Hermano Hormiga (Raly Barrionuevo y Lisandro Aristimuño) en el Teatro Gran Rex: El rastro de las canciones.

Crónicas
Hermano Hormiga (Raly Barrionuevo y Lisandro Aristimuño) en el Teatro Gran Rex: El rastro de las canciones.
Texto: Carlos Noro | Fotos: Chechu Dalla Cia

Con un Teatro Gran Rex colmado, Lisandro Aristimuño y Raly Barrionuevo demostraron que el todo es más que la suma de las partes en dos horas de una intensidad desbordante.

Si hay algo que caracteriza a la hormiga en contraste con otros insectos es su sociabilidad. La hormiga se sabe en relación a otro, conoce su función vital a la perfección y se considera parte de un engranaje mayor en donde cada quien tiene su importancia más allá de que cumpla una función, al parecer, mínima. Este pensar colectivo la hace subsistir, la hace hermanarse en pos de un objetivo común que incluso pone a prueba una especie de fidelidad. Si una hormiga siente el peligro despide una sustancia que es fácil de identificar por sus compañeras, que sirve para alertar, defender el hormiguero y sobrevivir a las inclemencias. La hormiga no escapa, resiste y sabe que cada pequeño pasito que realiza es parte de un hacer conjunto que permite la subsistencia en el contexto de algo mayor y trascendente que su propia vida.

No es casual entonces que Lisandro Aristimuño y Raly Barrionuevo hayan elegido el nombre común de “Hermano Hormiga” a este proyecto que lo junta, los hermana y les da una nueva identidad en la que cada quien propone su impronta para que los límites propios se borren y se transformen en una instancia común y bien intensa.

Como era esperable la primera parte de la noche estuvo dedicada a la presentación del disco autotitulado, editado este 2019 y grabado a finales del 2018 en la casa de Raly en Unquillo Córdoba. Esa decisión tal vez haya sido una de las más acertadas a la hora de estructurar la presentación, principalmente porque al ver y oír las canciones en vivo uno se encuentra que las mismas potencian sus climas, sus virtudes y por sobre todo encuentran nuevos horizontes.

Precisamente dentro de esta línea imaginaria de “alcanzar horizontes” el fragmento de “Subo, subo” (de Manuel Castilla y el “Chivo” Valladares)  tal vez haya funcionado como una especie de mantra para iniciar la noche. A partir de ahí y del abrazo previo de Lisandro y Raly, el set fue ganando de distintas manera intensidad, vuelo y por sobre todo un estado emocional que fue adquiriendo potencia y energía a lo largo del show.

“El necio”, una canción de Silvio Rodriguez que más tarde Raly definió como “una canción que habla de nosotros”  fue la primera tocada en forma completa y sirvió para que un público muy participativo a lo largo de la noche,  se encargara de acentuar las estrofas más intensas. “Dicen que me arrastrarán sobre rocas/cuando la revolución se venga abajo” fue el verso elegido para ser gritado, dando la pauta de la sintonía ideológica entre el dúo y los presentes. El contraste con “Mariana” fue evidente, principalmente porque bajó la intensidad al mínimo para generar un silencio absoluto desde el punto de vista del público y potenciar la voz de Raly que terminó construyendo un interesante juego vocal con Lisandro hacia el final de la canción. “El plástico de tu perfume” puso a Raly en el piano y a Lisandro en la guitarra generando una linda interacción más allá del juego de voces. “El surco”, una letra de Chabuca Granda llevó la atmósfera hacia el folclore latinoamericano y generó un clima festivo que puso de manifiesto esa celebración del instante de liberación que reclama el “amalaya” de la canción. Raly con el cuatro venezolano, Lisandro con la guitarra acústica y Cesar Elmo (quien a lo largo de toda la noche se encargó de manera brillante de la percusión en sus diversas formas) generaron uno de los momentos más divertidos de la noche, principalmente porque este tipo de canciones, que invitan a la celebración,  generaron un lindo momento de disfrute tanto para el público como para ellos.

“Estamos muy emocionados con esto” fue le presentación que realizó Raly para luego contar brevemente como fue el proceso de encuentro que empezó en Unquillo y que “no tuvo ni tendrá un plan”, dando la pauta de que a futuro los caminos conjuntos pueden seguir cobrando fuerza. “Mi Memoria” fue la primera chacarera de la noche y sonó aún más pareja que en el disco. “Duerme” ganó en ternura y fue una bella canción de cuna, antes de que Lisando presentara a “La Sixto Violin” mencionando a Raúl Carnota (autor de la música) como “un maestro al que admiramos mucho”. Nuevamente el teatro ganó en euforia, dando la pauta que el gusto por el folclore y la canción, al menos durante esta noche, estaban en partes iguales.

