Máquina oscura, potente y enérgica.

Crónicas | el Siempreterno
Máquina oscura, potente y enérgica.
Texto: Marcelo Acevedo | Fotos: Jorge Sebastián Noro

el Siempreterno, esa oscura máquina de rock comandada por Sergio Rotman que emerge de las tinieblas unas pocas veces al año, eligió Uniclub para salir a la luz en dos fechas que posiblemente sean las únicas de este 2014. El quinteto Rotmam-Maura-Minimal-Ricciardi-Sanchez, vestidos de negro y con el alma en llamas, hicieron vibrar al público en un recital emocionante y enérgico en partes iguales.
Post-punk, covers increíbles, un público extasiado y una banda de culto en un momento insuperable le dieron forma a una noche inolvidable, de esas para guardar en el cajón de los clásicos.

Cada fecha de el Siempreterno ofrece un condimento especial que hace que ningún seguidor de la banda quiera perdérsela: la sensación de que va a ser la última. Un poco generado por ellos mismos quienes en cada recital arengan al público a presenciar el siguiente show porque puede que después de ese no haya un próximo, otro poco por lo esporádico de sus presentaciones (tres o cuatro veces al año), también por esa impresión de banda inestable (su frontman y frontwoman viven en Puerto Rico) y finalmente por funcionar como desahogo de cada uno de los integrantes y de recreo momentáneo de sus proyectos fijos, esos por los que generalmente son reconocidos. Y posiblemente en este hecho esté la clave del porqué un recital de el Siempreterno es una fiesta desde el primer tema hasta el último: la parte más lúdica, adolescente y desestructurada parece aflorar desde el fondo del alma de los músicos en cada show, y el público acompaña esa locura con gritos, arengas, pogo y un desenfreno animal.   

Se sabe  que cada uno de los integrantes de esta súperbanda son músicos reconocidos y consagrados: casi todos fueron en algún momento miembros de Los Fabulosos Cadillacs (Sergio Rotman es fundador y actual saxofonista), y en el medio se cruzan bandas míticas como Cienfuegos, Pez, y otros proyectos no menos interesantes como Dia-D y Los sedantes.

Entonces,  la impresión que dan con el Siempreterno es la de estar jugando a mostrar su otra cara musical, la que deja un poco de lado el virtuosismo y la perfección para acercarse al punk desde un costado postpunk, sin temor a las canciones cortitas y al palo, las explosiones sónicas y la experimentación de géneros, lo cual facilita que en un mismo show podamos escuchar un cover de Kraftwerk y minutos después Gimme Gimme Gimme de Black Flag.  Gracias a dios por eso.

O no. Digamos que dios no es exactamente a quien habría que agradecer tratándose de una banda que en sus momentos anti-religión (Contradios, Cristianos) tras la pregunta “¿Quién de ustedes está bautizado?” hace estallar al público en un éxtasis agnóstico, mientras todos vuelan por los aires gracias a esa ley de la gravedad a la que le rinden culto. Entonces, digamos mejor gracias al rock.

Cualquier desprevenido que se pase por un show de el Siempreterno puede pensar que son una banda estable con muchos años de rodaje, y no el proyecto paralelo de cada uno de sus integrantes. Suenan increíblemente bien, aceitados, los instrumentos conversan continuamente entre ellos, los músicos se comunican con miradas y sonrisas, y la gente responde con un fervor casi místico.

Las canciones son portadoras de letras oscuras, existencialistas y sinceras. El virtuosismo al que nos tiene acostumbrado Ariel Minimal deja paso a los riffs acelerados y explosivos, con algunos momentos de libertad en los que saca de la galera pequeños y asombrosos solos de guitarra. La sensualidad de la preciosa voz de Mimi Maura contrasta con la furia desatada de un Sergio Rotman pletórico, que no duda en cantar con rabia mientras se abraza a algún momentáneo visitante sobre el escenario que segundos después cae y desaparece entre (valga el oxímoron) la pequeña multitud.  La batería de Ricciardi es una máquina que golpea fuerte y parejo mientras charla con el poderosísimo bajo del Ruso Sanchez, que por momentos hace retumbar el pecho de cada persona bajo el escenario.

"Cualquier desprevenido que se pase por un show de el Siempreterno puede pensar que son una banda estable con muchos años de rodaje, y no el proyecto paralelo de cada uno de sus integrantes. Suenan increíblemente bien, aceitados, los instrumentos conversan continuamente entre ellos, los músicos se comunican con miradas y sonrisas, y la gente responde con un fervor casi místico".

 Uno tiene la impresión que cualquier cosa puede pasar en un show de el Siempreterno desde el momento en que ve a Rotman y Maura besándose apasionadamente en medio de una canción tan al palo como Joven muerto en Juana Diaz, o cuando el frontman se toma su tiempo para, entre canción y canción, hablar con el público sobre la melomanía, los discos como objetos a adorar, la belleza de poseer la música en formato físico. Uniclub es pequeño, y flota en el ambiente ese olor a “somos pocos y nos conocemos mucho”. El trato entre músicos y público es de ida y vuelta, Rotman pregunta y la gente responde, se hacen chistes y también se habla en serio. Pero cuando vuelve a sonar la música, todos vuelven a su estado primal, y si no están saltando, bailando o girando en lugar como adoradores de un culto pagano, es porque están quietos, pero cabeceando al ritmo del punk.

En la primera de estas dos únicas fechas en las que “el Siempreterno sale a la luz” (como reza el logo tanto de la entrada como del flyer), tocaron 25 temas que recorrieron gran parte de su discografía -El Siempreterno (2010) y Hacia el mar de carbón (2012)-, adelantaron tres canciones de su nuevo ep (Polvo cósmico, Esclavo, Para siempre no es suficiente) y  no faltaron esas perlitas que son la frutilla del postre que hacen únicos a los shows de esta tremenda banda del under nacional: un emocionante cover de Love will tear us apart de Joy Division, una enorme reversión de The hall of mirror de Kraftwerk (tomada de su clásico disco del año 1977, Trans-Europe express) con momentos de spoken word a cargo de Mimí Maura que ponen la piel de gallina, el mejor y más enérgico  cover de la canción Moonage daydream de David Bowie que se puede escuchar por estas tierras, un minuto y medio de hardcore a velocidad superlativa con Gimme Gimme Gimme de Black Flag y un cierre a todo trapo montados sobre los riffs de Baba O´Riley, esa hermosa canción del que tal vez sea el mejor disco de The Who.

Tal vez este haya sido el penúltimo recital de este soberbio combinado de músicos. O tal vez no. Ojalá queden muchos más por delante, para alegría de todos los que aman al rock. Pero por las dudas, no hay que arriesgarse a perderse la próxima fecha del 17 de julio en Uniclub, porque posiblemente sea la última chance de ver a esa máquina oscura, potente y enérgica llamada el Siempreterno.

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