John Garcia and The Band Of Gold en el Teatrito: Una luz brillante en el desierto.

Crónicas
John Garcia and The Band Of Gold en el Teatrito: Una luz brillante en el desierto.
Texto: Carlos Noro | Fotos: Jorge Sebastián Noro

La legendaria voz de Kyuss volvió para mostrar su mejor versión en un show para el recuerdo.

Si alguien piensa que el Stoner Rock se compone solamente de cuelgues infinitos, debería haber estado en este show, principalmente porque hablar de John Garcia es hacerlo desde la dimensión más rockera del estilo: esa que hace culto al riff y al adn rockero sin por ello dejar de lado ese aspecto que liga a la propuesta con los aires desérticos de California.

Teniendo en cuesta esto, la elección de Buffalo como soporte fue más que correcta. Si hay algo que caracteriza a los liderados por Claudio “El Pastor” Filadoro es que son tan fieles a su nombre, que no es descabellado decir que la banda suena tal como se lo propone. En vivo el trío tiene la potencia y la embestida del riff lo que los convierte en una interesante máquina de canciones bien potentes y hasta por momentos melancólicas. Con uno sonido que los acompañó (toda una novedad para lo acostumbrado con las bandas soportes) se fueron aplaudidos con un Teatrito que estaba casi colmado. Bien por ellos.

Entre el presente y el pasado

La única vez que García estuvo en Argentina fue para presentar Kyuss Lives, una posibilidad concreta de revisitar las canciones de la leyenda del desierto sin la presencia de Josh Homme, hoy completamente alejado de esa época. Ocho años después, la vuelta de la que para muchos es la voz más identificable del estilo volvió con un proyecto denominado John García and the band Of Gold en lo que a priori proponía una linda mezcla entre el pasado (las canciones de Kyuss) y el presente con un disco autotitulado que le hace justica al presente y a la historia de nuestro protagonista.

Entendiendo esto, García supo estructurar un show que transitó el presente y el pasado sin causar la nostalgia permanente ni generar comparaciones que menosprecien algunas de las dos etapas. En esa interacción estuvo mucho de lo positivo que se vivió la noche del domingo en el Teatrito.

Si pensamos en la totalidad del show no fue casual que el inició fuera para The Band Of Gold  (el guitarrista Ehren Groban, el bajista Mike Pygmie y baterista Greg Saenz) en soledad. La instrumental “Space Vato” que también inicia el disco en conjunto, fue la primera canción y estuvo bien que así sea. Describirla hace pensar en una especie de desierto pero de Marte, algo nada descabellado cuando uno escucha esa mezcla de riff contundente y de cuelgue riffero que propone la canción. Un bajo distorsionado y una bata contundente (aspectos que tendrían mucha presencia hacia el final show) terminaron de invitar a caminar por el espacio a los presentes que rápidamente entraron en la vibra necesaria para que formalmente la noche diera comienzo.

La entrada relajada del corpulento García fue nada más ni nada menos para acompañar el riff de “Gardenia” primera canción del icónico “Welcome to Sky Valley” tal vez el gran clásico del stoner realizado por Kyuss a principios de los noventas. La reacción del público fue entre ensordecedora y alucinante. Algunos y algunas bailaban, otros miraban absortos y la mayoría trataba de seguir el movimiento serpenteante de la lírica y del riff de la canción. Un pequeño gesto de García para que la guitarra se acomodara un poco, terminó por hacer que el sonido fuera perfecto a lo largo de la noche, un punto a favor a la hora de disfrutar de las atmósferas de las canciones.

“Jim's Whiskers” fue la primer canción de “las nuevas” y sorprendentemente tuvo una reacción similar por parte del público. Aquí la cosa se puso más blusera y pendenciera al punto de que no fue descabellado imaginarse un diálogo picante en un bar lleno hasta el tope. El riff repetido hasta el infinito y el final a toda velocidad terminaron por generar el primer pogo de la noche, lo que dio la pauta de que el stoner cuando es bien rockero abre la puerta a que el público salte y se empuje como si no hubiera un mañana.

La percusión dio paso a otra de Kyuss “Hurricane” tocada fiel a su nombre. Aquí la voz de García sonó clara, melódica y contundente mientras que la banda tuvo la suficiente habilidad para acompañar la intensidad vertiginosa de la canción. La versión fue impecable principalmente porque cada quien supo acelerar con maestría para que todo se convierta en un viento imparable. Otra de las nuevas, “Kentucky II” cambió velocidad por groove, dando la pauta de la habilidad de Garcia para generar estructuras melódicas jugando con los límites de su voz. Casi sin descanso “One Inch Man” (aquella canción del video en el desierto y la mujer bailando) transformó ese groove en una danza psicodélica serpenteante que García supo interpretar a la perfección. Cantada a viva voz por los presentes, fue uno de los grandes momentos del show porque tanto la banda como el público entendieron que el riff y la melodía atraviesan cuerpo y mente sin pedir permiso. La hardrockera “Chicken Delight”, trajo por un rato el sol de California a una noche destemplada como la del domingo, con una García que supo interpretar a la perfección la onda y sensualidad de la letra.

