Que viva la música.

Crónicas | Noiseground Festival
Que viva la música.
Texto: Carlos Noro. Sebastián Sanchez. Hernán Mazón | Fotos: Jorge Sebastián Noro. Martín Darksoul. Sebastián Delacruz.
Uniclub ?

Nos dimos el enorme de gusto de recorrer todo el Noiseground Festival con las palabras de Carlos Noro, Sebastián Sánchez y Hernán Mazón hermanadas con las imágenes de Jorge Sebastián Noro, Martín Darksoul y Sebastián Delacruz. Crónica de una costumbre que llegó para quedarse.

Día 1: In rock we trust.

Crónica: Carlos Noro / Fotos: Jorge Sebastián Noro

El inicio para el día más rockero del Festival fue para Colvero. Bien temprano su stoner prolijo y excelentemente ejecutado, fue una buena manera de entrar en clima. La gran virtud de los muchachos es que saben para donde va su música. Su reciente Ciclo II es una muestra de esto. A seguir dándole oportunidades

Con algo más de gente, Orquesta de Diablos dejó en claro un par de cosas. Por un lado es bastante complicado encuadrarlos dentro de un estilo, por el otro tienen esa impronta de orquesta de vodevil en donde se sienten muy cómodos (por algo aparecen caracterizados como diablos) sin cerrarse solamente a eso. Entonces incorporan breakdows, riffs intricados y progresivos entre otras muchas ideas  escondidas dentro de melodías muy gancheras y recordables. En cuanto a la presentación en sí, el excesivo volumen de la mezcla no dejó aprovechar las armonías vocales que también son parte de las canciones, pero sin afectar demasiado a la idea que quieren plasmar.  Se fueron aplaudidos y tal vez hayan incorporado alguno que otro que se quedó enganchado con su propuesta.

Para cuando Cobra Sarli subió al escenario, el Uniclub estaba a punto de llenarse. Tal vez la idea de poner a prueba la incorporación de su nuevo guitarrista Mariano Colaneri o simplemente las ganas de tocar hicieron que la presentación de los Sarli fuera de lo mejor de la noche. Evidentemente la elección de la guitarra ha sido acertada principalmente porque le da nueva vida a las canciones. Lo que antes era conducido para el lado más punk ahora es llevado hacia el lado de otras influencias como el rock and roll sueco (Hellacopters y Turbonegro a la cabeza) principalmente porque la banda se dejó conducir por el pulso riffero del nuevo integrante. En este contexto, la energía y la actitud bien entendida de “me chupa todo un huevo” Lucas Kapovic junto a la contundencia  de Nicky Santoro y Adrian de Undurraga en bajo y bata respectivamente brillaron de una manera distinta y contundente. Gran set para una banda que parece haber encontrado nuevos horizontes. Ojalá se sigan dejando llevar para esos lugares.

No descubrimos nada si decimos que Los Antiguos es una de las bandas que más viene haciendo ruido en los últimos meses. Básicamente, esta nueva presentación con un Uniclub a tope (incluso había gente arriba y las escaleras) se encargó de mostrar la versión más furiosa de la banda. Con Pato Larralde histriónico como siempre, que se animó incluso a homenajear a Gustavo Cerati con la frase “poder decir adiós, es crecer” pasaron “Hecho a mi medida”, “Los Grises” y la genial “El Sureño” entre otras, siempre festejadas por un público muy pero muy enganchado por la impronta combativa que propone la banda. Con un sonido al límite de lo tolerable pero nítido, dieron un set tan intenso que dejó a muchos con ganas de más. Para destacar la versión de “Dios de los Paganos” junto a Cristian Rodríguez de Avernal. Ahora a esperar el nuevo disco.

El cierre de este primer día fue para los uruguayos de Motosierra. Si Los Antiguos propusieron un volumen alto lo de los muchachos fue brutal.  Es claro que ese punk rock a mil quilómetros por hora que proponen, no puede funcionar sin ese combustible. Con una cantidad de canciones impresionante, los que fueron a verlos recibieron lo que buscaban. Un Marcos tomado por el espíritu de Iggy Pop más guarro, sucio y violento junto a una base musical en donde la impronta punk – extrema tiene más fuerza que nunca. “Andate a cagar” pareció la definición perfecta de un set sin descanso y de dientes apretados. Muchos del público se quedaron pensado quién o qué les había pasado por encima. Difícil definirlo.

