El soundtrack de mi vida: Federico Ghazarossian de Acorazado Potemkin presenta a Color Humano.

Entrevistas
El soundtrack de mi vida: Federico Ghazarossian de Acorazado Potemkin presenta a Color Humano.
Texto: Carlos Noro | Fotos: Chechu Dalla Cia

La música es capaz de crear atmósferas y momentos entrañables al punto de que hay quienes no pueden imaginarse su vida sin ella. Nuestros protagonistas eligen su banda más querida, cuentan cómo nace ese amor indescriptible y recomiendan por dónde empezar a transitarlo.

“Quiero aclarar que no tengo una única banda preferida, ni un único soundtrack”, dice Federico Ghazarossian a la hora de elegir solamente un grupo, tarea que para algunos puede ser compleja teniendo en cuenta la cantidad y variedad con la que han ido encontrándose a lo largo de su vida. “Siempre me gustó mucho todo tipo de música y que la música es infinita. Entonces quedarnos con un solo artista sería injusto”, aclara y da la pauta de que su elección hoy es una en particular, pero podría cambiar en cualquier momento.

Precisamente la idea de cambio atraviesa la historia musical de Federico Ghazarossian. El ahora bajista de Acorazado Potemkin (con quien lanzó el año pasado el excelente “Piel”), fue parte de los míticos Don Cornelio y la Zona, pasó por Los Visitantes, Me darás mil Hijos e incluso durante un largo tiempo tocó el contrabajo en tanguerías llegando incluso a participar de varios proyectos ligados al tango, lo que da la pauta de una búsqueda incesante por abrir nuevos caminos.

 

En este contexto la elección de Federico tiene que ver con una banda que fue parte de su adolescencia y que tiene que ver con la historia del rock argentino de principios de los setentas: Color Humano. Con una existencia corta pero efectiva, la banda formada luego de la disolución de Almendra, significó una especie epifanía para un Federico que como “todo adolescente se comía literalmente los discos que le llegaban”

La historia entonces encuentra a un Federico Ghazarossian con quince años en plena búsqueda inconsciente por construir su gusto musical. “A finales de los setentas y principios de los ochentas para mí era imposible conseguir los discos por lo que dependías de algún hermano mayor que le gustara el rock”, recuerda. “Tuve la suerte de tener ESE AMIGO, que tuviera ESE HERMANO y que tuviera los discos originales” completa y rememora que hizo en aquel momento. “Me desesperé por grabar todo el casete todo lo de banda. Me volví loco”, dice para dejar en claro qué significo el grupo de Edelmiro en aquel momento de su vida.

A pesar de no haberlos visto en vivo por una cuestión de tiempos (la banda se separó mucho antes de que la descubriera) recuerda haberlos visto en la película Hasta Que Se Ponga el Sol iniciando el festival. “Fue genial haberlos visto ahí. Me encantó verlos de alguna manera cara a cara” dice y luego hace un salto temporal hacia los noventas en donde también sucede un encuentro. “Una vez estaba tocando con Los Visitantes en The Roxy cuando estaba en Avenida Rivadavia y de repente apareció Edelmiro” cuenta. “Me volví loco y obvio me animé a hablarle” completa “Me pareció una linda persona y muy honesta” concluye al referirse al líder de C.H.

La pregunta final tiene que ver con la influencia del trío en la música que Federico ha compuesta a lo largo de los años, respuesta que como es previsible apunta a abrir sentidos. “La única relación que veo es que es parte de la información musical que mame, junto a muchísimos grupos, solista, orquestas de todo tipo de ritmos, estilos y formas”, culmina y afirma “Fue una banda muy importante en mi adolescencia, seguro tiene que ver con lo que hago”.

Color Humano (1972)

“En este primero disco la banda estaba Edelmiro Molinari en voz y guitarra, Rinaldo Rafanelli en bajo y coros y David Lebón en batería, una formación un tanto extraña pero que sonaba espectacular”, cuenta Federico sobre este primer volumen del grupo. “Es un es un disco que tienen grandes segmentos improvisados, hay mucha zapada” y detalla sobre lo que le llamó la atención en aquella época y aún continúa siendo algo que vale la pena hoy en día destacar. “Hay una búsqueda impresionante por ir construyendo pacientemente las improvisaciones. Te diría que es como que se salen siempre de la canción en un intento permanente de llevarte para otro lado”, explica y pone un ejemplo. “El comienzo del disco con un tema acústico en el que Edelmiro canta con Gabriela que se llama Padre sol, Madre sal es algo hermoso”, destaca y luego se anima a definir el resto de la obra. “Tiene toda una carga hiper eléctrica, una especie de blues psicodelico con letras hiper voladas donde lo onírico está siempre presente”, cierra para describir en pocas palabras lo que significó la primer muestra de un proyecto que duró tres discos, tuvo un efímero regreso para un disco en vivo en  1995 y aún está presente en el imaginario del rock argentino.

 

Color Humano II (1973)

“Acá hay un cambio muy fuerte, ingresa Oscar Moro y la banda parece literalmente otra”, cuenta sobre el disco. “Se nota una amalgama más clara entre la base, que es demoledora” dice respecto a la interacción entre Rafanelli y Moro para enseguida animarse a hacer una comparación con otra dupla clave a principios de los setentas. “Diría que está a la altura de lo que hacen Machi y Pomo en Invisible”, reflexiona con relación al impacto que la base rítmica tuvo en el sonido final de la propuesta. “El resultado fue un disco muy compacto donde profundizaron en esa mezcla de rock y blues psicodélico”, concluye y menciona a “Pascual tal cual” y “Humanoides” como dos canciones “que te pasan por arriba”.

Color Humano III (1974)

“Aquí conservan la misma formación pero se los nota con un sonido más fino y pulido” cuenta sobre el último disco de estudio del grupo. “Tienen temas muy largos profundizan la idea de las zapadas pero hay algo interesante en como encararon las letras y la música”, aporta para pensar la progresión entre las tres obras. “Como último disco del grupo sella el tiempo en que tuvieron juntos y la curiosidad que tenían como banda”, analiza en retrospectiva y cuenta que es para él el disco. “Me encanta. Es un disco fuera de tiempo, una gran obra” cierra a la hora de mencionar lo mejor de este último disco de C.H. en su época setentosa