Bad Religion y The Offspring: Canciones para seguir siendo jóvenes.

Crónicas
Bad Religion y The Offspring: Canciones para seguir siendo jóvenes.
Texto: Carlos Noro | Fotos: Jorge Sebastián Noro

El punk rock tiene un desafío y a la vez un problema: envejecer. Para un género que basa parte de su lírica en desarrollar entre otros temas, la angustia adolescente, que el tiempo pase no es menor. El gran desafío es seguir sonando jóvenes, frescos a pesar del lógico paso del tiempo de cada banda. De eso, en parte se basó la presentación de B.R. y T.O. en el Luna Park.

La relación entre las bandas es histórica. Tanto unos como otros son de California y ese no es el único punto en común: los dos apuestan a darle melodía al  punk pero realizando distintos cruces, mientras que Bad Religion lo hace desde el hardcore melódico, The Offspring con el tiempo fue coqueteando con el pop y los sonidos más mainstream.

Si seguimos mencionado coincidencias, no es menor que haya sido Brett Gurewitz guitarrista de Bad Religion que hoy no gira con ellos, quien desde su sello Epitaph haya editado “Smash” el disco que impulsó la explosión de The Offspring y una rotación en Mtv que no paró de crecer desde principio de los noventas hasta la actualidad, algo que explica por qué a pesar de que B.R. tenga peso por antigüedad, The Offspring fuera la encargada de cerrar la noche.

Bad Religion: Puro, veloz y rápido presente.

Si hay algo que caracteriza a B.R. es la pericia de manejar a la perfección el contraste entre la velocidad y la melodía sin dudar en ningún momento en los cambios de ritmo para que las canciones funcionen. Entonces, teniendo en cuenta su carácter de soporte, tuvimos la posibilidad de encontrarnos con la versión comprimida y potente de la banda. Con un sonido por momentos demasiado alto y estruendoso  (al punto de que la voz de Greg Graffin y la doble guitarra se perdía por momentos en el caos sonoro) la sensación es que los californianos eligieron un set en el que el énfasis fue puesto en la faceta más hardcore de la banda por sobre la melódica, presumiblemente para que el contraste con lo que después vino fuera bien claro.

Así canciones como “21st Century (Digital Boy)”, que en los discos suenan más bien calmas y tranquilas en vivo cobraron la aceleración de canciones como la literal  “Fuck You” que generó uno de los momentos más furiosos de la noche. Mucho de esta velocidad y aceleración tuvo que ver con la contundente y precisa tarea de Jamie Miller tras los parches. El miembro más nuevo y joven de la banda (entró en el 2015) trajo frescura, dinamismo y fue el que manejó los tiempos de las canciones: cuando él aceleraba todo el mundo lo hacía, cuando él decidía incurrir a momentos más melódicos, la banda se plegaba sin problemas.

El transcurrir del set permitió observar una de las ventajas que tiene B.R. respecto a otras bandas que ya tienen muchos años en la ruta. En algún punto su visión sobre el presente y con esto de la sociedad, del capitalismo y de la globalización (sus temáticas históricas junto a la denuncia de la decadencia de la sociedad norteamericana) permite que las nuevas canciones con líricas comprometidas, astutas e inteligentes brillen con fuerza propia sin quedar en desventaja ni opacar a las antiguas. Entonces el nuevo disco denominado “The Age Of Unreason” (que propone la idea de que el ser humano ha perdido la racionalidad) aparece con fuerza para que a través de “Chaos From Within”, “Do the Paranoid Style” y “End of History”, el profesor Greg Graffin explique lo que es vivir en un mundo caótico, paranoico en donde la utopia de una sociedad libre es un sueño inalcanzable.

Sobre el final, algunos clásicos como “Los Angeles Burning”, un poco afectada por el sonido, “Sorrow” y “American Jesus” donde especialmente la guitarra de Brian Baker pudo aportar una interesante cuota de melodía con algunos punteos más que interesantes, cerraron un set que tuvo a una banda enganchada con mostrar lo que puede hacer: escupir verdades sin ningún tipo de pose punk ni rockera. Esa es la principal virtud de los californianos y la que los mantiene vigente.

The Offspring: Recordando viejos, buenos tiempos

Si Bad Religion propuso un set a toda velocidad, The Offspring matizó su set entre su faceta más punk y su dimensión más pop. A diferencia de lo que sucede con B.R. la actualidad de T.O. no los muestra con un nuevo disco desde hace cinco años por lo que lo único nuevo que se pudo oír fue “It Won’t Get Better”, una canción típica de su repertorio, con cierto aire punk y con ese clima jodón y fiestero que es su marca registrada.

Desde hace un tiempo para acá y como resultado de los cambios de integrantes, The Offsping está sostenido básicamente por el dúo conformado por Kevin “Noodles” Wasserman en guitarras y  Dexter Holland en voces, en una especie de ida y vuelta que en vivo se ve a la perfección sostenido en el reparto de protagonismo. Lo cierto es que tanto uno como el otro sienten el paso del tiempo. El primero conserva su look original pero ha aumentado de peso tanto corporalmente como en vivo: es quien hace comentarios de borracho en el medio de las canciones sin caer en el ridículo pero estando al límite del mismo. Más allá de esto su desempeño detrás de las violas es perfecto: se nota que el tiempo le ha dado oficio y el resultado ha sido que su aporte sostenga la fuerza melódica de la banda. El segundo también ha cambiado corporalmente y eso ha afectado a su voz: por momentos con un sonido que tampoco ayudó demasiado, tuvo algunos problemas para llegar a los tonos de más altos de canciones como “Come Out And Play” o “The Kids Aren't Alright” dos clásicos que entre otras cosas relatan el descontento juvenil de la sociedad norteamericana de mediados de los noventa, sin por ello hacer un papelón: el rubio también tiene el oficio para sortear los inconvenientes.

En el medio hubo una banda que más allá de sonar hiper ajustada en temazos como “Staring at the sun” o “Self- Esteem” que cerró el show, fue capaz de mostrar todo lo que hizo a lo largo de su carrera para salir de la escena punk y lograr entrar al circuito mainstream. Entonces se sucedieron dos covers, el innecesario “Whole Lotta Rosie” de AC/DC y “Blitzkrieg Bop” de los Ramones improvisado por la banda a pedido de la gente (todo un planteo en cuanto al adn punk de los presentes) mezclados con una serie de canciones como “Original Prankster”, “Why Don't You Get a Job?”, “Pretty Fly (For a White Guy)” que no son de lo mejor de su discografía pero aportan al show, al punto de que el público recibe pelotas y rollos de papel higiénico para jugar en la segunda, mientras que las otros dos se festejan como lo que son: hits de una época adolescente.

Con alguna otra  curiosidad en el medio como la versión de “Gone Away” con Holland al piano al estilo power balad (toda una rareza para una banda punk), The Offspring volvió a la argentina con un set en el que el énfasis estuvo puesto en la melancolía adolescente y que tal vez adolece de 

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