Hiatus Kaiyote en la Ciudad Cultural Konex: Más allá de los estilos.

Crónicas
Hiatus Kaiyote en la Ciudad Cultural Konex: Más allá de los estilos.
Texto: Carlos Noro | Fotos: Sebastián De la Cruz

Para los que no los conocen Hiatus Kaiyote está lejos de ser una banda que puede encuadrarse en un estilo. En sus discos, la banda va por el lado del soul R&B y Jazz con algunos arreglos electrónicos. Al verlos en vivo eso es lo esperable, pero para los que conocen su propuesta era previsible los australianos encuentren nuevos caminos para mostrar lo que hacen.

La principal característica que tiene la música del cuarteto es su carácter expansivo y viajero, por eso a priori la propuestas de verlos en un espacio al aire libre parecía ideal. Las inclemencias climatológicas dijeron que no a esta posibilidad y llevaron el show hacia la polémica “sala de las columnas” que a pesar de sus usuales inconvenientes visuales y sonoros sostuvo bastante bien el transcurrir del show.

Si bien la cantante y guitarrista Nail Palm hizo referencia al lugar (“Me siento como si estuviera en una pecera”) la sensación fue que la propuesta de la banda fue más allá de lo que el escenario le propuso. Desde el comienzo el grupo apostó a la interacción entre la hipnótica figura de Palm (de pelo teñido de rosa y de profunda voz deudora de la tradición del soul) y lo que pudieran hacer sus compañeros Paul Bender en bajo, Perrin Moss en batería y Simon Mavin en teclados y sintetizadores si adaptarse a patrones esperados.

En este contexto, la gran virtud que tuvo la banda en vivo fue la de defender una idea de groove y de improvisación que atravesó a cada una de las canciones. Entonces fue interesante ver como la banda fue capaz de proponer distintos recorridos musicales en donde algún integrante de la banda tomó el timón y el resto supo acompañarlos. Obviamente mucho de lo que sucedió a lo largo de la noche tuvo que ver con el aporte que supo realizar Nai Palm. Si bien sería correcto decir que su adn está situado en un arco que va desde el soul al R&B, al verla en vivo, está calificación no hace honor a su impronta. Lo suyo va por el lado de ir sumando voces y sonoridades en función de lo que las canciones piden. Por eso no es casual que parese el oído a la hora de construir las sonoridades atmosféricas necesarias para que sucedan “Laputa” o “Mobius Streak”, al mismo tiempo que logra encontrar el groove necesario para que “Molasses” dialogue con el hip hop. En este punto su figura a lo largo de la noche se fue agigantando intensa y sensualmente principalmente porque fue capaz de encontrar refugio tanto en su propio caudal vocal como en la propuesta musical de sus compañeros.

Precisamente “Creations Part Two", una canción cien por ciento instrumental tal vez sea la mejor manera de definir como H.K. interactúa desde el punto de vista musical. De alguna manera canciones como estas dieron cuenta de la búsqueda del cuarteto por deconstruir su propuesta, saliendo y entrando por diversos estilos como el jazz, la música electrónica de vanguardia, el soul o incluso el post rock. En este punto cada quien hace lo suyo con una impecable capacidad de bifurcarse y encontrarse con la misma facilidad. Por momentos los ritmos sincopados de Moss, el bajo repiqueteante Bender, los miles de efectos de Mavin y la ocasional guitarra de Palm parecen proponer distintos estados. Cuando uno escucha la voz de Palm se da cuenta de que allí está lo que une a la banda y la que la convierte en una propuesta tan compleja como atractiva.

De esta manera y en el contexto de un show que fue subiendo en potencia e intensidad (no fue menor simbólicamente el momento que la cantante se puso el pañuelo que distingue a la campaña por el aborto legal) “Nakamarra”, tal vez su canción más conocida, fue la despedida para una banda inclasificable por definición pero que supo dejar en claro cuál es su impronta. Fruto de esta época, los australianos dan cuenta hacia donde pueden ir los cruces musicales. A seguir escuchándolos.