Nueva psicodelia pesada

Reseñas
Nueva psicodelia pesada
Texto: Carlos Noro

Dos propuestas para iniciar el viaje

El Triángulo “La fuga del Color”. Independiente. 2020

La búsqueda de uno mismo. Calificación 10.

El Triángulo podría ubicarse dentro de una línea de bandas que han sabido re descubrir el sonido del rock pesado y psicodélico argentino y lo han transformado en una música nueva, atrayente, experimental y voladora. Desde una estructura musical que apunta a una complejidad lisérgica, pesada y progresiva la banda propone un inteligente recorrido por el interior de uno mismo que se transforma en un gran viaje de sensaciones, sentimientos y sonoridades. Si bien la mayoría de las canciones del disco proponen momentos interesantísimos, la trilogía “Otro día Pasa” con sus tres momentos al principio y promediando el disco, sirve de ejemplo de esto que decimos, con su referencia ineludible a “The Great Gig in the Sky” (estupenda incorporación de la voz de Sabrina Gorosito) mediante y un crescendo de melancolía e intensidad incesante.

En concreto, a lo largo del disco, el trío (Santiago Pérez en Guitarra y Voz, Laureano Kraemer Laballen en Bajo y Lui Ruiz en Batería) es capaz de construir una dinámica musical que no le escapa a la posibilidad de explorar distintos tipos de géneros. En este sentido la obra pasa sin problemas por el rock pesado lisérgico (“Vacío”) detalla un resultado de un mal viaje (“Persiguiéndome”) e incluso le guiña el uno ojo al reggae (“Las Sobras”) siempre sostenido en la voz de Santiago Perez con un registro particularmente agudo y jugado que escapa a los estándares de lo que se suele escuchar en las re lecturas del rock pesado de los setentas modelo 2020, porque propone un interesante abanico de intensidades y colores. Precisamente en este último punto está una de los aspectos novedosos y aventureros del disco. A lo largo de las canciones hay un fraseo vocal, infrecuente y a la vez poético e imaginario que se sostiene desde lo instrumental sin problema. En algún punto los casi quince minutos de “Río Muerto” al final de disco sirven síntesis para entender la propuesta del trio. Rock pesado experimental, algo de rock espacial junto la frase “Seguir o despertar, el amor se muere en esas hojas /Continuar, desgarrando la carne de uno” construyen un vínculo perfecto. Reinventarse o repensarse parece ser el camino en esta búsqueda eterna de poner color a nuestras vidas.

Nube “Asperatus”. Venado Records. 2020

A volar desde la Patagonia. Calificación 9

Desde el Alto Valle de Río Negro y Neuquén, Sebastián Porro Voz en guitarra y flauta, Rama Fernández en Bajo y coros, Maxi Tomazín en Batería y Nico Kucharuk Teclados proponen desde este disco en vivo sintetizar una propuesta que tiene como característica la apertura casi sin descanso a diversas atmósferas y sonoridades. Si algo que caracterizar a la banda (y tal vez sea su gran virtud) es sostener a lo largo de las ocho canciones una serie de historias que no necesariamente estén conectadas pero que conceptualmente pueden llegar a tener algún punto en común ligado al descubrimiento del propio yo y a la búsqueda de una vuelta a la naturaleza como símbolo de paz y sosiego. En este punto las referencias a las escuelas psicodélicas de los sesentas y setentas son varias y explicitas sin por ello resultar en una copia descarada. Uno puede intuir que canciones como “Padre sol, Madre Tierra” pueden llegar a unir al cuarteto con propuestas como las del primer Color Humano, pero en seguida aparece una identidad propia que abre el juego hacia la música progresiva, el free jazz y que defiende una libertad creativa más que interesante. De la misma manera podría hablarse del primer Spinetta o de vínculos más actuales con el Pez más experimental pero las relaciones hablan más de un mismo lenguaje porque el grupo muestra una identidad propia más que interesante.

En este punto la particular y teatral interpretación de Sebastián Porro es uno de los puntos más originales del álbum que de por si genera un alto nivel de asombro. A la hora de describir paisajes bucólicos como por ejemplo en la intensa “Canterbury” (que además es un homenaje a la escena psicodélica inglesa que en su momento generó bandas como Gong) no le escapa a la posibilidad de vincularse con ideas surrealistas o fantasiosas lo que de alguna manera dota de un color particular a las canciones. Algo similar sucede en canciones como “Las Hojas” y “Entre los árboles” donde la idea de “despertarse y darse cuenta”, “de renacer”, “de aprender a mirar lo que nadie ve” se muestran como fábulas de búsquedas personales con la naturaleza funcionando como universo y como sentido. En estos momentos más estéreos y rupturistas la música de Nube se vuelve más imprevisible, ruidosa, confusa y en algún punto sincera principalmente porque el objetivo es abrir sentidos y no cerrarlos.

Canciones como “Analizándolo” llevan la atmósfera hacia el rock pesado con un sonido de hammond casi omnipresente. Si bien la temática es similar (la búsqueda del sentido) la idea de repensarse se potencia en uno de los momentos más pesados en intensos del disco. Algo de esto continua en “Samsara” potenciando la idea del ciclo de existencia y ¿reencarnación? del ser humano con una mezcla de sonoridades atmósfericas y pesadas y en “Como es arriba, es abajo” que además de cerrar oníricamente el disco deja en claro la necesidad de mirar con otros ojos la realidad pare entenderla. Así tal vez todo lo malo que sufre el ser humano en algún momento pueda transformarse y resignificarse. Tal vez ese sea el camino. Gran disco de estos viajeros de la Patagonia.