Estación I - Estación II: Un hombre solo con su guitarra

Crónicas | Gabo Ferro
Estación I - Estación II: Un hombre solo con su guitarra
Texto: Carlos Noro | Fotos: Sebastián DelaCruz
Sala Caras y Caretas. Sarmiento 2037. ?

Gabo Ferro es un hombre que tiene la valentía de sentarse en el medio del escenario vacío junto a una guitarra y contarnos su vida. El amor, el desarmor, el sufrimiento, la esperanza, nosotros mismos podrían ser sus temáticas. El corazón su manera de narrarlas. Bienvenidos a universo de belleza inimaginable en 80 canciones.

Estación uno

Entender una presentación de Gabo Ferro es comprender un recorrido íntimo y a la vez colectivo por su historia personal transformada en canciones. En esta primera noche un recorrido por sus cuatro primeros discos Canciones que un hombre no debería cantar (2005), Todo lo sólido se desvanece en el aire (2006) Mañana no debe seguir siendo esto (2007) y Amar temer partir (2008)  proponían un recorte claro en la biografía musical de Gabo que seguramente no es tan simple desde lo estrictamente personal. Tal vez por eso él mismo se encargó de aclarar su recuerdo de esos años. “Uno era distinto. Era diferente persona” dijo de manera sincera promediando el show para continuar “Haremos un recorrido más largo o más corto según como nos sintamos”.  Uno podía vislumbrar que las sensaciones y los sentimientos encontrados fluirían durante la noche. Ese era el objetivo. Así fue.

En este contexto “Agua blanca, pato negro” fue el inicio del camino, transitando la ruta de lo  natural para describir ese pato lastimado, herido y distinto. “Mi vida es un vestido” fue una hermosa manera de describir un estado de ánimo cambiante manejando incluso la sonoridad de la garganta como acompañante de las distintas manifestaciones de ese estado. Luego de preguntar por la comodidad a los asistentes de manera fraternal, “El amigo de mi padre” fue la primera canción que logró romper adrede el clima solemne y melancólico que crean las canciones más sutiles y pequeñas de la discografía de Ferro. Casi como un código implícito, el público acompañó con palmas esta suerte de chacarera de letra picaresca que describe la relación del ¿padre del cantante? con un amigo especial. El cantante se mostró bien gestual en varios tramos de la canción dando la pauta de que cantar para él cantar es interpretar y no solo confiar en el poder de su voz.

“De palabra” solo pudo funcionar junto al silencio que propuso su propuesta temática. Con una lírica que propone la palabra como reemplazo al silencio, el resultado fue un momento de belleza introspectiva que se transformó, acto seguido, en el canto susurrado del público en “Cuando el amor no entra”, retornando a ese vaivén sonoro que acompañó todo el set; capaz de proponer canciones más tranquilas o más activas según sea el caso para lograr un subibaja de sensaciones.

“Voy a hacer algunos temas que dije que no iba a hacer más” fue la introducción para “Sigo el río” otra de las canciones que utilizó la metáfora acuática para explicar estados de ánimo. “Que nuestra mirada” propuso explicitar lo que cuentan los ojos de los enamorados. “Un tema boludito” (entre risas) fue la presentación de “Están dopados los enamorados” una suerte alegoría lisérgica del amor que se transformó en “Tapado de piel” nuevamente una bellísima manera de explicar acuáticamente los sentimientos encontrados que sobrepasamos todos los seres humanos.

Gabo Ferro es un hombre que tiene la valentía de sentarse en el medio del escenario vacío junto a una guitarra y contarnos su vida. El amor, el desarmor, el sufrimiento, la esperanza, nosotros mismos podrían ser sus temáticas. El corazón su manera de narrarlas. Bienvenidos a universo de belleza inimaginable.