“Thumb” (otro de los clásicos de Kyuss pero esta vez de “Blues for the red sun”) tuvo una interpretación fenomenal de una banda hiper enganchada en ir generando un riff que va creciendo junto a la intensidad de la voz de un García que a esta altura se había mostrado cómodo y alegre con lo que fue sucediendo en escena. El final de la canción, con un intenso momento de cuelgue y expansión sonora fue otro de los momentos en los que el cuarteto hizo subir un par de peldaños hacia la estratósfera al público presente. “My Everything” una de las canciones más pesadas del último disco, fue cantada de manera agresiva y contundente sostenida en un trabajo instrumental que se acomodó perfectamente a la voz y a las intensidades de la canción, en uno de los momentos más pesados de la noche.

“El rodeo” otra de Kyuss pero esta vez de “…And the circus leaves the Town”, hizo brillar en primera instancia al bajo de Mike Pygmie que a partir de ese momento tomaría protagonismo marcando el sentido de las canciones con un sonido groovero y distorsionado. La banda, sumándose a esta columna vertebral de cuatro cuerdas, terminó por generar otro momento de intensidad desértica y psicodélica que fue muy aplaudido por los presentes. “Moltem Universe” permitió no solo el descanso de García sino también mostró la precisión de la banda a la hora de acelerar y frenar las intensidades viajeras de la canción. “Don't Even Think About It” fue la última canción del disco conjunto que sonaría durante la noche y fue interpretada como tal. Si tenemos en cuenta que el show lógicamente venía subiendo en intensidad, no fue casual que la elegida haya sido una de las que arrancan de manera melódica y cansina para luego terminar a toda velocidad. Un Garcia muy cómodo con la interpretación y una banda muy concentrada en hacer que la voz del desierto brille, dieron la pauta de que más allá de su historia, las canciones de The Band Of Gold están a la altura de su historia.

Ultima parte del show: Bienvenidos al valle de Kyuss

Como era esperable la última parte del show fue dedicada casi exclusivamente a los de California algo lógico si pensamos que es imposible pensar a aquello sin la voz del protagonista de la noche. “100°” sonó todo los sucia y distorsionada que uno espera para una canción imaginada en el medio del desierto bajo un solo que quema los ojos y una humareda que envuelve los sentidos. “Gloria Lewis” con su afinación hiper baja pareció proponer un humo denso y penetrante mientras que “Supa Scoopa and Mighty Scoop” y “Whitewater” fueron dos momentos alucinantes. La primera porque mostró toda la capacidad de García para envolver al público presente con los estribillos de la canción en medio de un riff imposible de olvidar. Es claro que para ese momento la banda había soltado las riendas para dejar fluir su velocidad riffera y percusiva algo que seguramente permitió que la segunda se situé en un interesante espacio de cuelgue y de velocidad. El resultado fueron más de diez minutos en donde se pudo apreciar casi todos los estados que puede transitar una gran canción de stoner rock.

Un pequeño descanso abrió paso a “Kyle” una desértica canción de The Coyote Who Speaks Two Tongues (un disco que mezcló canciones de Kyuss en formato acústico con algunas nuevas) y cerró la noche con “Green Machine”, que estuvo a la altura de su historia: García la cantó a la perfección y la banda como a lo largo de la noche, estuvo a la altura de las circunstancias en cuanto a la idea de hacer brillar a la voz del desierto.

Un García visiblemente contento, que eligió unos pocos momentos a lo largo de la noche para hablar con el público, pero que tuvo gestos de buena onda en varios momentos del show (para destacar el momento en el que junto a Facundo Coral que oficiaba de stage arreglaron con cinta un micrófono entre risas mientras una canción continuaba), llamó a la banda a saludar y la despedida fue con el no siempre presente “una más y no jodemos más”, algo que a esa altura era improbable a pesar de que había cierta disposición y energía en el ambiente para que algo sucediera. Despedida y promesas de vuelta asegurada. Esperemos que la próxima tengamos canciones de Slo Burn, Unida, Hermano y Vista Chino, otros proyectos en los que García brilló con maestría. La voz del desierto está intacta y por suerte pudimos disfrutarla. Nos vemos la próxima.

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