Frente de tormenta

Crónicas | Amon Amarth
Frente de tormenta
Texto: Hernán Mazón | Fotos: Sebastián DelaCruz
Mar, 20/05/2014 - 21:00
Teatro Flores ?

Tercer visita de los vikingos suecos Amon Amarth a la Argentina. Para esta ocasión la excusa era el denominado “Deceiver Of The Gods Tour” que ni más ni menos hace referencia al más reciente disco editado por la banda el año pasado. Los recibiría un Teatro de Flores casi colmado, uno de los aspectos que realmente más llamó la atención teniendo en cuenta que ya habían estado en otros recintos anteriormente.

Los presagios previos eran bastante benévolos con la banda, ya que de acuerdo a comentarios generales de sus visitas anteriores, la banda no había desentonado, pero si había padecido algún que otro desfasaje en materia de sonido y de poca interacción. No podremos saber si la tercera es la vencida, pero al parecer esta noche de mayo  fue la que definitivamente ligó mucho más a la banda con su gente no solo desde lo musical, sino desde lo interactivo y porque no marcando ese camino, de sentirse como en casa, que han trazado muchas bandas en nuestro país.

Si hacemos mención al set list del show que arrancó puntualmente a las 21, lo primero que debemos decir es que no fue muy diferente al el que se venía desarrollando en las distintas localidades Sudamericanas. La banda no innovó mucho en ese sentido, salvo algún que otro tema, y llevó a nuestros oídos lo acontecido en Río de Janeiro, São Paulo y Curitiba. Fue así que a través de una pista, llegaba una intro bien vikinga que ni más ni menos mostraba parte del emblema de las tierras de la banda. Al son del clima que se padecía en la ciudad de la furia (el frío y la lluvia fueron sencillamente infernales ese día) los rasgos meteorológicos también dejaban su sello bajo el techo del teatro. Viento, lluvia, tormentas y ruidos del más allá darían la bienvenida de a uno a los músicos al escenario, empezando por su flamante baterista, hasta poner el broche final, con quién es no solo líder de la banda desde 1992, sino también su emblema, me estoy refiriendo a Johan Hegg, el polifacético vocalista gutural que tienen los suecos. Casi sin frenar sonaron las dos primeras, la poderosa “Father Of The Wolf” y “Deceiver Of The Gods” haciendo juego con la bandera colgada en el fondo del escenario. Si bien el sonido no era deficitario, si lo fue el volumen de la voz de Johan. Al tipo voz no le falta bajo ningún punto de vista, pero durante las primas estrofas faltó ese “pesto” necesario para que la banda se corone ganadora desde el arranque. Esto no fue para nada un impedimento, ya que las cosas se acomodaron medianamente rápido.

Eso si, no les pidas a los suecos calidez. Sacando a Johan, el resto de sus compañeros se dedicaron en todo momento a tocar y a realizar trabajos de headbanging muy prolijamente, casi sin moverse de las cuatro baldosas. Las sonrisas y buenos gestos para con la gente, recayeron durante todo el show, con el hombre de la panza de cerveza prominente, típica de nórdico birrero. Por otro lado nos encontramos con un público que nunca dejó de corear los solos de guitarra, bien pegados al compás, sin perder línea alguna. Y si de público hablamos, no solo predominaban remeras de la banda en cuestión, sino que también hay que destacar la importante cantidad de muchachos con barba, que tributo o no para los nórdicos, parecían haberse puesto de acuerdo para ir al show. Con hachas de cotillón inflables volando sobre las cabezas de los corajudos poguistas, llegarían los primeros “Olé, olé, olé, olé…Amooooon…Amaaaaarth” de la mano de “Death In Fire”.