“Otra del disco de mierda” fue la presentación irónica para el público, no para Gabo de “Los recuerdos son reflejos” que conmovió a más de uno con su lírica “Voy a pedirte un favor/ despabilame si pido que vuela lo que se ha ido / que se aquiete lo movido /que vuelvan los que han partido, que vuelva el amor perdido, los recuerdos son reflejos de espejos turbios torcidos” en uno se esos momentos que uno atesora porque conmueven las fibras más íntimas. “Así  en esta neurosis nos vamos a un bar” fue la alegre manera de romper, en el buen sentido, con el clima generado para “Palabras Malas” y la vuelta de la intensidad sonora de la interpretación.

Otra vez el agua inundó el ambiente con “Toda el agua del mundo” y “El agua sabe” dos bellas melodías de amor, dolor y desamor. “Para traerte a casa”,  “Un par de cositas nuestras” y  “Calvas margaritas” funcionaron de manera conjunta. Las dos primeras relataron, cada una a su modo, el deseo por la vuelta del amor, la tercera fue una vibrante chacarera en donde el desamor se hizo carne y bronca para culminar con un “No me quiere” tan brutal como sensible, en el que Gabo casi arroja la guitarra por los aires.

“Es muy lindo estar acá”  fue la simple y genuina introducción para “Nada”, que incluyó algún eco pinkfloydeano en uno de sus estribillos. “Un canción de amor” iba a ser la introducción para “Costurera y el carpintero” hasta que el mismo G. F. paro de tocar y llamó a una pareja que realizó la ceremonia de pedirse casamiento sobre el escenario en un hecho alegre y conmovedor si uno comprende esas canciones de amor que propone amar y sentir Gabo.

“En el aire” fue simplemente un lugar utópico en el que muchos de nosotros queremos estar algo que “El cuadro de mi daño” trasformó en el relato perfecto de lo que sufrimos cuando somos dejados y abandonados, logrando un nivel de intensidad dramática que logró conmover, emocionar y hacer sentir. “Tu cuerpo al fuego” (“El tema que abre el disco de mierda”) volvió a proponer silencios, algo que “Retiro terminal” concluyó en una sutil descripción de aquel amor que ha trasformado lo bueno en sensaciones encontradas y para nada felices.

“El jardín más bello” propuso un paisaje bucólico con alguna referencia psicoanalítica a la relación hijo - madre. “Mira quien llega consuelo” jugó con el doble sentido de las palabras, algo que hizo recordar a Mario Benedetti por su capacidad creativa de incorporar los sentidos contrapuestos de las palabras como eje descriptivo y creador de sensaciones. “Nube y cielo” fue otra de las canciones donde uno podía sentir que Gabo recordaba perfectamente el contexto donde la canción fue pensada, escrita e interpretada por primera vez; en otros de esos momento que los asistentes recordarán por largo tiempo.

“Voy a montar un caballo” fue un bello poema que respiró la tradición de la literatura española (Machado, Hernández, Lorca) mezclada nuevamente con Benedetti, “La casa, nuestros discos” fue un manera contemporánea de relatar la separación física y musical de dos personas algo que “Que llegue la noche” condujo hacia un lugar oscuro pero esperanzador.

“La Cabeza de la Novia” pudo ser una tragedia escrita por Lorca pero  se convirtió en una canción de Gabo. “Sobre madera rosa” “El tema que inició mi carrera solitaria”  funcionó como una descripción mística y esotérica de objetos que desembocan en la separación de dos personas, algo que “De paso” transformó en una sutil forma de echada  en cara al otro del desapego.

