Whitesnake, Europe y Watchmen en el Club Hipico de Buenos Aires: En el nombre del hard rock.

Crónicas
Whitesnake, Europe y Watchmen en el Club Hipico de Buenos Aires: En el nombre del hard rock.
Texto: Carlos Noro | Fotos: Jorge Sebastián Noro.

En un nuevo lugar (casi al lado de la cancha de River), dos clásicos y el aporte local dieron muestras de su pasado y su presente.

Bien temprano la tarde abrió con Watchmen y estuvo bien que así sea. Entre sus inicios emparentados más al Whitesnake más ochentoso y su actualidad con el interesante “Blackout” que los llevó a coquetear con hard rock y el A.O.R. de los ochentas, los muchachos sostenidos por la intensa voz de Ivan Sencion y la contundente presencia de Emmanuel Lopez en guitarras pudieron mostrar que son una interesante muestra de lo bien que puede llegar a sonar una banda de hard rock en argentina si tiene, como esta vez un contexto adecuado que potencie sus virtudes. Aprovecharon la oportunidad y seguramente se llevaron nueva gente interesada en su música.

Europe: Entre el presente y el pasado

Para cuando Europe entró en escena el Estadio Hipico (con una curiosa infraestructura con gradas, techo y algunos espacios abiertos)  ya incluía una concurrencia que había llenado el campo trasero, las plateas laterales y la mitad del campo delantero, dejando un extraño vacío que podría haberse solucionado acercando las vallas (una decisión que tal vez tiene que ver más con la lógistica que con la buena voluntad) pero que para la próxima podría ser un punto a prever.

La historia de los suecos tiene puntos altos (los ochentas en donde “The Final Countdown” sonó en casi todas las radios del mundo), puntos de ostracismo (los noventas en donde desaparecieron de la mano del Grunge) y una actualidad (del 2000 a esta parte) en donde se transformaron en una interesante propuesta de hard rock técnico, melódico, aguerrido y por sobre todas las cosas moderno y contundente.

Entendiendo esto y aprovechando que a esta altura su público disfruta tanto de las viejas canciones como las nuevas, el set se encargó de dejar en claro que lo de Europe es una de las propuestas más interesantes en cuanto a oficio y sonido que pueden encontrarse hoy en día.

Entonces, el grupo fue capaz de arrancar con un medio tiempo aguerrido como “Walk the Earth”, aumentar la pesadez con la machacante “The Siege”, ponerse oscura y ominosa con “War Of The King” y sonar moderno con “Hole in my pocket; con un sonido perfecto en donde cada instrumento y la voz de Joey Tempest lograron un audio y una nitidez pocas veces visto. En este punto y apoyados en la contundencia sonora propusieron, hubo tiempo para que estas canciones fueran inteligentemente intercaladas con clásicos de los ochentas. “Carrie” (una de las que más sonó en esa época) fue emotiva e hizo disfrutar (y bailar) al casi todo el estadio, “Superstitious” hizo participar a todo el mundo y “The Final Countdown” hizo saltar a todo ese mundo que había participado.

La sensación que uno tiene al ver a Europe es que es una banda capaz de brindar un espectáculo tan sólido y atemporal que podría suceder en un festival de heavy metal, en un recinto cerrado con butacas o en un casino estilo Las Vegas. Cuando uno ve la performance de Joey Tempest, con un caudal vocal intacto no queda otra que definirlo como un frontman en el sentido más fiel posible: el tipo salta, gesticula, revolea el micrófono, trata de hablar en español y hace participar al público como si fuera el último show de su vida. John Norum es un guitarrista tan técnico como mélodico, capaz de aportar sensibilidad pop a las canciones y al mismo tiempo complejizar los riff coqueteando con el heavy metal más moderno. El resto de la formación con John Levén en bajo, Mic Michaeli en teclados e Ian Haugland en batería (no casualmente la formación que grabó “The Final Countdown”) completan la escena con personalidad propia. Mucha de la libertad que tiene la banda depende de la soltura con que interpretan los cambios atmósferas de un show que en la lluviosa noche porteña dejó a todos con ganas de escuchar algunas canciones más.

Se fueron ovacionados y con el resultado concreto de que algunos de los presentes dejaron afuera los prejuicios gracias a su contundencia. Bien por ellos.

