En el nombre del padre

Reseñas | Orchid + Kadavar + Scorpion Child
En el nombre del padre
Texto: Carlos Noro | Fotos: Jorge Sebastián Noro

La gente de sello Icarus, con la generosidad permanente que los caracteriza, nos hizo llegar tres bandas que retoman las enseñanzas de los setentas y las transforman en una propuesta tan contundente como efectiva. Si crees que el rock terminó en 1979 dale una oportunidad a Orchid, Kadavar y Scorpion Child. Comprá los discos. Valen el esfuerzo.

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ORCHID - The Mouths of Madness (Nuclear Blast/Icarus 2013)

Desde la primera canción de “The Mouth Of Madness” es imposible dejar mencionar algo que brota por los poros durante toda la placa.  Lo estadounidenses Orchid tienen un objetivo claro: reproducir la adoración por Black Sabbath casi al detalle. Claro que para eso hay varias tácticas. La primera es hacer una lectura los yeites de Iommi y compañía  (el riff ominoso, la aparente simpleza rítmica de sus canciones, los impredecibles cambios de tempo, la temática ocultista – metafísica de sus líricas) adornándolos con una atmósfera bien rockera (la ya mencionada “Mouth”…) con el riesgo de caer en una cita demasiado textual. Tal vez por eso aparecen los teclados y la insistencia de imponer el estribillo tribunero como una forma de realizar una relectura de los cinco primeros discos de la bruja negra, mezclada con una base rítmica de excelente desempeño, en especial el tándem conformado entre el bajista Keith Nickel y el baterista  Carter Kennedy, que parece tratar de reproducir la atmósfera de la era Dio (tal vez “Wizard Of War” sea una muestra contundente de esto) con el agregado de algún que otro guiño a técnicas de producción y grabación más actuales. Precisamente este es uno de los grandes aciertos de la placa: a pesar de apuntar a reproducir la atmósfera de los setentas, aquí se puede apreciar un sonido que hace justicia con la sutileza de los arreglos que están por detrás de la parafernalia rockera. “Mountain Of Steel” por citar un ejemplo, incorpora un arreglo de sintetizadores  que construye una canción diferente a lo que uno podría esperar,  llevándola directamente hacia el espacio exterior. “Loving hand Of God” propone una melodía vocal (excelente el cantante y líder Theo Mindell aquí) que se hermana con la melodía de viola (Mark Thomas Baker) multiplicando por mil la explosión riffera que parece ser infinita. Incluso el cierre del disco con “See You On The Other Side” posee una arreglo percusivo que lleva a la banda hacia otro plano de experimentación, dando la pauta del futuro próximo de la agrupación

A pesar de que el parecido por momentos es demasiado evidente (“Nomad”, el ya mencionado “Mountain Of Steel” y “Leaving it all behind” recuerdan a ya saben quién casi nota por nota) da la impresión que a los muchachos les importa poco y nada. Su objetivo por ahora es realizar una relectura de la gloria pasada. Lo logran y entretienen. No es poco.

KADAVAR - Abra Kadavar (Nuclear Blast/Icarus 2013)

“La música que vos podés escuchar en este álbum fue tocada y grabada en vivo, en una sola habitación con amplificadores al máximo volumen”, es la frase que muestra el booklet de este segundo disco de los alemanes de Kadavar, un curioso trío de barbudos alemanes conformado por por Christoph Lupus Lindemann en guitarra y voz,  Simon Dragon Bouteloup en bajo y Christoph Tiger Bartelt en batería. ¿Qué tiene que ver esto con la descripción de Abra Kadavar? Muchísimo. Desde el comienzo con  la pirotecnia rockera de “Come Back To Life” uno puede vislumbrar un sonido crudo, orgánico y pesado en la que unión rockera de los tres integrantes se hace evidente. Hay melodías coreables, contrapuntos entre esas melodías y la voz, cortes, cambios de ritmos, en definitiva esta todo aquello que llamamos rock pesado y que “Doomsday Machine” no hace más que acrecentar repitiendo el riff base hasta que se incrusta en el cerebro del oyente. “Eye Of the Storm” parece escrito por Pappo´s Blues pero con el sonido valvular que este tipo de bandas puede lograr en nuestros días. “Black Snake” es una especie de fábula rockera en la que esa serpiente se acerca peligrosamente. Propone una aire blusera (algo que se respira en la atmósfera general del disco) anclada en una raíz pesada algo que “Dust” pondrá a prueba para salir victorioso.