Dia 2: In fuzz we trust

Crónica: Sebastián Sanchez / Fotos: Martín Darksoul

El segundo día del Festival supo incorporar un mayor grado de rock valvular y psicodélico a la mezcla que se venía formando. No hace falta ser un genio visionario para darse cuenta de la variedad con la que cuenta la escena under local, pero no sería justo dejar de destacar como un logro positivo que se pueda armonizar todo ese espectro dentro de un festival. Lamentablemente, distintas razones logísticas hicieron que no llegásemos para presenciar los shows de Mondo Dromo, Stilte y Altar, y si bien son bandas de las que ya hemos hablado en este espacio, cada una tiene sus particularidades sonoras que valen la pena.

Lo bueno es que ya estábamos bien posicionados para ver a Fuzzly, la banda de Brasil que trajo su stoner desertico al escenario de un Uniclub que ya comenzaba a mostrar indicios de querer llenarse. El recibimiento fue no solo correcto, sino que también todos aquellos que se encontraban cerca del escenario agitaron sus cabezas al ritmo del stoner puro y psicodélico que el grupo tiene para mostrar. El sonido estuvo un poco saturado al inicio pero se ajustó rapidamente y todo sonó de maravillas a partir de ahí. La banda alterna temas directos con cuelgue instrumental sin inconveniente, sin dejar la pesadez de lado. En resumen, Fuzzly es una excelente muestra del nivel de calidad ha alcanzado el género en Sudamérica, aun brindando cierta impronta latina a un sonido que no parece mostrar señales de agotamiento.

Ya eran cerca de las 20:45 cuando Sutrah subió al escenario para seguir inundando la noche de sonidos rockeros. Está bien que se los emparente con el stoner, pero sería mucho más acertado decir que tienen un gran anclaje en el blues pesado bien característico de las bandas argentinas de los setentas, y si acaso dudan de esta afirmación escuchen un tema como “El séptimo viaje”. El trio recorrió una buena parte de su discografía a lo largo de su presentación, y mostro su gran capacidad para variar entre un sonido profundo con largas zapadas guitarreras siempre acompañadas de una base contundente de bajo y batería. Otro punto destacable fue la respuesta positiva del público, que acompaño y festejó a cada instante, sin dejar de lado el trance especial en el que todos parecieron estar inmersos.

Finalizado el show de Sutrah, se dio lugar a una pausa necesaria que bastó para que el lugar se llenase totalmente. Es que ya se palpitaba la aparición en escena del primer cabeza de cartel de la noche, nada más ni nada menos que Sick Porky. Aun así las espera no fue demasiado larga, y el sexteto finalmente comenzó su show con la brillante intro de “Los Descarnados” llevada adelante por Mariano “El Tata” Martínez. Hay varios puntos destacables que mencionar aquí, en principio, el sonido estuvo en su punto justo, claro y nítido de principio a fin, y la voz de Carlos Villafañe se pudo disfrutar a punto caramelo. Las tres violas de Chicha Mosseaud, Jeremias Stutz y el ya mencionado Tata podían ser diferenciadas, y lo mismo corre para el bajo de Leandro Spatola.

La otra particularidad fue la presentación de un nuevo baterista que mostró gran contundencia para tocar su instrumento. Hubo una moderada presentación, y se refirieron al él como “La vieja o el Vieja”, casi cariñosamente. Era difícil hacer una observación clara por obvios motivos, la pared que constituyen la voz y los otros cuatro instrumentos que la flanquean hacen que el fondo desaparezca en el acotado escenario del Uniclub. El setlist estuvo fuertemente basado en su último trabajo, Los Descarnados. En principio sonaron el tema homónimo, “Hordax”, “Ritmo Serpiente” y “Ephemerol”. Luego cortaron con uno de Ancestral, “Dos Rupias”, que demostró el nuevo cuerpo y la potencia que tienen los temas viejos con la actual formación, y retomaron con “Encogemente” y “Ultimo Caído” en homenaje a Jose Font, conocido como Facón Grande, un personaje histórico de La Patagonia Rebelde (o un Criollo con pelotas, como supo definir elocuentemente Jeremías). El cierre estuvo protagonizado por “Los que no temen” y “Pura Sange”. Se trató ni más ni menos que de un show compacto, contundente y sobre todo prolijo en cuanto a sonido.