“Ojalá que llueva café” (la canción que en su momento fue un hit de Juan Luis Guerra) sonó bien latinoamericana y fue hiper festejada, dando la pauta de que fue un acierto su inclusión en el repertorio. “Coplita de amor” fue una zamba inicada por Raly en la guitarra para luego ser continuada por los dos, generando un bello contrapunto en el que cada quien ganó protagonismo.

Las últimas dos canciones del disco (especialmente compuestas para el proyecto) fueron presentadas por Lisando haciendo hincapié que “el disco fue hecho desde el amor y desde la autogestión”. “Vida” fue la primera y tal vez sea la canción más hermosa que tiene “Hermano Hormiga”. Esto se explica porque su lírica y su sonoridad son capaces de aunar con maestría los dos mundos que se unen en este proyecto. No es para nada descabellado decir que la primera parte de la canción aporta la sensibilidad de Lisando para hablar del amor, mientras que la segunda aporta la profundidad de la voz de Raly capaz de hacer pie en la tierra y en la naturaleza. Al escuchar las dos voces uno intuye las dimensiones del amor, de la espera en el contexto de un tiempo como el actual donde la ansiedad y la impaciencia son moneda corriente. “Amanda”, una composición aportada por Raly,  fue el fin de esta primera parte con Lisandro sumando efectos de guitarra y Raly en el piano. La melancolía de la canción fue un lindo y climático cierre para una primer parte que tuvo como protagonista al disco en su totalidad y que seguro sirvió para que muchos y muchas descubran nuevas dimensiones de las canciones.

Segunda parte: Un recorrido por los universos propios

Mientras la primera parte fue dedicada al recorrido de la producción conjunta, la segunda invitó a que tanto Lisandro como Raly pusieran a prueba el desafío de presentar algunas canciones e invitar al otro a ser parte de las mismas. La hermosa puesta de luces de Patricio Tejedor (iluminador de los show de Lisandro) pareció entender esta metáfora a la perfección generó una puesta de claro oscuros y distintos colores que sirvió para potenciar las atmósferas de cada una de las canciones. De esta manera “Tu nombre y el mío” de Lisandro fue la que dio el puntapié inicial y fue llevada hacia su profunda raíz folclórica dando la pauta desde donde se puede rastrear su origen. El turno de Raly fue con “Niña Luna” que sonó bien latinoamericana, mientras que “De mi madre” fue una zamba cantada casi en su totalidad por Lisandro y tocada espléndidamente por Raly en uno de los momentos más bellos de la noche. “Como danza la esperanza” en ritmo reggae y con alguna mención a “No woman no cry” de Bob Marley en el medio, además de ser una de las canciones más identificables de Raly, los mostró muy cómodos en medio de un ambiente festivo.

“La última prosa” y “Azucar del estero” de Lisandro sonaron juntas y estuvo bien que así sea. La primera con Raly al piano tuvo una versión conmovedora mientras que la segunda, cantada a viva voz por la gente, mostró una intensidad increíble dando la pauta de la comunión que se fue generando a lo largo de la noche. Dos nuevas de Raly, la bellísima “Cuarto menguante” y la icónica “Chacarera del exilio” fueron dos lindas maneras de ver a Lisandro desenvolviéndose en la canción melódica y en la chacarera. El resultado conjunto fue más que satisfactorio principalmente por la apertura de los dos para que esto suceda.“Gracias por acompañarnos en este 2019 que fue tan difícil” dijo Lisandro antes de que “Canción de amor” sea la última antes de los bises, generando la participación espontánea y hasta ensordecedora de gran parte del público.

Luego de un corto descanso las últimas tres canciones de la noche se dividieron en momentos personales y conjuntos “Ey paisano” presentó al Raly más políticamente explícito y acorde a los tiempos que corren, “Me hice cargo de tu luz” mostró a un Lisandro bien introspectivo, utilizando una iluminación bien Floydeana que fue el escenario ideal para el juego de sonoridades y efectos. “El amanecer” fue la despedida de los dos juntos en el escenario con un intenso contrapunto de sonoridades y voces.

El cierre final, con la visible alegría tanto de Lisando y Raly como del público fue a puro aplauso y sonrisa dando la pauta de que a lo largo de la noche algo especial había sucedido. Como la hormiga que se piensa colectivamente y sabe hermanarse ante las circunstancias difíciles, tal vez Lisando y Raly en conjunto, son testigos y protagonistas de una época de lucha y resistencia que tal vez pronto esté llegando a su fin o simplemente tome otras dimensiones. Así como las hormigas dejan el rastro para que sus hermanas puedan seguirlas, Raly y Lisandro dejan las canciones. Está en nosotros elegir compartir eso caminos

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