Ezequiel Fanego de Caja Negra Editora: “En la música popular han existido estéticas radicales”

Entrevistas | Editorial Caja Negra
Ezequiel Fanego de Caja Negra Editora: “En la música popular han existido estéticas radicales”
Texto: Carlos Noro

Desde hace un tiempo la gente de Caja Negra Editora ha elegido editar una serie de libros dedicados a describir, teorizar y desmenuzar muchos aspectos interesantes de la historia de la música y de la misma como expresión fundante del ser humano. Ezequiel Fanego, uno de los responsables del proyecto junto a Diego Esteras, recorre las dificultades, desafíos y lógicas a la hora de fundar y poner en funcionamiento una editorial que sea una verdadera alternativa a los discursos que lo tanques editoriales proponen. Bienvenidos al desafío de editar libros

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El nombre Caja Negra tiene múltiples sentidos ¿Cómo se relaciona esto con lo que fue el origen del proyecto editorial?

La editorial nace en 2005, con la idea de armar un proyecto en el que confluyan todos nuestros intereses y que al mismo tiempo nos permita vivir de ellos. Con respecto al nombre, te diría que no simboliza nada, al contrario, lo pensamos simplemente como un significante vacío en el que podían verterse múltiples significados. Nos gusta porque transmite una estética a nivel sensible, visual y sonoro que es mucho de lo que buscamos generar. Cuando comenzamos, nuestras mayores influencias eran sellos como Factory Records, Mute o Rough Trade. Nos atraía mucho el modo en el que resolvían un dilema al que también se enfrenta toda editorial: cómo darle una forma estética a un determinado contenido, sonoro en su caso, textual en el nuestro.

Hay una selección bastante particular dentro de su catálogo ¿Qué criterio utilizan para que ingresen nuevos autores?

Los criterios que confluyen en la construcción del catálogo son múltiples. Lo definiría como una especie de discurso, en el que cada libro que publicamos se relaciona con los anteriores, iluminando significados nuevos y trazando nuevas conexiones. Por supuesto que como en todo discurso, nos importa que ciertos sentidos puedan ser decodificados, sean comunicables, por lo que pensamos mucho en qué libro sigue a otro, que nueva línea abrimos, en qué momento. Nos parece importante poner en funcionamiento esta idea de interrelación de obras, discursos y autores en función de construir un discurso propio y específico.

Siguiendo con esta lógica el último tiempo editaron una serie de libros que teorizan el mundo de la música como Black Music de LeRoi Jones, La historia secreta del disco de Peter Shapiro; Retromanía, Después del Rock , Retromanía y Postpunk de Simon Reynolds y finalmente Resonancia siniestra de David Toop, ¿Qué es lo que aportan cada uno en particular y todos en conjunto al catálogo?

Creo que en su conjunto lo más importante para nosotros es que extienden las mismas búsquedas que hemos hecho en el campo del cine, la literatura y la música contemporánea en esta línea publicamos libro de Morton Feldman (Ndr. Pensamientos Verticales) y Mauricio Kagel (Ndr. Palimpsestos) al campo de la música popular. Esto para nosotros es importante porque son pocas las líneas editoriales en habla hispana que se hayan preocupado por señalar que también en el campo de la música popular han existido estéticas radicales, que expresaban posiciones sociales y políticas igualmente radicales. En Caja Negra estas experiencias nos interesan especialmente porque contradicen esa noción generalizada de que sólo los objetos culturales con un contenido degradado pueden circular masivamente alcanzando un público que vaya más allá de unos pocos entendidos.

¿Qué aportan cada una de estas obras para romper esta suerte de  contradicción?

Creo que Después del rock es un libro clave y un poco fundante de nuestra línea editorial en lo que respecta a la música (de hecho es el primero que publicamos de esa lista), porque de alguna manera sus tópicos más importantes podrían resumirse por un lado en que un contenido radical requiere una forma radical y por otro en que la escritura de rock tiene de algún modo la capacidad de descubrir en la música un  suerte de factor x entendido como esa dimensión que la lleva más allá del entretenimiento y del show business transformándola, incluso, en algo que va más allá del concepto de música. Los otros dos libros de Reynolds continúan esa búsqueda. Postpunk retrata la que para Reynolds fue la última vanguardia musical dentro del rock y Retromanía se pregunta por el fin de esa capacidad creativa y vanguardista en una actualidad signada por el revival y el revisionismo.

