Iron Maiden en Velez: Que me van a hablar de amor.

Crónicas
Iron Maiden en Velez: Que me van a hablar de amor.
Texto: Carlos Noro

En su visita número ¡11! los ingleses tal vez hayan dejado aún más en claro que son la mejor definición de heavy metal que puede encontrarse en los libros de historia, en el presente y tal vez en el futuro. Shows como estos, dan la pauta que su legado, su vigencia y su amor son inapelables.

Cuando uno va a un show de Maiden sabe más o menos qué se va a encontrar: voces agudas, canciones épicas, cabalgatas metaleras,  guitarras gemelas, monstruos, calaveras y una intensidad descollante. Esto no difiere muchos de cualquiera banda que haya tenido su edad de oro en el heavy de los ochentas. De alguna manera en esa época se terminó de conformar la manera de entender el heavy metal más identificable hoy en día, la que hace vibrar a millones de fanáticos de todo el mundo y que aún asusta a madres, abuelas y a algunos desprevenidos.

En este contexto el gran desafío de Maiden a lo largo de su carrera fue encontrar espacios para reinventarse sin perder la identidad más allá de las modas y el impacto de una música pesada que ha cambiado sonoridades, propuestas y estilos infinidad de veces a lo largo del tiempo. Lo concreto que este Maiden 2019 funciona más que nunca como un manifiesto de lo que debe ser el heavy metal sin dedicarse solamente a revivir el propio pasado. Por eso el show de un Velez colmado (como hace mucho no se veía con una banda del estilo) tiene una notable cantidad de niños, niñas y adolescentes que vienen a realizar su acto de iniciación. Ellos son los que vienen a encontrar el ADN del heavy metal, a percibirlo y tal vez a enamorarse de una música que en algún momento entró en nuestras venas y hoy es parte de nuestra identidad para siempre.

Sabiendo esto en inevitable que un show de Maiden no tenga presente canciones como “Aces High”, “2 minutes to Midnight”,  “The Number Of The Beast”, “Run to the Hills” o “The Trooper”  letras y coros que hemos escuchado y cantado cientos de veces pero que para algunos constituyen la primera vez. Bastaba mirara a un costado los ojos de asombro de niños y niñas subidos a los hombros de sus padres cuando en “Aces…” un avión apareció en el escenario, mientras Bruce Dickinson corría de acá para allá como si tuviera veinte años. Algo parecido pasó con “2 minutes…” en donde el vocalista se encargó de acomodar las estrofas a su actualidad y la banda lo siguió sin inmutarse, entendiendo que es su deber seguir a ese frontman impecable que es Bruce en vivo. Seguramente más de uno de los pequeños, guardara esa imagen en su retina para la eternidad y podrá decir: “yo vi a Maiden en Velez” cuando los ingleses formen parte definitivamente de la historia.

Casos particulares  de esto que decimos fueron “The number…” y “The Trooper”. La primera fue festejada por un estadio que se rindió a la posibilidad del encuentro con el diablo. La segunda (que suele ser polémica por mostrar la bandera inglesa flameando), no puede faltar en el show. El “galope” de la guitarras, bajo y batería junto a la voz de Dickinson relatando “La batalla de Balaclava” durante la guerra de Crimea, puso a saltar a todo el estadio, que más allá de las demagogias, aplaudió el gesto de que Dickinson flameara la bandera argentina luego de la inglesa con una clara intención de quitarle sentido chauvinista a la canción. Junto a las anteriores, podríamos sumar “The Evil that men do” y “Hallowed be thy name” otras dos canciones que mostraron el oficio de la banda para manejar las intensidades, los cambios de ritmos y el dramatismo para cada momento logre su pico máximo, con una escenografía que incluyó un cambio de telones que resultó perfecto para crear ambiente y guiar el sentido de las canciones.

El lado B del Show: Reinventado la propia historia

Seguramente para quien esté leyendo la nota y conoce la discografía de Maiden la descripción anterior le resultará conocida y la conclusión rápida es que un show con esas canciones es imposible que falle. Otra conclusión válida es que con Iron Maiden la vara es alta (a diferencia de otras bandas suelen cambiar el set en cada tour) por lo que uno espera verse sorprendido. Seguramente para ese público Maiden pensó en la otra cara del show, que incluyó (entremezcladas con las canciones anteriores) una serie de temas no esperables que fueron de lo mejor de la noche.

En este punto la doncella mostró su verdadera cara y su capacidad de reinventarse en un show conceptual - teatral (que algunos se encargaron de dividir en tres sets denominados “El set con temática de guerra”, “El set con temática de la Religión” y “El set con temática del diablo”) que junto a los bises encontró una propuesta intensa, dramática y por sobre todas las cosas contundente.

