Gil Trabajador: Gustavo Despalanque de Presto Vivace

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Gil Trabajador: Gustavo Despalanque de Presto Vivace
Texto: Carlos Noro | Fotos: Martín Darksoul

“Mientras el mundo, policía y ladrón, me bautizan sonriendo, gil trabajador” dice la letra del clásico de Hermética en un cruda descripción de la clase trabajadora argentina. Nosotros abrimos la pregunta ¿De qué trabajan quienes hacen cuando no están sobre el escenario? ¿Hay relación entre el sustento diario y la posibilidad de subirse al escenario? Quienes están en escena se bajan del escenario a contarnos su historia.

La historia musical: De hard rock al progresivo y ¿Del progresivo al hard rock?

El aporte vocal en el cuarto disco de Presto Vivace “Realidades convenientes” es por ahora el último paso de la carrera de Gustavo Despalanque que como es esperable, no siempre tuvo que ver con el metal progresivo argentino. “A los doce años descubrí Deep Purple gracias a un amigo que tenía mi hermano. El otro recuerdo es escuchar Kiss en la casa de mi tía”, dice Gustavo sobre la primera experiencia rockera de su vida, en lo que se convierte en una marca que todavía lo acompaña. Otro momento clave sucede a fines de los ochentas. “En esa época éramos un grupo grande de amigos que escuchábamos heavy metal y queríamos combatir el furor de la cumbia”, dice entre risas y luego relata “Se nos ocurrió hacer una banda pero nadie sabía tocar nada. Con el tiempo aprendimos a hacer algunas canciones y terminé cantando en lo que fue Viejo Pastor Inglés” cuenta sobre su primera experiencia en una sala de ensayo que en aquel momento tenía que ver con cantar covers de las bandas de hard rock con las que había empezado a disfrutar de la música que iban en la línea de Rainbow, Whitesnake, Purple y otros referentes del hard rock ochentero.

“La cosa se puso más profesional cuando me llamaron a tocar a Bliss una banda donde tocaba Heber Vicente, hoy baterista de La 25 al que considero un hermano”, recuerda para luego revelar que se abrió un nuevo mundo. “Ellos estaban en la onda de Living Colour y King X bandas que cuando conocí me llevaron a cantar profesionalmente y en un registro muy alto”, recuerda en lo que fue una especie de puerta de entrada a una propuesta más profesional y técnica. La historia se traslada a finales de los noventas cuando Anublar Cetro convoca a Gustavo para hacer una propuesta ligada a una banda también desconocida hasta aquel momento para el cantante: Dream Theater lo que significó un fue una especie de ingreso formal de Gustavo al ambiente del metal progresivo. “Incluso me pasó algo muy loco”, dice Despalanque. “En el 2004 Presto Vivace me convoca para presentar el su tercer disco (Ndr. El enigma de la parábola) que además era en inglés”, recuerda. “Me pareció casi imposible hacerlo en aquel momento. No me sentía preparado por la complejidad de la banda y por el tiempo que tenía para aprender las canciones”, reflexiona y relata la continuidad de la historia que lo lleva hasta la actualidad. “Paso el tiempo y Marcelo Perez Schneider (Ndr. Bajista y líder de la banda) me vuelve a convocar, me pruebo y ahí si me quedo” en lo que fue un periodo entre el 2007 y el 2012, que tuvo un impasse de dos años por cuestiones personales y que desde el 2014 lo tienen de vuelta en P.V.

Contra todo los pronósticos y con lo que uno pueden pensar Gustavo hace una salvedad cuando se le pregunta sobre si se siente un cantante de música progresiva. “Yo soy cantante de metal progresivo de casualidad. Amo el hard rock”, se sincera y cuenta su sueño “Yo no quiero ir de esta tierra sin tener mi banda de hard rock”, un sueño que tal vez en algún momento se haga real.

El trabajo diario: Conduciendo mi camión

“Hace veinte años que conduzco los camiones que recolectan la basura domiciliaria en el partido de Quilmes” responde sintéticamente cuando se le pregunta cuál es su labor más allá de lo musical. “Siempre trabajé de mañana porque me permite aprovechar el resto del día para ensayar o para esta mi familia” cuenta y detalla que, para él, la mañana es casi nocturna. “Mi despertador suena a las tres y diez de la mañana. Llego al trabajo ficho y tengo un camión designado” en una tarea que comienza de esa manera y continúa durante varias horas.  “Reviso el funcionamiento del camión hasta que a alrededor de las cuatro llegan los cuatro recolectores que trabajan conmigo en una zona delimitada por un conjunto de calles” lo que permite el inicio formal del recorrido que se extiende por cuatro o cinco horas.