El cierre del segundo día del Festival tuvo como cabeza de cartel a Poseidotica. Los chicos de Sick Porky ya habían dado un indicio, dedicando su presentación a Santiago Rua, violero de los antes mencionados, que lamentablemente no pudo estar presente con su banda por motivos familiares. Una singularidad como ésta hizo que la banda se presentase como trío, algo inesperado pero bienvenido de todas formas. Respetando el deseo del ausente de hacer su show de todas formas, la banda mostró un gran profesionalismo y un nivel musical excepcional. La ausencia de la otra viola pudo sentirse de manera mínima, es decir, se sentía que faltaba algo, pero los temas fluyeron con una naturalidad notable. Hubo de todo un poco, la gente acompaño con aliento y respeto permanente, y se basaron tanto en temas de su discografía ya editada como con temas que aún no han visto la luz en formato físico, como “El alma de las maquinas”. Por momentos el bajo de Martín Rodriguez se puso funky, y hubo oportunidades de brillo para la viola solitaria de Miceli y la brutalidad tras los parches de Walter Broide.

Hubo un casi cierre con “Elevación”, y cuando se suponía que todo estaba cerrado ya, el pedido de un tema más por parte de la entusiasmada audiencia brindó lugar para un tema más, que resultó ser un completo estreno, “Aeroblus” en un claro homenaje pateador de culos a aquel mítico proyecto que tuvo en sus filas a los queridos Pappo y Alejandro Medina. Un trio accidental celebró la existencia de otro, y eso fue absoluta belleza poética y musical.

Día 3: In metal we trust.

Crónica: Hernán Mazón / Fotos: Sebastián Delacruz.

Usted sabe, cuestión de tiempos domingueros, transporte y demás situaciones hicieron que podamos llegar para el show de 3 mg., con lo cual el set de Los Dragula ha quedado al margen de esta cobertura, pero prometemos hablar de ellos en otra instancia, como lo hicimos en otras oportunidades. Pero bueno, la cuestión es que el Festival más grande de la movida de géneros varios, cerraba las jornadas ya vividas, con ya dos fechas ejecutadas y superadas con hidalguía. Demás está decir que lo que se estaba por ofrecer era seguramente el plato más fuerte, en materia de metal pesado si vamos al caso.

Fue así que dando continuidad a lo plateado en los días anteriores la cosa arrancó desde bien  temprano y el show de 3 mg. no fue la excepción. Un show distinto y plagado de rarezas y situaciones poco convencionales para el género. Una banda que fundamentalmente se dedica a hacer llegar sus sonidos instrumentalmente, pero que a la vez sorprenden incorporando un saxofón a mitad del set para luego cerrar el evento con la colaboración en las voces de algún amigo. Se respira stoner y psicodelia, claro, pero también la banda tiene un dejo importante de base blusera, asumiendo la capacidad de poder generar melodías justamente de muy poco peso sin que esto altere su performance, como bien su nombre lo indica. Destaquemos si el buen sonido logrado, situación que se trasladará al resto de las bandas.

Dando continuidad a lo descrito, llegó el turno de los amigos de Narcoiris, banda que recientemente ha editado su disco y a la cual le ha caído como anillo al dedo el festival ya que les permitió presentar varios de los nuevos pertenecientes a “El Primer Enemigo del Hombre”. Buen sonido, mucho rock de los setentas de base y bien cantado. Quizás la búsqueda de otro tipo de interacción con el público, le hubiese dado a la banda otro dinamismo sobre el escenario, pero musicalmente sonaron muy bien. Es un trío potente y de gente que sabe lo que quiere musicalmente. No andan con muchas vueltas y van al grano. Destaco el potente sonido traído desde las cuatro cuerdas, como así la crudeza de los golpes de batería y el buen hilo conductor que es su cantante y guitarrista, que en definitiva se termina transformando en la banda como en una especie de termostato, regulando cada paso, cada nota.

El show también propondría un incremento gradual de la violencia auditiva y Anomalía se haría carne de eso. Definitivamente estamos ante una banda que es polenta hecha canción. No hay mucha vuelta para darle. Van a frente y golpean con todo. Probablemente Ramiro, su frontman representa todo esto, pero está súper bien acompañado por David, quién aparte de ser la prolijidad misma en velocidad, ya había tenido la chance de mostrar sus dotes el viernes con Los Antiguos. Poco le importaron a la banda los problemas surgidos con el bajo inicialmente (se plantó un cabezal), pero insisto, el desempeño individual de cada uno superó ese mal trance. Y si vamos al caso destaquemos lo que para mí fue el baterista revelación de la noche, Javier Cuello. Destacable por donde se lo mire, con lo cual, a ponerse de pie señores. Se despidieron con “La Miseria de Vivir”. Con un grupo así, hay deathcore para rato.