En este contexto las sorpresas fueron varias. Dentro del primer set “Where Eagles Dare” y “The Clasman” tuvieron versiones impactantes. La primera perteneciente a “Piece Of Mind” mostró a Dickinson llevando al límite su garganta con una banda acorde a la exigencia de la canción. La segunda luego de que Bruce la presentara como una canción que habla de la libertad, contara brevemente la historia de William Wallace (patriota escocés) y prometiera volver “para tocar en River” fue uno de los momentos más conmovedores de la noche. Esto estuvo sostenido en varias cuestiones. La primera fue que la adaptación realizada del tema perteneciente al disco “Virtual IX” en donde el Dickinson fue reemplazado por Blaze Bayley mostró a la totalidad de la banda con una comodidad absoluta con la variedad de intensidades y momentos de la canción. Más tarde algo similar sucedería con “The Sign Of The Cross” perteneciente a otro disco con Bayley “The X Factor” y ubicada en el segundo de los sets. Si en la anterior la idea fue la de transformarse en un vendaval épico, en esta la idea fue la de mostrar la oscuridad y el oscurantismo de la religión en un escenario den penumbras. En las dos hubo tiempo para que cada uno de los integrantes de la banda pudiera dar cuenta de su aporte para que todo funcione como debe ser. Entonces pudimos observar como Dave Murray y Adam Smith se repartieron los solos y las melodías principales siguiendo la lógica del buen gusto y sin ningún tipo de egoísmo mientras Janick Gers bailaba y daba saltos como un poseído haciéndose cargo de las bases, dando la pauta de que la presencia de las tres guitarras no es casualidad. A lo largo del set y en especial en este tipo de canciones cada uno de los violeros tuvo su momento de esplendor y complementariedad. Si uno tomaba la posta, los otros resignaban protagonismo sin arrogancia incluso generando interesantes momentos de alianzas simbólicas entre dos y hasta tres guitarras. Hablar de lo que significó y significa el sonido del bajo de Steve Harris para el heavy metal a esta altura es redundante. Su aporte en vivo en este tipo de canciones y en la mayoría de las que atravesaron en set estuvo hermanado con la de Nicko McBrain tras los parches, principalmente porque los dos sostuvieron estructuralmente la intensidad de la banda. El primero con la sutileza, la velocidad y la precisión que necesitan las canciones con un bajo siempre presente, el segundo con una presunta parsimonia que en realidad esconde una impecable efectividad. Sus arreglos son exactos, sobrios y en la mayoría de los casos soberbios. A esta altura es difícil pensar a Maiden sin su presencia.

Lo de Bruce Dickinson fue nada más ni menos que conmovedor. Sin perder nunca de vista su principal aporte para la banda es nada más ni nada menos cantar las canciones, fue el encargado de que el set se transforme en un show. Entonces salió disfrazado de piloto de guerra en la primera parte, tomó una cruz en la segunda, se debatió en duelo con Eddie en The Trooper, tiró fuego, saltó, corrió e incluso bromeó con sus compañeros en la mayoría de las canciones del set sin perder nunca la concentración ni el enfoque en lo que precisa cada canción. Canciones del segundo set como “Revelations”, “For the greater good of god”, lo mostraron con una impecable capacidad para adaptar los temas y darles nueva vida sostenido en una banda con una vitalidad y una fuerza que parece increíble para la edad que promedia. “Flight of Icarus” con una impecable escenografía del joven que quema sus alas al sol y “Fear of the Dark” con una coherente luna en penumbras, fueron dos de los momentos inolvidables para una actuación que tal vez sea de las mejores que se hayan visto de la doncella en estas tierras principalmente por la intensidad de la primera y el dramatismo de la segunda dos características aplicables a todo el set que pudo disfrutarse en la nublada noche de Velez.

El cierre con un aplauso ensordecedor y con mucha gente visiblemente emocionada dejó en claro que la vigencia de Iron Maiden no es gratuita. Los ingleses son seis tipos que con más de sesenta años disfrutan y se sienten vivos tocando la música que aman. Acá no hay negocio que valga, acá hay profesionalismo, hay coherencia y por sobre todo amor por la música que corre por sus venas. Esa música se llama heavy metal y sin ellos nada de esto hubiera sido posible. Ellos representan todo lo lindo y excitante de esta música que amamos. Esperemos verlos de nuevo. Inolvidable

Bonus track: Los soportes

Si hablamos de los soportes también la sensación fue positiva. Serpentor tuvo un set corto pero que sirvió para demostrar su poderío. “Asesino”, “Controlando la Nación”, “Privación Ilegítima de la liberta”, “Mirar sin ver”, “Reinará el Caos” y “Militares Criminales” fueron las canciones que mostraron para un estadio que los acompañó activamente. Fue coherente y merecida su participación para una banda que merece crecer aún más: su sonido de thrash “a lo Testament” los posiciona en un interesante lugar que tal vez en el futuro les permita encontrar nuevos desafíos que les permita crecer. Saben cómo sonar y conocen sus posibilidades. Esta presentación es una prueba de que su potencialidad es alta. Bien por ellos

The Raven Age, la banda del hijo de Steve Harris, George Harris tuvo una interesante presentación sin tener demasiado que ver con la propuesta de Maiden. Lo suyo es un metal moderno que coquetea con metalcore pero incorpora pasajes más melódicos. Con un buen sonido, lo que hizo del show más disfrutable, la única contra que tienen es que por momentos son demasiado similares a muchas propuestas que están dando vueltas hoy en día. Canciones como “The Face That Launched a Thousand Ships” más melódicas y más radiables abren el juego para encaminarse hacia otros lados que potencia la pesadez de canciones como “Angel In Disgrace”. Veremos si logran trascender con personalidad propia.