taenia. Reverencia y saludos. El mensaje que destaca la importancia del show en el contexto socioeconómico baja desde el escenario. Una nueva pausa. Hay ya algo más de gente. Entre ellas un gran número de mujeres. Miro a la isla de sonido y no veo ninguna. Tampoco en el escenario. Aún no las hubo.  Son las 23.30 y aparecen personajes encapuchados en escena. Suena una música inquietante. Una mujer vestida de blanco es la única presencia femenina de la noche sobre el escenario. La acompaña un hombre encapuchado con luces en la cara, quienes desarrollan una performance mientras Transmutar dice presente en Groove. La precisión vocal y la intensidad del Turco Anuar orbita alrededor de la atención que genera  Fernando Rama quien arma una fogata con seis cuerdas y templa aún más la noche metalera de Palermo. Viene un set de una sonoridad más prolija y cancionera, los estribillos melódicos son la marca de la banda. El público sigue el show con atención y expectativa.

Ya es sábado. Miles de personas estiran la cobija sucia en alguna esquina abandonda de la ciudad. Mientras en el HorcasFest el turno es de Sobre tus cenizas. Saludos. Aplausos. Nuevamente hay menciones a la importancia de la fecha y a que a la crisis hay que combatirla: “está todo como el orto pero tenemos que estar más fuertes que nunca”, dice Juan Ignacio Orcajada desde el micrófono. Ya hay más gente en el salón, un local completo en un 70% y ahí quedará a lo largo de la noche. Las canciones pasan ante un público que mira atento, que corea algunos estribillos, que se saluda, que se conoce. Detrás de la banda el recurso de la pantalla es bien utilizado. Estéticas posapocalípticas complementan la música poderosa que sale desde los amplificadores y parlantes y construye una trama textual hecha de sonidos e imágenes.

Agradecimientos. El aguante a la fecha, a Manija Cósmica. Aplausos. Bajan las luces, sube la música en la pausa.. Suenan las melodías de la escena actual: Los Antiguos, Montañas, Against. Hay risas y saludos y cuernos arriba. El escenario se mueve, habla: comienza Plan4. Knario salta a las tablas con su impronta de frontman thrashero noventoso. Saluda amigable al público. Arenga. Agradece. Plan4 está sonando y Groove tiene ya el clima de una muy buena fecha. Las estrofas y estribillos de “Soy el fin”, “El verdugo” y “Lleva tu mente al límite” resuenan en la potencia atronadora del cantante y el público que responde y amplifica. Knario agita y a sus lados a la par machacan Pehuén Berdún la guitarra y el alma punk en el bajo,  Matías Maharbiz. Los parches tiemblan bajo las manos enguantadas de Gonzalo Espejo. Show intenso, show preciso, show compacto y cuidado. Groove sacude su melena y corea los estribillos mientras Knario lo interpela: señala, ametralla, se cruza de brazos, mira con gesto adusto, recuerda a “chicas y chicos” cómo comportarse para no lastimar nadie en el pogo frenético. Se consumen las canciones. Pasa el homenaje a Black Sabbath. Después “Entre la vida y la muerte”, “Mi religión”, “La jaula”, “Ella”. Cerca de las 2 am la voz líder agradece, pide aplausos para sus compañeros de fecha, también para los organizadores. La banda posa con el público de fondo. El público ensaya sus autorretratos con la banda de fondo. Marca de época: si no hay registro no pasó.

2.30 am. Las luces bajan y anticipan el show de la histórica banda que da nombre al festival. Algo de público se adelanta. Hay menos que hace un rato, pienso. Miro y lo confirmo. Walter Meza salta al escenario. Pregunta al público cómo está. Hay un clima festivo, hay energía en el aire, hay la sensación de la descarga. La madrugada empezó ya hace un rato pero si uno no lo supiera y se guiara por el escenario, diría que no son más que las 23 hs. Comienza Horcas con “Gritando verdades”. La energía se irradia desde la formación que tiene esta noche en Meza y Mariano Martín sus pilares. Las violas del experimentado Sebastián Coria y Lucas Simcic machacan al unísono y disparan solos poderosos. Hay un sonido armónico y aceitado. El Topo Yáñez da un show en sí mismo. Se ríe y toca el bajo saludando. Arenga y mantiene un diálogo fluido con el público. Hoy es viernes, hay clima de Fest y Horcas lo sabe.