“Fire” tal vez sea el tema que sintetiza todas las virtudes del trío. Sostenido en un trabajo de voz agresivo y potente su ritmo de cabalgata va creciendo con vertiginosa intensidad hasta llegar al climax riffero. Aquí hay zapada, cortes, quebradas, vaivenes y mucha testosterona de rock pesado con un nivel de tensión pocas veces visto. “Liquid Dream” podría ser punk desde la melodía vocal pero es simplemente un tema de rocanrol en el que el teclado suma protagonismo. “Rhythm for Endless Dream” incorpora el theremin para llevar el sonido hacia el los estados oníricos de conciencia en un clima más cerca del space rock que de la catarata de riffs que propone el disco. El cierre con el instrumental “Abra Kadabra”, con un clima de zapada dirigida a lo Cream, es el cierre perfecto para un gran disco sostenido en la contundencia y en la efectividad. Sin muchas vueltas estos alemanes viven los setentas en nuestros días. El rock pesado agradecido.

SCORPION CHILD – Scorpion Child (Nuclear Blast/Icarus 2013)

Si Orchid debe su vida a la Bruja Negra y no se ruboriza en aceptarlo, seguramente a los estadounidenses – texanos de Scorpion Child (Aryn Jonathan Black en voces, Christopher Jay Cowart y Tom "The Mole" Frank en guitarras, Shaun Avants en bajo y Shawn Alvear en batería) tampoco se les caerán los anillos si los comparamos con Led Zeppellin, Deep Purple o Whitesnake. Desde el inicio con el fade in de “Kings Highway” la idea es mostrar un rock siempre pesado con la mixtura justa entre el estribillo coreable y la atmósfera blusera algo que “Polygon Of Eyes” no hace más que afirmar. “The Secret Spot” utiliza el clásico recurso de arrancar como si fuera en vivo y es peligrosamente parecido al riff inicial “Watchin You” de Kiss. “Salvation Slave” se anima a coquetear con el funk  (gran trabajo de efectos de pedales) sostenido en un aire épico y arengador por partes iguales cerrando el primer tramo de la placa.

A esta altura un par de cosas quedan claras: por un lado la banda es efectiva sostenida en el interesante, aunque no demasiado original, color vocal de Aryn Jonathan Black capaz de sonar a Plant o Coverdale según lo exija la canción; por el otro la música tiene la impronta de aquellos a los que el quinteto admira, más allá que la originalidad sea una deuda importante en los riff que sotienen las canciones.

La segunda parte del disco (orientada a generar climas que vayan más allá del rock clásico) comienza con “Liquor” una alegoría que cuenta los excesos del escabio y el amor perdido continúa con “Antioch” una clásica balada rutera y melancólica que trata de ser épica sin llegar a serlo con toda la soltura necesaria para desembocar en “In the arms of ecstasy”, un tema que pretende emular la grandilocuencia y el dramatismo de las grandes canciones de los setentas pero que no termina de tomar toda la identidad épica que precisa para convertirse en uno de esos. Para el final “Paradigm” una típica canción de rock pesada y la balada rivereña “Red Blows (The River Flows)” con un interesante arreglo de percusión con aires orientales y el cover de Lucifer´s Friend “Keep Goin´”, dan cierre a un disco tan rockero como correcto. Nada más ni nada menos.

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