Dream Theater en el Movistar Arena: Entre el presente y el pasado.

Crónicas
Dream Theater en el Movistar Arena: Entre el presente y el pasado.
Texto: Carlos Noro | Fotos: Javier Rogoski. Cortesía Gaby Sisti Press.

Dream Theater vino a mostrar su presente y su pasado en un Movistar Arena que a pesar de no haberse llenado respondió con entrega y efusividad a la propuesta.

La nueva visita de Dream Theater vino esta vez con una triple propuesta. En primera instancia la idea fue mostrar las canciones de “Distance Over The Time” último disco de la banda, con la que el grupo levantó la puntería luego de un par de discos intrascendentes. La segunda tal vez fue la más atractiva para varios, principalmente porque la idea fue lafestejar los 20 años “Metropolis Pt II Scenes from a Memory” realizando de manera completa el disco que les dio el reconocimiento definitivo y que ya habían presentado en argentina en una inolvidable doble fecha que hicieron en el 2005 en Obras al Aire libre. Finalmente la tercer y última propuesta vino por el lado de conocer el Movistar Arena e “inaugurarlo” formalmente para eventos de música pesada.

En este contexto como era previsto el show se dividió en dos partes muy claras. Una primera parte estuvo dedicada casi en su totalidad a revisitar como dijimos la última obra del quinteto, mientras que la segunda parte recorrió el disco aniversario.

De esta manera “Distance Over…” tuvo presencia con seis canciones que dieron cuenta de lo que propone esta última etapa de la banda. La primera conclusión que se puede sacar cuando uno observa las canciones en vivo, es que a lo largo del tiempo la banda ha ido profundizado su técnica (como si esto fuera posible) de la mano de la pulcritud instrumental y la interacción entre los distintos integrantes. Hoy por hoy D.T. es una banda que se siente cómoda estableciendo pequeñas sociedades que potencian las facetas individuales por lo que si recorremos el aporte de cada quien eso se hace evidente. El omnipresente Mike Mangini a esta altura es el dueño y señor del puesto de baterista y lo hace sentir. A lo largo de estas canciones recorre una serie de estilos inimaginables (va literalmente desde el jazz al black metal, pasando por el doble bombo y la música progresiva) sin pifiar un golpe y con una disposición del instrumento extrañísima (gran parte de los tons y de los platillos ubicados en la altura). Desde ese lugar parece ser quien le da ritmo, velocidad y pesadez a las canciones. “A Nightmare to Remember” tal vez fue el ejemplo cabal de esto que decimos, interactuando con el machaque de John Petrucci y transitando por atmósferas más ligadas a la música extrema. En este sentido la el aporte de Petrucci hoy más que nunca es el de ser el líder instrumental de la banda. Sin pifiar jamás una nota y con una prolijidad admirable sus arreglos habilitan al aporte de John Myung desde el bajo (bien protagonista) y de Jordan Rudess, no tan protagonista en esta primera parte como en otras ocasiones. Desde este ordenamiento la banda es capaz de construir atmosferas modernas “Paralyzed” o futuristas “Pale Blue Dot” casi sin despeinarse, lo que para algunos en un adjetivo positivo y para otros es una falta de actitud, nuestra conclusión está a medio camino, por momentos el grupo engancha con su propuesta y por otros queda entrampado en la idea de demostrar el nivel de complejidad que puede alcanzar.

El caso de James Labrie tal vez sea el más complejo principalmente porque entre tanto frenesí técnico, debe aportar su voz. Sin haber perdido su efectividad, se nota que en esta etapa de su carrera muchas cuestiones relacionadas al paso del tiempo, las resuelve con el oficio. Entonces uno puede observarlo intentando llegar a las notas a veces con éxito y otras no tanto. Con relación a esto último, la posibilidad de descansar varios minutos entre canciones con una longitud apreciable, fue una cuestión que para esta primera parte del show se hizo evidente y necesaria, algo que la segunda parte hizo más compleja por la lógica interacción de las canciones.

Parte dos: Escenas del recuerdo en el presente.

Luego de más o menos media hora de descanso. La atmósfera cambió, por los que las visuales futuristas e incluso el pie de micrófono (que hasta el momento tenía la tapa del último disco) fueron reemplazadas por un nuevo ambiente para ir recorriendo el disco canción por canción. La gran virtud del disco tiene que ver con la idea de que es un relato que puede ser contando de manera ordenada, algo que no es menor: cuando uno escucha los doce momentos del mismo pueden encontrar una interesante variedad de atmósferas y colores musicales. Sostenido en un sonido que a lo largo de toda la noche fue perfecto, la banda fue transitando cada una de las estaciones del disco con momentos de alto nivel emotivo y otros no tanto con la confusa ayuda de una versión de la historia en formato de historieta desde la enorme pantalla por detrás. En este punto tal vez la banda aportó su decisión más polémica: una historia con una trama de policial psicológico, tal vez necesita de cierta oscuridad para crear el ambiente. La historieta restaba tensión y por momentos no concordaba con la música, algo por demás extraño.

Si hablamos desde lo musical la primera gran conclusión que puede establecerse es que La Brie hoy por hoy se siente más cómodo en cuanto a su caudal vocal y rendimiento con las baladas o canciones más lentas, que casualmente no tienen casi aparición en la nueva etapa de Dream Theater. Entonces las emotivas “Through my words” o “Through her eyes” fueron de los puntos más altos de la noche aunque la segunda tuvo la insólita decisión de que la percusión apareciera como pista. Siguiendo esta lógica, el aporte de Mangini no se limitó a respetar los arreglos de Mike Portnoy sino que por momentos se auto adjudicó la libertad de hacer varios cambios en las versiones originales sin por ello conspirar en las estructuras de las canciones. En este sentido la banda supo interpretar con maestría cada centímetro de las canciones generando con “One Last Time”, “The Spirit Carries On” y “Finally Free” tres momentos de gran sensibilidad en donde la inconfundible presencia de la impronta Floydiana se hizo presente en el ambiente, cerrando una buena interpretación del disco más disfrutable para los que nunca lo había visto en vivo.

El cierre final de la noche vino con otra canción del último disco “At Wit's End” que terminó de aportar el contraste entre un pasado con una prevalencia de las canciones y un presente mucho más pirotécnico desde el punto de vista instrumental. Cierre, aplauso y promesa devuelta. Los fans agradecidos.