Killswitch Engage en El Teatrito: La fuerza de la intensidad

Crónicas
Killswitch Engage en El Teatrito: La fuerza de la intensidad
Texto: Carlos Noro | Fotos: Nacho Lunadei

Si tuviéramos que definir en qué consistió la presentación de Killswitch Engage en El Teatrito sin lugar a dudas deberíamos empezar por el final principalmente porque a esta altura la versión que hacen de “Holy Diver”, de ese enano gigante que fue Dio, es la que mejor da cuenta de las bien entendidas tensiones que atraviesan la música de los estadounidenses. En algún punto en ese cover hiper festejado por un recinto colmado, donde literalmente transpiraban las paredes, aparece la capacidad de apropiación de una banda que suena moderna y extrema pero al mismo tiempo parece todo el tiempo querer dar cuenta de que no está ajena a la tradición del heavy metal de ochentas donde las guitarras gemelas y las melodías gobernaban el mundo.

Algo más de una hora y ¡17 canciones! les alcanzó a los de Massachusetts para dar cuenta de que están viviendo un momento en donde su propuesta se está afianzando cada vez más. Desde hace tiempo están dejando de ser “esa cosa nueva” para transformarse, gracias a shows como estos, en un banda que puede darle pelea en cuanto a pesadez e intensidad a casi cualquier propuesta que esté dando vueltas hoy en día.

Alguien puede contra argumentar que algo más de una hora es demasiado poco tiempo para ver una banda en vivo, lo cual podría ser cierto si no tuviera en cuenta el nivel de energía que generan los estadounidenses. Si cuando uno escucha sus discos, puede apreciar una interesante interacción entre la faceta melódica, la extrema, los breakdowns propios del metalcore y algunos otros elementos propios de otros estilos; verlos en vivo implica que cada canción logra una fuerza abrumadora, generando una propuesta que se caracterizó por no dar ningún momento de respiro a un público exultante, enganchado y con ganas de descargar su energía tanto en el pogo como en el mosh.

Mucho de esto tiene que ver que su último disco “Atonement” propone potenciar la faceta más veloz y extrema del grupo dejando algo de lado algo del aspecto melódico pero sin descartarlo completamente. Tal vez por eso a lo largo del show el disco tuvo un protagonismo excluyente con canciones como “As Sure as the Sun Will Rise”, “I Am Broken Too”, “The Crownless King”, “The Signal Fire” y “Unleashed”, lo que dio cuenta de la conformidad del grupo con la última producción. No casualmente esas canciones estuvieron entre lo mejor de la noche con momentos de altísima intensidad con “I´m broken…” y de velocidad imposible como “The Signal…”, la canción que el actual cantante comparte en el disco con el anterior Howard Jones en un claro gesto de buena onda.

En vivo y en directo la banda poco a poco ha ido resignando la cuota irónica y humorística que caracterizó en las primeras épocas. Si bien todavía algo de eso permanece (no es casual que hayan comenzado el show con una extraña grabación de “The Final Countdown”, ni tampoco que el histriónico Adam Dutkiewicz invité a todo el público a decir “Jesse es un pelotudo” cuando se equivocó en la presentación de una canción) hoy la banda apunta a dar un espectáculo demoledor y lo cierto es que lo logra con claridad. Precisamente mucho de esto tuvo que ver con el trabajo de la dupla de violas que el ya mencionado Adam (también encargado de hacer segundas voces) propuso junto Joel Stroetzel. La dupla le sumó a las canciones una claridad melódica y una velocidad imposibles, al punto de que mucho de lo que los contrastes de las mismas encontraron refugio en la capacidad de cada quien de construir su arquitectura sonora. Mike D'Antonio y Justin Foley desde el bajo y la batería respectivamente, fueron los encargados de sostener todo el andamiaje sonoro sin por ello dedicarse exclusivamente a hacer bases. Especialmente en el caso del baterista su aporte fue complejo y percusivo, generando espacios para que los breakdowns le dieran aire a las canciones o para que las mismas cobrasen más intensidad.

El caso de Jesse Leach merece un párrafo aparte. Su vuelta luego de alejarse de la banda por algunas cuestiones de salud por un largo tiempo con el tiempo se ha ido afianzando al punto de que hoy por hoy es imposible imaginarse a la banda sin su figura. Con un rango vocal amplio (que va de lo gritado hasta lo melódico sin problemas) sin lugar a dudas le aportó a la banda la actitud hardcore necesaria para que las canciones suenen con un nivel de frescura y bien entendida desprolijidad que seguramente está en el ADN musical de los muchachos. Canciones como “My Curse” o “The End of Heartache” cobraron una interesante potencia en su voz y su impronta que incluyó un incansable movimiento sobre el escenario y varios momentos donde se acercó al público a hacer cantar sus canciones.

En conclusión, la tercera visita de K.E. sirvió de confirmación de que lo suyo está lejos de ser una moda pasajera. Los muchachos han logrado construir una identidad propia y hoy por hoy son capaces de mostrar su propuesta con una intensidad pocas veces vista. Si más de uno se saca los prejuicios se va a encontrar con una banda que con una inteligente versatilidad puede interactuar casi con cualquier estilo de música pesada. La próxima, no se la pierdan.

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