Miércoles 08 Dic, 2021

Todos contentos.

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Crónicas | Black Label Society
Todos contentos.
Texto: Carlos Noro | Fotos: Estanislao Aimar
Mié, 13/08/2014 - 21:30
Groove ?

La tercera visita de Black Label Society sirvió para confirmar algo: cada nuevo tour del rubio debe incluir a la Argentina en el itinerario. No importa el lugar, ni el precio de las entradas, ni siquiera que el show sea en un día laborable; BLS o simplemente Z.W, reúnen una serie de características que identifican y convencen al público pesado argentino.

Desde el inicio con “The Beginning... At Last” la idea fue realizar un show potente e intenso, casi de dientes apretados. Con un Wylde hiper concetrado tanto en su tarea como violero como en su función de vocalista, esta primera canción sirvió para mostrar la faceta más melódica del grupo sin perder pesadez.  El acostumbrado solo virtuoso – veloz del último tramo de la carrera de la banda,  fue el cierre de esta canción para arrancar con el machaque de “Funeral Bell” en donde la voz se escuchó algo baja dentro de la mezcla, presumiblemente para brindar fortaleza al riff que estructura el tema.

“Bleed for me” fue el primer clásico de la noche y por supuesto la primer canción donde el público entendió que tenía que brindar su entrega al cien por cien. Zackarías acompañó levantando el puño e incentivando el agite incluyendo su ya a esta altura clásico gesto de gorila;  dando la pauta de que el humor de la noche era excelente. Un acople sirvió para dar inicio a “Heart Of Darkness” (el primero que sonó del disco que venían a presentar Catacombs Of The Black Vatican) una canción bien groovera que tal vez quedó opacada al transformarse en la hiper ganchera "Suicide Messiah”. Este fue el momento en que uno de los  plomos aportó otro de los instantes repetidos en los shows de BLS, utilizando un megáfono en los coros para sostener la contundencia riffera que de por sí propone el tema.

Otra de Catacombs…  “My Dying Time” una canción densa y pesada quedó hermanada con la tercer canción del disco que sonaría en la noche. La genial “Damn the Flood” lo fue porque recordó a las melodías del gran Iommi y porque mostró que el barbudo pelilargo estuvo escuchando horas y horas la bruja negra como la gran mayoría de su público. La pregunta que quedó en el aire es que pasaría si resignara algo de pesadez e hiciera más canciones de este tipo. Difícil de contestar porque es poco probable que suceda.

Un largo e innecesario solo de guitarra al final de la canción (a esta altura no se entiende para que decide insistir con estos momentos de innecesario demostración de digitación y velocidad) enganchó con “Godspeed Hell Bound” en donde la voz se escuchó por encima de la mezcla,  algo que se repitió hasta el final del show.

La primeras palabras de Z.W. en toda las noche fueron para una extensa presentación cuasi boxística de la banda que sirvió, a su vez, como punto de quiebre e introducción de la última parte del set. Casi una banda nueva (efectivamente él es el único integrante original) vale la pena destacar que ha logrado conformar una estructura sólida y contundente. Si bien Jeff Fabb no es un baterista descomunal, su golpe es preciso y necesario para dar contundencia a las bases. John DeServio aporta mucho groove desde el bajo y se anima a mostrar arreglos de la escuela de Geezer Butler (toca con los dedos).  El jovencísimo Dario Lorina recuerda al mismísimo Zack cuando recibió la oportunidad de tocar con Ozzy Osbourne en los ochentas. Talentoso, sutil y aguerrido, secunda perfectamente la maestría del vikingo. Juntos conforman una estructura sólida que brinda un show contundente, variado y aguerrido.

A partir de aquí la presentación entró al espacio melancólico que el rubio sigue brindando a través de medios tiempos y baladas que hacen respirar sus discos entre tanta pesadez. Primero Lorina se sentó en teclados para realizar la última canción que sonaría de “Catacombs…”, “Angel of Mercy” que se vio algo afectada por el sonido de teclado muy por debajo de la mezcla. “In This River” la canción con la que Zack homenajeó a su hermano de la vida Dimebag Darell remontó esta situación incluyendo un cambio de posiciones. El rubio pasó a teclados (en donde se lo vio muy cómodo) y el joven guitarrista tomó la melodía principal dejando en claro que la confianza es de un nivel alto. Quién sabe si Darell estuvo ahí.  Por el nivel de emotividad y excelente calidad sonora, varios preferimos creer que sí.

La última parte del show, con los bises sobre el escenario fue un crescendo de intensidad rockera hasta volver a la pesadez groovera con la que arrancó el set. “The Blessed Hellride” trajo el clima pantanoso del sur de los Estados Unidos,  “Concrete Jungle” devino en pesadez;  algo que “Stillborn” terminó por confirmar sumando algo más de groove y gancho escuela Ozzy Osbourne.

El cierre fueron los saludos de rigor y la sensación de que Black Label Society  había hecho lo que sabe hacer. Mezclar pesadez, buenas canciones, riffs y baladas. Eso para el público alcanza. Todos contentos.

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