Expansión sonora.

Crónicas | Nadja + StilteBhutan + Dronevil
Expansión sonora.
Texto: Carlos Noro | Fotos: Martín Darksoul
Mié, 04/12/2013 - 10:30
Zaguan Sur ?

Si tenemos que elegir un leitmotiv que atraviese transversalmente a las tres propuestas que se desarrollaron durante la apacible noche del barrio de once, la definición estaría por el lado de expandir el horizonte musical hacia fronteras ligadas con lo sensorial, el subconsciente y los sonidos que superan el entendimiento racional. Con una apreciable cantidad de público, varios afortunados tuvieron la posibilidad de encontrarse con una interesante variante de música, instrumental, atmosférica y disímil por sobre todas las cosas.

En este sentido Dronevil (un proyecto unipersonal llevado a cabo en su totalidad por Adriel David) apostó por crear climas más cercanos a lo ambiental, lo minimalista, lo onírico y lo atmosférico con la ayuda de los sintetizadores y de alguna guitarra también guiada con esa lógica. Con una interesante serie de proyecciones (en su mayoría geométricas) hay que decir que su propuesta es para aquellos que piensan que el ruido (los acoples, efectos e interacciones) pueden ser parte de una expresión musical que vaya más allá de los cánones normales. Interesante oferta para abrir la mente y conectarse con una propuesta atrayente por la deformidad y la simpleza que propone.

A la hora de que subiera la big band formada para la ocasión entre los integrantes de Stilte (Nahuel Sanguinetti en batería, Matías Ridolfi en bajo, Pablo Fasce en guitarra y Manuel Platino en sintetizadores, saxo y “efectos”) y Bhutan (Martín Tarifeño, en sintetizadores, theremin, guitarra y “efectos”, Francisco Badano en guitarra y Andrés Gargiulo en bajo) el escenario se había poblado en demasía, dejando un claro contraste con la primer propuesta de la noche. Tal vez el inicio, una especie de jam deforme entre todos los integrantes, sirvió para empezar a configurar las distintas asociaciones que conformarían el set. Badano y Fasce aportarían los riffs bien marcados en medio de innumerables efectos de pedal, Ridolfi y Gargiulo sostendrían con contundencia lo que Platino y Tarifeño desarrollarían a través de una serie de efectos sonoros deformes, etéreos, atmosféricos y ominosos según las necesidades de la canción. Sanguinetti por su parte colaboraría con el desarrollo percusivo de cada pasaje, tomando protagonismo a medida que el set crecía en intensidad (algo que fue claramente el objetivo general de la propuesta). Precisamente la oscuridad y asfixiante de “Dead” uno de los temas de Behind Dead Woods (Bhutan),  que obviamente fue revisitado para la ocasión, dio paso a una genial versión de “Capital del dolor” de La Derrota Muere con ellos (Stilte) que logró un nivel de intensidad, desahogo y pesadez en el que cada integrante colaboró para llegar al clímax sonoro propuesto. De esta manera y con StilteBhutan llegando al límite de su comunión sonora, se dio cierre a un set que resultó corto principalmente por lo atrapante y contundente del todo que fue la suma de los integrantes. Ojalá se repita.

Para cuando llegó el dúo de los canadienses Nadja (Aidan Baker junto a su mujer Leah Buckarref) ya varios habían tenido la posibilidad de intercambiar palabras con ellos e incluso hacer firmar su discografía que ellos mismo se encargaron de vender en el clásico puesto de ventas. De alguna manera esta actitud simple, relajada y para nada excéntrica acompañó el set que desarrollaron. Con algunos problemas de acoples al principio (que luego se solucionaron), el dúo eligió centrarse en la sonoridad más cercana al doom ambiental o experimental de su extensa discografía (quince álbumes de estudio e innumerable cantidad de ep´s) siempre sostenida por las baterías programadas y por las infinitas capas de sonidos desarrolladas por Baker desde su guitarra (utilizando una serie de pedales y efectos varios disponibles en una mesa a su lado). Desde ese espacio de creación sonora, la propuesta fue en búsqueda de distintos sonidos repetidos hasta el cansancio conformando una especie de mantra en el que uno (si escuchaba con detenimiento) podría llegar a discernir algunas de las capas que conformaban esa arquitectura sonora. Con la particularidad de que Leah Buckarref siempre permaneció de espaldas al público (casi conformando un contraste perfecto con la presencia de su marido) se notó un profundo respeto del público por cada uno de los momentos del set en el que la presencia de las voces solo conformó otra de las capas de explosión sonora propuesta por el dúo. El final, luego de un tema ejecutado a modo de bises los mostró bajando del escenario y caminando entre la gente. La sensación del final fue que fechas de este estilo volverán a repetirse. Esperemos que suceda.

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