Rompecabezas Bohemio

Reseñas | Roberto Bolaño. Los Detectives Salvajes. Anagrama. 1998
Rompecabezas Bohemio
Texto: Carlos Noro

Los Detectives Salvajes es una de esas novelas que uno podría calificar como titánicas. Tanto desde el contenido como desde lo formal, plantea un recorrido visceral por un Latinoamérica  profunda pero a la vez bohemia y salvaje desde la visión de tres personajes: el joven Juan García Madero (cuyo diario construye  la primera y tercera parte del relato) y  dos poetas que atraviesan transversalmente la historia: Arturo Belano y Ulises Lima (básicamente, en el primer caso, un alter ego del propio Bolaño) quienes recorren distintos lugares del mundo y ven relatadas sus experiencias a través de fragmentos que se organizan como pequeños ensayos poéticos – narrativos con un ímpetu y una fortaleza inconmensurables.

En este contexto, es bastante complejo seguir un hilo narrativo que, por virtud de Bolaño se convierte en una especie de rompecabezas en donde uno mismo es el detective que debe unir las piezas que construyen no solo la vida de estos poetas si no la bohemia, los amores y las desventuras de la generación del setenta de la que él también fue parte.

De lectura compleja, pero de una profunda belleza narrativa y poética, Los Detectives Salvajes es una interesante forma de encontrarse con una de esas novelas que uno recuerda porque son distintas. Vale animarse a transitarla.

Te dejamos un fragmento de Los Detectives Salvajes:“Hay una literatura para cuando estás aburrido. Abunda. Hay una literatura para cuando estás calmado. Ésta es la mejor literatura, creo yo. También hay una literatura para cuando estás triste. Y hay una literatura para cuando estás alegre. Hay una literatura para cuando estás ávido de conocimiento. Y hay una literatura para cuando estás desesperado. Esta última es la que quisieron hacer Ulises Lima y Belano. Grave error, como se verá a continuación. Tomemos, por ejemplo, un lector medio, un tipo tranquilo, culto, de vida más o menos sana, maduro. Un hombre que compra libros y revistas de literatura. Bien, ahí está. Ese hombre puede leer aquello que se escribe para cuando estás sereno, para cuando estás calmado, pero también puede leer cualquier otra clase de literatura, con ojo crítico, sin complicidades absurdas o lamentables, con desapasionamiento. Eso es lo que yo creo. No quiero ofender a nadie”.