“El amor no se hace” fue otra de las canciones que espontáneamente acompañó el público con su voz y se transformó, de alguna manera, en un punto de quiebre que serviría para sostener la última pare del show. Causalmente el duelo ante la pérdida del amor fue la manera de ordenar las últimas canciones de la noche. De esta manera,  “Dicen” fue la manera perfecta de sobrepasar la noche que cada uno de nosotros ha transitado en algún momento de nuestra existencia entendiendo el valor de la paciencia y del tiempo como sanador. “Sobre el camino” fue la descripción clara del duelo y su necesidad de dejar el pasado para continuar. “Como tus zapatos” transformó ese duelo en objetos materiales que separados dejan de tener sentido. “Tu amor es como el hambre” resultó intensa y catártica frente a lo que ya no es, algo que “Volví al jardín” acrecentó y llevó al punto más alto, casi como una declaración de principios frente a estos cuatro discos que representan el inicio de la carrera de Gabo.

El final, obligado en el buen sentido de la palabra, por el aplauso del público fue para “Felicidad Vitamina” y una versión a capela sentado al borde del escenario de “Dios me ha pedido un techo” en un instante tan bello y conmovedor que fue imposible no sentirse consustanciado con lo que sucedía y sucedió en el ambiente.

De esta forma pasó la primera noche de Gabo Ferro en un teatro casi pensado especialmente para que muestre su mejor versión. Más allá de lo técnico (un sonido y unas luces que acompañaron perfectamente los estados que propone Gabo) la gran virtud es que ese hombre que está solo con su guitarra, nos abre sus canciones. Nos recuerda quienes somos y donde estamos. Entonces, elegimos ser parte.

Estación II

Si la primera estación fue un recorrido por un pasado algo más remoto, la segunda fue el recorrido por el pasado más reciente y el presente. Boca arriba (2009) El hambre y las ganas de comer (2010) La aguja tras la máscara (2011) y La primera noche del fantasma (2013) sumado a algo de lo que viene, configuraron un recorrido bien particular en esta segunda parte de la autobiografía musical de Gabo Ferro.

Se sabe que lo sensorial y en especial las distintas posibilidades que brinda la voz, estructuran la apuesta musical de Gabo. Su garganta casi murmurando o realizando una especie de invocación, fue la primer “imagen” que se pudo observar en el escenario solitario pero escudado por dos guitarras. “Lo que te da terror” transformó este primer momento en canción,  invitando a afrontar, traspasar e incluso disfrutar los propios miedos. “Soy todo lo que recuerdo” sonó todo lo dolorosa, gestual e irónica como fue posible, algo que “Soltá” concretó en otro estado de ánimo, aquel que propone dejar por fuera todo aquello que nos ata a la existencia.

Estas son las canciones que conforman mi periodo de internación 2009 – 2013” introdujo Gabo entre risas, para enumerar de manera histriónica aquellas cosas que no llenan al otro en “No te alcanza”. “Agua Zarpada”, canción en la que mencionó con mucho cariño y respeto a Pablo Ramos con quien coescribió “El hambre y las ganas de comer” fue la primera que salió de la cuestión introspectiva y melancólica acercándose a ritmos como el candombe. “Si me salgo de mí” volvió al estado anterior, para proponer un intenso dramatismo en cada una de las estrofas, algo que el aire Spinetteano de “Carne viva” y la simpleza de “Como un motivo”, acentuaron y confirmaron en unos de los momentos más intensos de la noche.

“Los que quieran”, dedicada a las Abuelas de Plaza de Mayo fue sencillamente conmovedora por su vitalidad y su actualidad. Uno no puede dejar de pensar  en este conjunto de frases Se buscan tus brazos / tus fardos de huesos / La misma mirada los mismos consuelos /Se busca quien vista el vestido de ella /se busca quién calce perfecto en la huella” en el contexto de la recuperación de Guido, el nieto de Estela de Carlotto. Antes y ahora sigue siendo carne viva.

Otra de “El Hambre…” la onírica “Codeína” desencadenó en dos canciones que fueron dos caras de una misma moneda sentimental.  “Siempres” sonó liberadora. “Detenido y andando” fue pequeña, sutil e introspectiva. La oscura “Hada narcotizada” trasladó si atmósfera a la inteligente “El enterrador y la muerte”, una suerte de fábula que relata el sembrar, el morir, la vida y la muerte en otros de los momentos bien movilizantes.