Black Music y La historia secreta del disco son ambos libros que asocian de manera fundamental un tipo de música (el free jazz y la música disco) con un tipo de política y experiencia cultural radicales (el black power en el primero, y los movimientos de liberación sexual e integración racial en el segundo) que en definitiva describen la relación de la música con otros aspectos que a simple vista parecen ajenos a su funcionamiento.

Resonancia siniestra es un libro bastante diferente en realidad a los anteriores. Es un ensayo sobre la escucha, sobre el sonido y sobre cómo las artes han capturado el carácter fantasmagórico del sonido y el carácter furtivo de la escucha. Creo que aporta una visión nueva y radical de un aspecto muy particular de lo musical.

"Esto para nosotros es importante porque son pocas las líneas editoriales en habla hispana que se hayan preocupado por señalar que también en el campo de la música popular han existido estéticas radicales, que expresaban posiciones sociales y políticas igualmente radicales. En Caja Negra estas experiencias nos interesan especialmente porque contradicen esa noción generalizada de que sólo los objetos culturales con un contenido degradado pueden circular masivamente alcanzando un público que vaya más allá de unos pocos entendidos".

¿Qué diferencia tiene una editorial pequeña o mediana como la de ustedes con respecto a una grande a la hora de negociar con los distintos actores de la cadena productiva de la creación del libro?

Bueno, obviamente al imprimir en mayor escala tienen una mayor capacidad de negociación como por ejemplo a la hora de abaratar sus costos de producción (papel e impresión, que son donde se encuentra el gasto más grande de una editorial) o al pactar descuentos y plazos de pago con las librerías. Esto no se encuentra para nada reflejado en sus precios al público: los libros de las grandes editoriales deberían tener precios más accesibles porque ellos obtienen costos más competitivos, pero no es así, puesto que al tener una posición dominante en el mercado fijan los precios un poco a su antojo.

¿Y el Estado? ¿Qué rol cumple o debería cumplir con respecto a esto?

La verdad es que no cumple ningún rol, pese a que podría intervenir de muchísimas maneras, como por ejemplo facilitando insumos para las pequeñas y medianas editoriales u orientando subsidios o la compra de libros que anualmente hacen para las bibliotecas para favorecer a una diversificación del mercado editorial. También podría haber una política complementaria orientada a promover el surgimiento de librerías especializadas o para favorecer la participación de este tipo de editoriales en ferias del libro. Claramente estos asuntos no están en la agenda política actual, pese a que al menos hace unos años el gobierno ha considerado el campo cultural como un espacio en el que había que librar ciertas batallas.  

¿Cómo es el funcionamiento del colectivo de editoriales Los siete logos? ¿Qué les aporta principalmente a ustedes?

Es un colectivo integrado por siete editoriales con propuestas afines y necesidades similares que se auto convoca para participar de manera conjunta en Ferias del libro nacionales e internacionales. Lo que nos aporta a todos es la posibilidad de disminuir unos costos que por ejemplo en la Feria del Libro de Buenos Aires son prácticamente prohibitivos para una editorial como la nuestra. Además de que nos permite desembarcar con una propuesta más rica que si lo hiciéramos cada uno por separado.

Para finalizar, si tuvieras que definir la editorial en términos de un movimiento musical, artista o disco, ¿Cuál sería y por qué?

Psychic TV, la banda que organizó Genesis P-Orridge tras la disolución de Throbbing Gristle, y que en realidad más que una banda era un colectivo de producción audiovisual cuyo objetivo era interferir en el flujo de información massmediatico con mensajes de alto poder psicotrópico. Eso se ajusta bastante a nuestros objetivos.