La pregunta que surge entonces tiene que ver con los posibles cruces entre el Gustavo de Presto Vivace y aquel que trabaja diariamente en el municipio de Quilmes ¿Hay algún vínculo entre uno y otro? ¿Conocen sus compañeros algo de su otra faceta? ¿Hay algún tipo de conflicto de intereses entre cada espacio? Estas son algunas de las posibles preguntas a responder.

“Tengo un recorrido laboral donde estoy solo o como mucho junto a uno de los recolectores. Me da tiempo para pensar muchísimo y eso después se lo planteo a mis compañeros. Me imagino en lista de temas, pienso en cómo se puede proyectar una fecha” dice sobre una posible relación entre la música de Presto Vivace y lo que sucede en su labor diaria. “Más allá de esto no hay demasiado vínculo porque mis compañeros escuchan más que nada cumbia y con suerte rock, por lo que es medio difícil acercarlos a la propuesta que hago”, cuenta y establece una especie de línea divisoria entre los dos espacios.

Aunque a simple vista no parece haber grandes conflictos entre los dos mundos, esto no excluye que haya momentos en los que las giras y show intenten sacarle algo del tiempo a la jornada laboral diaria. Ahí aparece una nueva pregunta ¿Qué pasa con esta cuestión cuándo se hace presente? “Tengo la suerte de haberme encontrado con gente que comprendió y comprende mi fanatismo y mis ganas de hacer música”, en lo que a simple vista da cuenta de que su laburo formal posibilita muchas veces poder sostener su propuesta musical “Mis supervisores siempre fueron buena onda con esas cuestiones. Si había alguna fecha que se complicaba con mi horario laboral, ellos los sabían comprender para poder cumplir con la fechas pactadas y con las bandas que fui teniendo”. Esta situación se potencia cuando algún show termina por la madrugada. “Me ha ocurrido tocar como soporte de bandas de afuera para cientos de personas y a las dos horas estar manejando el camión en soledad”, reflexiona y luego completa “Me digo y me planteo si hace dos hora era el tipo más afortunado del planeta haciendo música como puede ser que dos horas después esté en soledad trabajando” se sincera. “Esas son las contrariedades de ser un trabajador de la cultura en argentina”.

La idea de trabajador de la cultura es una interesante manera que elije Gustavo a la hora de nombrar su relación con la música. La pregunta entonces viene por el lado de la elección entre el Gustavo que se sube al camión todos los días y aquel que se sube al escenario. ¿Es posible elegir quedarse con uno de los dos? “Es muy difícil contestar” reconoce. “Tengo la suerte de estar en una banda que tiene el reconocimiento de mis pares, de gente a la que iba a ver en sus shows y que ahora son colegas míos. Ellos tiene palabras maravillosas hacia lo que yo hago, tanto en la banda como respecto a mi performance vocal” dice a la hora de hablar sobre lo que le sucede en la música. “Ese es un mundo en el que los que estamos dedicados a esto, nos gustaría quedarnos más tiempo, que eso sea redituable y poder pensar veinticuatro horas en música y para la música” concluye y abre la pregunta hacia la posibilidad de dedicarse a full a la música y lograr la subsistencia gracias a ella.

A la hora de evaluar entonces la interacción entre sus dos universos Gustavo no duda en elegir a uno de los dos mundos, principalmente porque le permitió y le permite ser libre en el otro. “A mi trabajar me dio la posibilidad de elegir, por lo que me quedo con el Gustavo trabajador” relata. “Me han ofrecido durante todos los años en los que he cantado hacer muchísimos géneros que me no me gustan por un pago a cambio y no he aceptado porque siempre tuve mi trabajo formal”, afirma y culmina reflexionando sobre los dos mundos “Yo siempre fui un Gustavo trabajador porque no estoy nada conforme con lo que hago vocalmente. Me exijo todos los días porque siempre pienso que puedo mejorar” cierra a la hora de hablar de la relación entre la vida en el camión y el escenario.

La pregunta final viene entonces por la posibilidad de vivir de la música. ¿Es posible hacerlo en la Argentina? “Desde hace un par de años tengo un par de conocidos que viven de la música pero están contados con los dedos” menciona. “No es fácil” dice y se anima a dar una respuesta. “Obviamente es como cualquier trabajo que tiene sus vaivenes. Sus altas y sus bajas”. “Si bien ellos trabajan, cuando ganan dinero es cuando sesionan” para detallar un requisito para desde su punto de vista clave. “Hay que lograr una excelencia para vivir de la música”. “Es muy difícil, son muy pocos los que pueden tener esa gloria”, cierra y da lugar a un futuro que tal vez en algún momento cambie.