Para las almas sensibles

Crónicas | Pez festejó 20 años
Para las almas sensibles
Texto: Carlos Noro | Fotos: Gimena Cuenca
Dom, 08/12/2013 - 21:30
Niceto Club ?

En un gusto que muy pocos pueden darse, la gente de Pez decidió festejar los sus 20 años en lo que en un comienzo iba a ser una única fecha en Konex, pero que luego se transformó en una fecha doble incluyendo Niceto Club (ambas con localidades agotadas). La presencia de diez músicos que fueron parte alguna vez de la banda y una cantidad de canciones que recorrieron todas las épocas, dieron color a la celebración merecida y ganada a fuerza de sudor, tenacidad y trabajo.

El inicio fue para el trío original que grabó Cabeza (1994) que, sumó al omnipresente Ariel Minimal la presencia de los hermanos Alejandro Alez Barbieri en bajo y Pablo Poli Barbieri en batería respectivamente. Pasaron “Rompe el alba / Lo que se ve no es real” (toda una afirmación de principio con la frase si soy un pez / lo que se ve no es real) junto a la balada progresivo spinnetiana llamada “Talisman” (antes Minimal se encargó de aclarar que se conoce con los hermanos desde hace cuarenta años). Siguó “Monstruo” de aire zepelliniano, para cerrar con “Y el barco se llama Ganga Yamuna”, una bellísima canción que terminó inundada por la efervescencia del power trío (incluso con Poli Barbieri arrojándose a los brazos del público).

La formación de Quemado (1996), con la presencia del actual baterista Franco Salvador y de la bajista Iris Auteri pareció trasladar la agitación a “Fuerza” pero poniendo de manifiesto como el grupo (al igual que en su historia discográfica) dejaba algo de la actitud punk para sumar complejidad rockera. “No mi corazón coraza” (con algún corte y quebrada piazzolesco) dio paso a “Lo que cuenta”, algo así como un blues pesado que profundizó el cierre con “Rindiéndole cuentas a quien” (que imaginariamente podría definirse como una canción de Pappo´s Blues pasada por una máquina de rock progresivo).

Los ingresos de Fósforo García y Pablo Puntoriero (en saxo y flauta traversa con evidente escuela jazzera) dieron paso a  “Haciendo real el sueño imposible” (una suerte de resumen de la historia de Pez dijo Minimal)  que incluyó un pequeño interludio de Pepo Limeres en teclados y un interesante recitado del poeta Hernán Seco sobre una base con toques jazzeros. La melancólica “Viento destino en vidamar” contó con la presencia de Juan Salese en teclados desarrollando unos de los momentos más climáticos de la noche junto a “Sol, un fantasma en la ciudad” (muy cercano a Invisible o al Pescado Rabioso de Artaud) y el cierre final con la alegoría tanguera – perdedora de “El Cantor” en una especie de remanso frente a la intensidad rockera con la que se sucedían las cosas.

Siempre hicimos música para nosotros mismos, por lo que nos sorprende ver la bola de fuego en que se convirtió esto”

Con la presencia de Leopoldo Pepo Limeres en teclados y Ernesto Romeo en sintetizadores (uno en cada punta del escenario) otros nuevos climas se fueron generando. Fue inevitable no prestar atención al diálogo musical que establecieron en “Por siempre” y “Maldición” y la impronta atmosférica con la que dotaron a la belleza de “Sus alas ya no vuelan, no pueden volar” para volver al pulso rockero progresivo con una vibrante y compleja versión de  “Respeto”.

Sin la presencia de Romeo, y luego de haber transitado por canciones de Convivencia Sagrada (2001), El sol detrás del sol (2002) y Folclore (2004); el turno fue para esa pequeña canción con aires de rock sureño llamada “Bettie en el desierto” perteneciente a Hoy (2006). “Siempre hicimos música para nosotros mismos, por lo que nos sorprende ver la bola de fuego en que se convirtió esto”, dijo Ariel Minimal antes de lanzarse “Al Espacio” y dar por finalizado el set con invitados, con la genial “Los Orfebres” del álbum homónimo del 2009.

Para cuando quedo en el escenario el trío actual (Ariel Minimal, Fósforo García y Franco Salvador) la idea era recorrer la lista pautada dándole lugar al reciente Nueva Era, Viejas Mañas. Efectivamente esto sucedió con “Os Garcas”, “La Madre de Todas la Artes” y el más que oportuno cierre con “Los Verdaderos Sonidos de la Libertad” (otro de los temas que hacen carne el sentir del grupo). Lo que no estaba previsto es que el grupo abriera el juego para realizar una serie de canciones pedidas por la gente, hasta llegar al increíble número de 36 canciones ejecutadas durante toda la noche. Pasaron “Desde el viento en la montaña hasta la espuma del mar”, “Desengaño”  “Último acto” y “Vamos” (favoritas personales) junto “Despierto a un tiempo de luz”, “Cassette”,  “Gala”, “El hombre al que nada perturba”, “Barro”, “De como el hombre perdió”,  “Malambo”, “La estética del resentimiento” entre otras; organizando un recorrido no planificado desde los papeles por la historia y la actualidad del trío en un clima de espontaneidad, risas y buena onda.

En definitiva a pesar de las palabras de Minimal (medio en broma, medio en serio) “siempre estamos disconformes, no nos sale ser completamente felices” este fue el cierre definitivo para un año en el que Pez ha confirmado el salto que los conduce hacia los espacios más masivos del rock argentino. La sensación es que de una vez por todas se hace justicia. Lo merecen porque hacen música que da felicidad y que cambia la vida de quien la escucha. Esa, es una razón de sobra para sentir una felicidad muy intensa.

Te dejamos la nota que hicimos con ellos en Mayo de este año.

 

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