Whitesnake: A la altura de su presente

A esta altura uno sabe qué esperar de Whitesnake con todo lo positivo y lo negativo que esto implica. Entre lo positivo podemos decir que un show de la serpiente blanca jamás aburre. La fuerza de las canciones hace que el set sea disfrutable y que uno salga con la sensación de haber visto un buen show. Entre lo negativo aparece la duración (un poco más de una hora incluyendo solos de guitarra y batería) y la repetición desmedida de canciones (vienen haciendo un set muy parecido desde hace años) para una banda a la que le sobran canciones para seleccionar.

En este sentido, observar el armado de la batería del histórico Tommy Aldridge de ¡69 años! como preparativo antes del show sirvió de síntesis para lo que más tarde sucedería con las canciones recorrerían algo de la historia musical de los liderados por Coverdale. La presencia del doble bombo y de un set con muchos cuerpos dio la pauta de que la idea de la noche era sostener a las canciones con una presencia de aditamentos que sirvieran para proteger una voz como la de Coverdale visiblemente afectada por el tiempo y por la edad.

El comienzo con la seguidilla de “Bad Boys” y “Slide It In” funcionó a la perfección en este sentido. La presencia del doble bombo al final de la primera y promediando la segunda junto a los coros de todos los integrantes del grupo excepto Aldridge permitió que las canciones ganaran fuerza y sonaran contundentes, aunque no con la variedad vocal propia del momento en cuando fueron concebidas.

En este sentido canciones como “Slow an´ easy”  forzaron al máximo la garganta de Coverdale lo que aumentó la presencia de los coros, una decisión correcta y válida en función del espectáculo. Siguiendo con esta lógica no pareció casual que las nuevas canciones “Hey You (You Make Me Rock)”, “Trouble Is Your Middle Name”, “Shut Up & Kiss Me” lo mostraran en los momentos más confortables de la noche. Al ser compuestas para el último disco (el interesante “Flesh and Blood”), es claro que la afinación y la exigencia vocal están adaptadas para el Coverdale 2019, lo que hace que incluso en esos momentos la banda pueda desplegar su pulso rockero y blusero con soltura.

Precisamente “Ain't No Love in the Heart of the City” fue casi el único momento en el que el grupo se dejó llevar por un Groove más cercano al blues con el toque soulero propio de la versión original de la canción y de la brillante primera época de la serpiente blanca. Allí, comandados por la guitarra de Reb Beach y el bajo de Michael Devin el grupo encontró un interesante clima dando la pauta de que si el grupo dejara fluir su faceta más blusera y mirara más en el presente tal vez todo el combo se sentiría más cómodo con respecto al despliegue escénico.

Un curioso solo de batería de Aldrige (con su marca registrada de aporrear la batería con sus manos) fue intercalado por la mencionada “Shut…” y dos pequeños solos de guitarra que pasaron desapercibidos pero sirvieron para que Coverdale tuviera unos minutos de descanso. En este sentido ver a los guitarristas actuar por separado también sirvió para percibir el aporte de cada uno. Mientras como dijimos Beach parece estar más cómodo con los sonidos más bluseros Joel Hoekstra es un guitarrista que apuesta a mostrar velocidad y pirotecnia a puro tapping algo que para una banda como Whitesnake tal vez sea un exceso.

La última parte del show incluyó una fiestera versión de “Give Me All Your Love” y una potente de “Still Of the Night” en donde la garganta de Coverdale parecía que iba a romperse.  Las infantables “Is This Love” y “Here I Go Again” en su versión más veloz fueron las que cerraron un show que no tuvo los acostumbrados bises. “Muchas gracias por su hospitalidad Buenos Aires, es la séptima vez que los veo”, dijo Coverdale antes de una versión de “Burn” en la que especialmente Hoekstra hizo una adaptación del solo bastante polémica. Ovación de despedida y un Coverdale saludando a todo el estadio. Con un show corto y contundente en que está muy claro que todo lo que sucede en escena está al servicio del estado físico de Coverdale, la serpiente blanca mostró todo su oficio en escena. Gran noche con dos bandas que celebraron 40 años con la música. Con distintas intensidades, el festejo fue el apropiado. Esperamos volver encontrarlos.