El proceso de crecer.

Crónicas | Bad Religion
El proceso de crecer.
Texto: Carlos Noro | Fotos: Jorge Sebastián Noro
Estadio Malvinas Argentina ?

¿Ser o no ser punk? ¿Crecer? ¿Sonar bien? Bad Religion respondió todas estas preguntas en el barrio de la Paternal.

La gran virtud de Bad Religion ha sido crecer dentro de un estilo (el punk rock) donde la actitud de eterno adolescente es casi proclamada como el lugar de rebeldía eterna. Que quede claro, la idea no es hacer un juicio de valor frente a las distintas posturas frente a la música o frente a la vida, sino tratar de entender de qué manera se sitúa la propuesta de los Californianos en nuestros días días.

La primera imagen que muestra el show (en el medio de una intro de música clásica) es la figura de Greg Graffin (ideólogo y vocalista de la banda). Para los que no lo conocen, es un señor entrado en años más cerca de tener el aspecto de un profesor universitario (aunque no lo crean es  realmente su otra profesión) que del reviente punk. “Fuck You” es el inicio del show con el furioso arranque de viola de Brian Baker que pone al instante un par de cuestiones de manifiesto que vale la pena mencionar.  Por un lado B.R será una banda de señores grandes pero con la capacidad de meter el acelerador cuando es necesario como si tuvieran veintipico. Por el otro, el grupo es capaz de mostrar una serie de canciones que más allá de su valor musical se sostienen en su valor lírico. No por nada los muchachos se han ido convirtiendo con el tiempo en uno de los paradigmas de lo que podríamos denominar el punk progre o bien pensante.

Tal vez esta última sea la manera más acertada para describir canciones como “The New America” que desde lo musical sirvió para que el sonido se acomode casi a la perfección, mientras que desde lo lírico fue un relato irónico de lo que es la posición del norteamericano medio, “21th Century Digital Boy” que fue un alegato frente a la alienación del progreso o la conocidísima  “Sorrow” que se convirtió en una suerte de visión utópica de un mundo en paz, simbolizando el mensaje siempre político de los californianos.  

"Por un lado B.R será una banda de señores grandes pero con la capacidad de meter el acelerador cuando es necesario. Por el otro, el grupo es capaz de mostrar una serie de canciones que más allá de su valor musical se sostienen en su valor lírico. No por nada los muchachos se han ido convirtiendo con el tiempo en uno de los paradigmas de lo que podríamos denominar el punk progre o bien pensante".

En este contexto y con canciones que encendieron al público (claramente dividido entre un sector más pequeño soltado al pogo y otro mucho más amplio solamente mirando el show) como  “Struck a Nerve”, “Raise Your Voice ”, “Supersonic” y “You Are The Governmet” mezcladas con algunas canciones del reciente True North como "Dharma and the Bomb", "Dept. of False Hope", "Past Is Dead", "True North" junto a la que dio inició al show; la propuesta fue la de mostrar un show directo y sin baches. Esto hizo que hubiera una mínima comunicación con el público (un chiste al inicio con la frase ustedes hacen fácil el concierto al ver la gente saltando y gritando, la invitación a la participación del público en canciones como “A new dark ages”, algún bailecito y un curioso agradecimiento por una remera arrojada desde el público) pero sin ser fríos ni distantes. En este sentido la gran virtud de la banda parece ser que sus canciones hablan por sí solas y especialmente Graffin sabe entender esta situación para darles, desde lo real, el lugar que merecen.

Precisamente ese lugar, fue construido desde lo musical, por el aporte de cada uno de los integrantes y sus respectivos instrumentos. Desde lo personal cuesta mucho imaginar que la banda pueda alcanzar el nivel de precisión, contundencia y versatilidad sin la presencia de un baterista como Brooks Wackerman, el verdadero encargado de hacer rodar el cronometro de los Californianos desde los parches, con una actuación tan contundente que hizo cansar los ojos solamente de verla. El histórico Jay Bentley  fue el encargado de sostener la base rítmica desde su bajo y fundamentalmente fue el apoyo ideal para aquellos momentos en que las canciones pedían esos vibrantes coros a los que el público está acostumbrado. Si bien la labor de Graffin fue prolija y contundente el sostén del bajista se notó, para bien, en muchas ocasiones en las que fue necesario reforzar las atmósferas épicas tan características de la propuesta de los estadounidenses.

Si hablamos de las guitarras, podríamos decir que hubo un duelo imaginario entre Brian Baker y el hasta hace poco guitarrista de The Cult  Mike Dimkich (el histórico Greg Hetson no participó de la gira por un extraño problema de pareja y Brett Gurewitz directamente no gira) en el cual se repartieron casi a la perfección el protagonismo. Mientras el primero aportó el sonido más clásico de la banda, el segundo fue capaz de adherir una atmósfera de rock más ortodxa en las composiciones incluso tomando la posta, para bien, en solos de canciones clásicas como “20th Century…” entre otras.

De esta manera y con “Generator”, “American Jesus”, “Infected” y “Dept. of False Hope” como bises Bad Religion fue construyendo un show de una hora y media que incluyó treinta y dos canciones tan contundentes como melódicas. Una cosa queda clara: se puede ser punk, sonar prolijo y crecer junto a buenas canciones. Al menos desde los papeles, para los liderados por Greg Graffin dejar la adolescencia ha sido una virtud. El  resultado en el Estadio Malvinas Argentina fue impecable.

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