“Este es un tema que habla de los celos y quedó este souvenir de la miseria” dijo otra vez entre risas Gabo para cerrar “yo sufría como loco” y mostrar dos pinturas de la obsesión con el otro “No te mires en el agua” y “La pasión del espejo”. “Los que quieran”, dedicada a las Abuelas de Plaza de Mayo fue sencillamente conmovedora por su vitalidad y su actualidad. Uno no puede dejar de pensar  en este conjunto de frases Se buscan tus brazos / tus fardos de huesos / La misma mirada los mismos consuelos /Se busca quien vista el vestido de ella /se busca quién calce perfecto en la huella” en el contexto de la recuperación de Guido, el nieto de Estela de Carlotto. Antes y ahora sigue siendo carne viva.  

“A algún puerto del mar muerto” y “El Tabú del agua” retomaron la recurrente metáfora del agua que suele repetir Gabo Ferro en varias de sus canciones. La segunda, engendrada luego de una de las tantas inundaciones de Buenos Aires mostró que la capacidad poética tiene que ver con mantener los ojos abiertos para expresar lo cotidiano; en el contexto de una interesante y metonímica descripción de aquello que se lleva la corriente. “Tal vez sea un desierto” bellamente dedicada al poeta José Campus introdujo a una vibrante versión de “Oda-Paco”, una descarnada y brutal descripción de la vida de un chico de calle. Tomado por el relato, la canción culminó con una cuerda rota y una sensación de una catarsis con la que varios podemos identificarnos.

Si “1938” volvió a situarnos en la soledad del poeta,  “Con su perfume y su olor” fue una especia de vals oscuro entre la vida y la muerte. “Un eco, un gesto, una señal”  comenzó con un silbido y culminó en una versión despojada y tranquila. “Solcito lindo” transformó la guitarra en un instrumento percusivo en otros de los momentos esperanzadores que propone la lírica y la música de Gabo. “A quien” y “Solo tenemos ciencia” volvieron al comienzo. Dos canciones simples, sentidas y honestas inundaron el ambiente con su magia. La primera con el dolor a flor de piel, la segunda transformando el amor en una batalla folclórica.

Luciana Jury con quien Gabo grabó lo que pronto será “El Veneno de los milagros” fue la única invitada de las dos noches. Una intensa versión a dos voces de una canción denominada “El extrañante” que habló del extrañamiento y del extrañado, continuó con Luciana sola en el escenario para realizar una versión de un tema de Lhasa de Sela “La Saeta” que hizo sonar el color de su voz, mientras Gabo intentó, sin éxito, cambiar la cuerda de la guitarra tras bambalinas. Entre risas, “Hay una guerra allá fuera” cerró la presentación  de lo que viene. Bello y profundo podrían ser dos características que lo definan. Veremos de qué se trata.

“Adiós” fue la introducción a la última parte del show con una especie de despedida simbólica del amor que ya no está y de las ochentas canciones que incluyeron estas dos estaciones. “Lo que no se puede decir” otra vez fue catarsis, algo que “El ojo del cazador” mutó e una interpretación visceral y bella. “Voy a negar el mar” con su lírica  “Bajamar la fantasía / Pleamar la realidad / Voy a negar el mar nadando” fue toda una declaración de principios poéticos dando la pauta de que la historia llegaba a su fin.

Precisamente la noche  llegó a su fin con la pequeña belleza de “Volver a volver” adornada por “Pájaro tuerto” y una versión a capela de “Fin de Fiesta”. Seguramente la frase Alguien escribió en la pared: No soy tuyo hasta la muerte…yo soy tuyo para siempre”. Sirve de definición exacta para lo que la generosidad de Gabo Ferro brindó durante estas dos estaciones: una serie de canciones que abren su corazón y los nuestros. Nada más, ni nada menos. Que se repita.

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