Nadie cabalga solo

Crónicas | Ararat
Nadie cabalga solo
Texto: Sebastián Sánchez | Fotos: Jorge Sebastián Noro
Vie, 12/09/2014 - 21:30
The Roxy ?

Hay un gaucho eléctrico venido desde un monte lejano que cabalga las pampas agrestes en busca de un lugar al que llamar hogar. Es un hombre que conoce las penas, el esfuerzo y el trabajo, la historia típica de un inmigrante que atravesó tormentas pero que jamás se encaminó hacia la nada. Es más, a lo largo del camino buscó y encontró hermanos en armas con los cuales continuar el viaje sonoro. Esta es la historia de la Cabalgata hacia la Luz de Ararat.

¿Qué tiene que ver todo este relato con lo musical? Pues se podría decir que todo. Hay un concepto palpable detrás de lo que no aparenta ser una banda más, sino una gran familia. El lazo no es de sangre, pero tiene la misma fuerza y un poco más también. El viaje emprendido es musical, una búsqueda de la trascendencia y un sano ejercicio de curiosidad artística que invita a acompañarlos. En esta ocasión los tres hombres presentaron oficialmente su más reciente engendro, que si bien tiene ya unos meses en las calles, merecía un show como el que se desarrolló en el Roxy Live.

Ya hablamos sobre cómo funcionan en vivo, y también conocemos su filosofía. El trio compuesto por Sergio Chotsourian (bajo, guitarra y voces), Tito Fargo (guitarra y samplers) y Alfredo Felitte (batería) tiene las cosas claras y entre los tres forman una maquina aceitada por la experiencia obtenida en sus variados y trascendentes caminos musicales. Y aun así eso no basta para hacer de Ararat un equipo eficiente y efectivo. Falta agregar la notable química que tienen los integrantes en vivo, y es por eso que el definirlos como hermanos no resulta caprichoso.

Musicalmente, toda la presentación fue arrolladora. Desde el arranque con “El Camino del Mono”, se pudo sentir la potencia que estos tipos pueden desplegar en un show en vivo. Los sonidos llenan todos los espacios, pero sin saturar ni molestar. Los golpes de la batería de Felitte y del bajo de Sergio se pueden sentir en cada fibra del cuerpo, y las genialidades de un muy poco tradicional Tito Fargo acompañan todo. A cada paso hay contundencia, pero una gran delicadeza en la ejecución y atención al detalle. A riesgo de sonar exagerados y repetitivos, todo se siente en armonía, no importa lo fuerte que suena. “El Paso” arranca con una batería que devasta a su paso, y lo mismo para “Las dos mitades”, con un final intenso que dio paso al bajo infeccioso de Chotsourian para la apertura de “Nicotina y Destrucción”. Pasaron cuatro temas, y todos los cocos ya estaban rotos y felices.

Un sutil intercambio por parte de Sergio, que pasó del bajo a una bella guitarra SG (había un pequeño arsenal a su lado que no llegó a usarse en su totalidad, lo que también es muestra de un músico preparado), dio comienzo a “La Sal y el Arroz”, acompañado de “La Historia de Hanuman”. Todo habla de sentimientos, de estar en movimiento y cambiar. “La Familia y las Guerras” brindó un momento de relax y cuelgue apropiados, en un ejercicio de introspección sonora coronado por las varias destrezas de los músicos. La tensa calma llevada con maestría por Fargo y Felitte llevó hacia un final que liberó al Sabbath que llevan adentro.

“Las Piedras” nos hizo recordar un poco a las proezas guitarreras que Sergio ejecutaba anteriormente, y tras un fulminante despliegue en “El Hijo de Ignacio” y “Los Escombros del Jardín”, pasaron a un espectacular cierre de la mano de un ya clásico de la banda, “Lobos de Guerra y Cazadores de Elefantes”, con esa cadencia que reprograma la sinapsis cerebral.

El final los mostró agradecidos y abrazados frente al público que no se cansó de aplaudirlos. Ararat parece una banda de hermanos trabajadores, unidos por su pasión por la música. Parece ser una gran familia, unida por un deseo de trascender las fronteras musicales establecidas y de llevar su luz hacia los rincones más oscuros que existen.

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