La belleza y la técnica

Crónicas | Steven Wilson
La belleza y la técnica
Texto: Carlos Noro | Fotos: Jorge Noro
Miércoles, 22 Mayo, 2013
Sáb, 18/05/2013 - 21:00
Teatro Vorterix ?

Se nota que el hiato con Porcupine Tree le ha servido a Steven Wilson para apuntalar su carrera solista, aun teniendo en cuenta que P.T. también tiene su impronta solitaria a la hora de diseñar canciones y de establecer caminos a seguir. Esta vez The Raven That Refused to Sing (and Other Stories) era la excusa perfecta para una nueva visita en la que una nueva banda (no por nada el cartel anunciaba a Steven Wilson and Band) iba a tomar las riendas de esa belleza progresiva que tiene la propuesta del flacucho inglés.

Con una calidad de sonido inmejorable (para que tengan una idea el Teatro Vorterix había sido llenado de parlantes por todas partes para emular el efecto cuadrafónico lo que permitía escuchar con nitidez en todos los sectores) esta vez la formación incluyó a Chad Wackerman en la batería, reemplazando a Marco Minnemann, y Guthrie Govan en la guitarra, en lugar de Niko Tsonev, junto a sus laderos desde hace un tiempo, Nick Holzmann en teclado, Nick Beggs en bajo, voces y chapman stick, y Theo Travis en vientos para los cuales hubo espacio de lucimiento y expresión, lo que tal vez fue el gran cambio frente a lo que mostró la visita anterior en el contexto del Grace for Drowning Tour. En aquel momento Wilson oficiaba de un obseso director de orquesta preocupado por la perfección de cada ejecución, en esta visita siguió teniendo ese rol de director que tan bien le calza pero sin estar tan pendiente del funcionamiento de cada pieza del engranaje.

Tal vez por eso la gran diferencia consistió en encontrar al inglés más comunicativo incluso capaz de hacer chistes con algún problema técnico, lo que generó un clima de mayor empatía aun con un público que fue mucho mayor (tal vez por los ecos de su anterior presentación) que el que había solo llegado a ocupar la mitad del Teatro Flores el año pasado.

En este contexto, el inicio con “Luminol” una canción que ya había presentado la vez anterior, pareció situar a todos en un tiempo y un espacio inciertamente maravilloso que esos primeros doce minutos ayudaron a crear. Para los que nolo conocen, el viaje que propone Wilson puede transitar por la más extrema pericia técnica para enseguida recaer en la más despojada belleza, algo que iban a mostrar la sencillez de “Drive Home” y la melancólicamente atrayente “Postcard” una suerte de, en términos de S.W., relato sobre las sensaciones de haber perdido a alguien muy querido, que brilló por su aire auténticamente despojado.

"Para los que no conocen, el viaje que propone Wilson puede transitar por la más extrema pericia técnica para enseguida recaer en la más despojada belleza".

El tic-tic ensordecedor de los relojes ¿una suerte de homenaje a “Time” de Pink Floyd? Modificó radicalmente el clima e introdujo la oscuridad de “The Watchmaker” mostrando el desequilibrio psicológico de alguien excesivamente perfeccionista (NdR. ¿El mismo Wilson?) pero que en un arranque psicótico asesina a su mujer. “Index” no hizo más que extender ese marco oscuro y asfixiante introducido por la voz distorsionada de Wilson para dar cuenta de la historia de un hombre que se relaciona con los otros seres humanos como si fueran objetos.

Nuevamente la belleza sutil de “Insurgentes” se hermanaría con las etéreas, en diferentes modos,  “Harmony Korine” y “No part of me” en otros de los grandes momentos de la noche, en especial con la fuerza que tomó el final de esta última. “Raider II”, que en el formato en vivo superó los veinte minutos, fue una verdadera construcción sonora sostenida en diferentes partes que de repente hicieron un todo único e indivisible. En este sentido, el final del set con "The Raven That Refused to Sing” sirvió para dar la pauta de la variedad sonora que posee la música de Wilson en contraste con la intensidad instrumental vivida minutos antes.

El único de los bises fue solo para entendidos con la inclusión de “Radioactive Toy” tema del primer disco de Porcupine Tree "On The Sunday Of Life", en donde la banda legítimamente se trataba de un proyecto solista hecho y derecho. El final consistió en la presentación de cada músico por separado, lo que simbolizó un seguro hasta luego. La próxima vayan, pocas veces podrán ver un show de semejante calidad sonora, musical y conceptual en Argentina.

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