"Si hay algo que definitivamente me llevo de Amon, es que es una banda que tiene mucho de heavy en su núcleo melódico. Es una banda que definitivamente se crió escuchando a los grandes próceres clásicos, y que no hacen ni más ni menos que llevar sus melodías por esos senderos sin dejar de lado el sello del death metal"

En este sentido Hegg no es ningún tonto, y sabe que maneja absolutamente todas las gamas de los sonidos y gemidos guturales y usa ese poder para presentar tema tras tema incluso balbuceando con sorprendente claridad alguna palabra en argentino. A esto se sumaba que el sonido se estaba acomodando, a pesar de que durante todo el trayecto del show nunca se pudo percibir ni un solo acople, digno de mencionar. Y si vamos al grano, escuchar una banda de death metal melódico y que sea una bola de ruido, hubiese sido realmente un show poco digerible. Por suerte sucedió todo lo contrario, a pesar de que hayan existido baches lógicos. De los músicos nada por decir, sus cuatro compañeros restantes hicieron una más que digna labor durante todo el show. Eso si, si hay algo que dejan en claro también, es el reparto de solos, recayendo prácticamente en su mayoría todos sobre Johan Söderberg a pesar de que Olavi Mikkonen lo acompaña en algunos. Bajo este contexto el desarrollo del show fue siempre 100% natural y relajado. Claramente hubo un antes y un después en el recital tras haber sonado “We Shall Destroy” que sirvió para terminar de poner la “pimienta” que le faltaba al show y dejar bien el claro porque la banda tras veinticuatro años de vida está donde está.

Los sublimes ritmos llegaron de la mano de “Guardians Of Asgaard” que sirvieron para que el líder siga comunicándose en su bastante potable español de frases cortas y porque no citando a su emblemática bebida, la cerveza. Si hay algo que definitivamente me llevo de Amon, es que es una banda que tiene mucho de heavy en su núcleo melódico. Es una banda que definitivamente se crió escuchando a los grandes próceres clásicos, y que no hacen ni más ni menos que llevar sus melodías por esos senderos sin dejar de lado el sello del death metal. Temas como “Blood Eagle” muestran estas situaciones, hasta por momentos se mimetizan con bandas de la escena power manifestando bases súper sólidas que no se van de tema de una propuesta de heavy tradicional standart, y ese es el punto de inflexión de la banda y me parece que por ahí llegan a su gente. O bien como dijo el cantante en algún momento, como vocalizando una voz como si te estuviera leyendo una fábula… “no importa que no se sepan la letra, pero acompáñenos”, y así fue, se prestaba para eso.

Sonaron álgidamente “Warriors Of The North” y “Runes To My Memory” para luego dar con la vikinga “Varyags Of Miklagaard”. Para este entonces habíamos tenido pasajes más extremos, otros más melódicos y porque no algo medio Los “Muchas Gracias” por parte de Hegg bajaban del escenario una y otra vez, y en español, bien, se lo veía súper cómodo y con ganas de interactuar, como durante todo el show con sonrisas, gestos y ademanes.

La banda no es solo death metal, también tienen la suficiente capacidad de mostrar canciones con una suficiente cuota de black sinfónico como lo fue “The Last Stand Of Frej”. En relación a esto, de lo más extremo de la noche fue la interpretación de “Destroyer Of The Universe”, que a pesar de su potencia y el terrible trabajo de su baterista, dejaron sobre escena una versión impecable, de buen sonido, entendiéndose prácticamente todos los instrumentos a modo individualizado. Antes de los bises sonaron también “Cry Of The Black Birds” y “War Of The Gods”, eso si, con el ya para esta altura híper simpático de Hegg a la cabeza, arengando, dejando todo a modo vocal sin mucho glamour de por medio. Un capo el barbudo, toda la onda. Para el cierre, llegaron dos clásicos “Twilight Of The Thunder God” y “The Pursuit Of Vikings”, poniéndole el candado a una noche que quizás no fue una más para la banda.

Fue así que tras una más que fervorosa retribución por parte de su gente se despidieron, y que a diferencia de otros shows del palo, sus músicos se quedaron un rato largo sobre el escenario, con Hegg a la cabeza -estrellando una lata de cerveza sobre su muñequera de tachas-, saludando muy cálidamente a su gente y por sobre todo agradeciendo la onda puesta durante todo el concierto. El resultado es haber visto una banda súper pulida desde lo musical, que no tiene temores a dejar en claro sus influencias nórdicas, pero entremezcladas con variantes clásicas del heavy metal tradicional. Destaquemos el flor de cantante que la banda posee, como la onda puesta por el público que, de continuar por la misma senda, demuestra que hay cerveza, hachas, riffs, headbanging y metal sueco para rato.  

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