21.10 marcaba el reloj y sería la hora de la llegada de Buffalo al stage. Bien, realmente bien la banda, si bien arrancaron con un sonido un tanto saturado, el sonido rápidamente se acomodó. La banda se dedicó a recorrer sus discos, haciendo más hincapié quizás en “Los Días Lentos”, lo más reciente editado. No faltó la chance de que también el trío presente por primera vez a “Mis Muertos”, tema nuevo que formará parte de la próxima edición física. Como dato de la citada, si les sirve, mantiene el eje de lo propuesto por la banda en el último disco, y como sello clásico de la banda el uso del wah-wah por parte de Claudio, que no hace más que darle un toque distinto a la agrupación. Hubo chance de que suba como invitado al escenario el guitarrista de Connor Questa, quién improvisó con algún solo en el cierre, imprimiendo su sello de su carismática guitarra.

Y si de cambios de formación hablamos, ¿esperados? ¿inesperados? Avernal ejemplificaría lo dicho. Si bien desde hace un tiempo atrás la banda había anunciado entre pasillos la partida de algunos de sus miembros, la realidad indicó al ver a la banda sobre el escenario, que, tanto Sergio como Mow ya no formarían más parte del quinteto. En sus reemplazos llegaron Seba Barrionuevo (Jesus Martyr, The Killing, etc.) en guitarra, que la banda le cae al pelo por sus características, y Franky (Undermine) en el bajo. Suele suceder que ante cambios de este tipo el fan queda medio desestabilizado. Pero la realidad indicó lo contrario, que los nuevos respondieron y bien. Destaco la poca tensión que tuvo el team durante el setlist, demostrando un aplomo que no se condice con el poco tiempo juntos. Con un Cristian inspiradísimo, atravesando los distintos sonidos guturales que puedas imaginarte, magnificó esa fidelidad recíproca tanto con Fede como con Germán. El buen sonido acompañado desde las perillas les permitió repasar varios clásicos, desde el primero al último disco. Destaco del set a “La espada Sin Cabeza”, “Desmembrado en Vida” y el cierre con el clásico “El Sangriento”. Mi criterio dice que Avernal sigue siendo una bomba de tiempo. Probablemente los viejos de la banda tomen mayor protagonismo de acá en adelante, y si de desafíos hablamos, ellos lo ejemplifican. El disco nuevo pronto a venir, veremos qué dirá.

Casi llegada la media noche llegaría el turno para Dragonauta, banda sobre la cual recaía el cierre del festival. Y si de responsabilidades hablamos, poca no era ya que también la mostrarían otra formación. Lo destacable quizás sea la vuelta de Federico Wolman a la banda y la incorporación especialmente para este show del bajista también de Poseidótica, Martín Rodríguez, quien más allá de su aspecto físico, es el Geezer Butler de los setenta que llega para darle otro realce al grupo. Las conclusiones del show manifestaron que hay dos Dragonautas, uno con el Topo Armetta y otro con Fede. No desmerezco bajo ningún punto de vista lo mostrado, al contrario, me encantó el setlist y la performance de la banda. Bien Fede cantando los temas de Omega o bien de Cruz Invertida, pero sí de moldes hablamos, sentí que mucho mejor le quedan los originalmente grabados por él. Sonaron varios clásicos, como “Muerte y Destrucción”, “The Talking Snake”, algo de Cabra Macabra, y otros. Pero en definitiva, llevo conmigo que la banda es otra, el bajo suena más potente y hasta es más, permitió que Daniel Libedinsky quién siempre lleva los coros con Ale Gómez, se dedique de acá en adelante a liderar las voces en canciones completas.

De esta manera, despedimos el festival con la frente bien en alto, y de no ser por ellos, los músicos, que llenan nuestras almas con melodías, difícilmente podamos hablar o acompañar desde nuestro lugar al respecto. Algunos deciden en irse de una banda y entrar a otra, todos terminan interactuando en el gran género este al parecer y tienen relaciones entre sí, otros quizás lo sigan haciendo con un proyecto totalmente renovado, pero saben que, los esfuerzos mancomunados están a la vista y no hay mucha vuelta que darle. Siguen haciendo música y eso es lo que interesa. Dejo la puerta abierta para quienes no tuvieron la chance de poder estar en el festival, para que el año venidero lo hagan. Creo que por los descrito durante estos tres días, nada los defraudará, al contrario, quizás encuentren un amigo musical nuevo que les llene el corazón.

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