Recuperando el trono

Crónicas | Kreator
Recuperando el trono
Texto: Pablo Gabriel Krause | Fotos: Jorge Sebastián Noro
Lun, 09/12/2013 - 21:00
Groove ?

Kreator volvió a pisar suelo argentino en el comienzo de una semana marcada por el caos, la violencia y la anarquía, para reivindicarse una vez más como uno de los nombres más aplastantes y cumplidores dentro del Thrash Metal. Con ustedes, la banda de sonido para el colapso de la civilización.

Hoy en día se cuentan con los dedos de una mano las bandas de las que uno puede confiarse ciegamente a la hora del vivo. Salvando honrosas excepciones como las de Cannibal Corpse o Slayer (al menos hasta no hace mucho), la sensación ante gran parte de las visitas que llegan a nuestro país es generalmente de incertidumbre ante lo que uno puede llegar a encontrarse. Sin embargo, Kreator se ha transformado en una de esas certezas cada vez menos comunes, y a cuatro años de su última visita, volvió a arrasar con todo lo que se le puso enfrente desde el escenario de Groove.

Es cierto que el arranque no había sido tan auspicioso: los soportes sufrieron de lo que a esta altura ya podríamos denominar “el sonido de banda soporte”, y si bien uno buscaba calmar sus propias dudas repitiéndose a sí mismo casi como un mantra que ése no sería el volumen, la ecualización, ni el sonido definitivo de la banda principal, una cuota de miedo seguía siempre latente.

Pero las dudas tardarían poco en despejarse: ante un recinto ya colmado, comienza a sonar “Mars Mantra” a modo de introducción, mientras los reflectores realizan una danza macabra sobre la escenografía, que incluye dos tarimas sobre el escenario con el arte de tapa de “Phantom Anthicrist”. Finalmente, la guitarra de Mille Petrozza corta como un serrucho la pista de audio y el riff del tema que da título a su último disco irrumpe de manera atronadora, para provocar un estallido que no sólo es el reflejo de la adrenalina característica de todo arranque de show, sino también la confirmación definitiva de que vamos a estar ante un Kreator en su mejor forma: violenta y aplastante.

Petrozza no sólo suena genuinamente enojado cuando canta, sino también cuando hace un alto en medio de “Warcurse” y con sus manos divide a la audiencia en dos bandos. El tipo parece poseído, como si deseara que los que están abajo literalmente se ataquen unos a otros. Y en buena manera, así lo hacen tan pronto como el alemán cuenta hasta cuatro en su lengua natal, convirtiendo al campo en una especie de pandemonio. Es que los teutones no sólo se han ganado una reputación a raíz de sus reiteradas visitas a nuestras tierras, sino que también han creado un vínculo con su público que genera el marco definitivo para piezas que llevan la agresión arraigada en su propio nombre, como “Pleasure to Kill”.

No hay respiro en un show de Kreator. No hay baladas, no hay solos, ni momento alguno para siquiera tomar aire: al descontrol desatado por “Hordes of Chaos” le sigue la versión de “Riot of Violence” entonada por el baterista Jürgen “Ventor” Reil tal como en la versión original, el canto a la misantropía de “Death To The World” y una festejada “Enemy of God” (reflejo del nivel que han demostrado los teutones en sus últimas producciones), mientras Petrozza viaja a través de cortinas de humo de uno a otro de los tres micrófonos con los que cuenta en el escenario (uno al frente y dos sobre las tarimas al costado de la batería). Recién después de “Phobia”, de la etapa más experimental y resistida de los de Essen pero un número bastante usual en sus presentaciones, el cuarteto abandona el escenario y los cuerpos tienen algunos minutos de descanso para recuperarse de semejante seguidilla.

Es que los teutones no sólo se han ganado una reputación a raíz de sus reiteradas visitas a nuestras tierras, sino que también han creado un vínculo con su público que genera el marco definitivo para piezas que llevan la agresión arraigada en su propio nombre, como “Pleasure to Kill”.

Los puños y las manos en forma de cuernos vuelven a extender casi instantáneamente tan pronto como “The Patriarch” se filtra por los parlantes, puesto que está claro que es la antesala de “Violent Revolution”: el tema que dio título al disco que devolvió a Kreator a su mejor forma después de su experimentación en los noventa y que fue otro de los más festejados de la noche. Sin embargo, el repertorio con el que cuentan los alemanes hacen casi imposible marcar un único momento dentro del setlist: lo mismo podría decirse de “People of the Lie” (esa genialidad que bien podría haber sido parte del “Heartwork” de Carcass, de no ser porque fue compuesta tres años antes) o el clásico “Betrayer”, que fue con dedicatoria “a todos los políticos y las religiones”.

Así como la contundencia de Kreator es una garantía, también lo es el cierre de sus shows: Petrozza sube al escenario con una bandera, en este caso proporcionada por el club de fans local, y hace que repitamos una y mil veces que es momento de “izar la bandera del odio”, pero no por ser historia conocida, la fusión de “Flag of Hate” y “Tormentor” es menos devastadora. No hay nada para reprocharle a los teutones: han vuelto y han hecho su trabajo una vez más, de manera impecablemente avasallante. La banda se despide y la gente se retira entre atónita y excitada mientras se escuchan los acordes de “Until Our Paths Cross Again”: hasta que nuestros caminos se crucen nuevamente.

 

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