Walter saluda. Dice “nosotros estamos acá para ustedes, vamos que se van… ¡Macri la concha de tu madre!”. La crisis vuelve a ser mencionada desde los micrófonos, sin embargo tiene por primera vez en la noche nombre y apellido. Los Horcas despliegan un muy buen set que mezcla la contundencia y velocidad thrashera de los primeros años de la banda con los tempos más slow y los estribillos melódicos de los últimos tiempos. Pasan “Cazador”, “Mentes perversas”, “En la jaula” y “Primitivo”. Meza agradece la participación del público y luego de “Infame” insiste en la línea que fue una constante en la noche: hay una crisis enorme, está todo mal, esto que está pasando acá adentro vale mucho. El cantante subraya esa idea y sube la apuesta: habla de la violencia con que empleados de Coto mataron a un hombre de 68 años que se llevaba comida sin pagar. Recuerda que pronto hay elecciones. Tiene el puño en alto. Despliega el dedo índice y el pulgar. Siguen “Golpe a golpe”, “Punto final” y “Argentina tus hijos”. Y todavía hoy tenemos que escuchar que el metal y la política no tienen nada que ver.

Son las 3.30. Hay clima de cierre de una noche feliz. Se anuncia al Polaco Zellazek quien es invitado a hacer una versión punkmetalera de “Represión”, el clásico de Los Violadores. La canción es dedicada a Patricia Bullrich. Canta y celebra el público. Desde el escenario se festeja la unión actual de la música pesada y señala las diferencias de épocas pasadas. También anuncia que la fest va culminando. El público que se agolpa en la primera mitad del boliche se muestra eufórico. Está viendo un gran show.

Es tarde y Horcas incinera su lista de temas. Se aproxima el fin y nuevamente se agradece el aguante. Pasan una tras otra “Vencer”, “Violados y devorados”, “Solución suicida”, “Esperanza”. Hay sonrisas abajo y arriba. Hay abrazos y pies que resbalan. Muchas horas de promos en la barra. Desde el escenario se destaca una y otra vez el valor de haber asistido. Se nombra a todas las bandas. Se saluda al Turco y la importancia de las bandas que se animaron a sumarse de la mano de Manija Cósmica. Antes de la última canción el líder de Horcas llama al escenario a los músicos que fueron parte del festival y a Aarón Briglia cantante de Helker que está en medio de la gente que mira el concierto. El cierre es la postal de la fiesta metalera: tres violas y muchas voces coreando en clima de éxtasis “que Horcas vive” junto con un público que responde frenético. Brazos en alto, saludos y aplausos enfáticos de quienes tienen un resto de energía a las 4.15 am. Mientras los músicos se saludan y el Knario repite que “algunos piensan que el metal argentino está muerto, jajaja”, los acordes inconfundibles que salen de la guitarra de Coria se replican de inmediato sobre el redoblante y el himno metalero nacional atrona. Todos, arriba y abajo del escenario, coreamos a V8 con una sonrisa en la cara. Se acaba el tercer HorcasFest. Un festival que suma ediciones y que tuvo en esta la confirmación de una escena que late y se oxigena con los aires que soplan desde abajo. Se va el festival de la banda formada por Civile. Se termina una noche con shows de gran nivel musical y escénico de las bandas emergentes, una enorme performance de Plan4 y un Horcas que se entregó a una celebración puramente metalera. Adentro se apaga la noche festivalera. Afuera la ciudad se apaga desde antes. Es el fin de una gran fest en medio de la crisis.

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