Genuinos y Creibles

Crónicas | Dropkick Murphys
Genuinos y Creibles
Texto: Carlos Noro | Fotos: Jorge Sebastián Noro
Teatro Flores ?

La mezcla perfecta entre el punk, la música irlandesa y cerveza. Mucha, mucha cerveza.

Definitivamente hay una rara atracción por parte del público argentino hacia ciertas bandas que construyen un sonido bien particular. Como en su momento sucedió con la visita de Social Distortion (y su punk rockabillyzado) la venida de los Dropkick Murphys también creaba cierta expectativa para una serie de seguidores bien específicos. Es clara que la mezcla entre punk rock, el hardcore y el oi!, con la música tradicional de Irlanda (mucha melodía con aires celtas) no es para cualquiera. La sensación es que precisa de oídos tradicionales y abiertos para calar hondo.

Tal vez por eso, un Teatro con una muy interesante cantidad de gente, se dividía entre punks tradicionales (mucha remera de los ramones) y una inmensa cantidad de remeras verdes con referencia a Irlanda, San Patricio y Boston lo que construía una interesante paleta de colores a la que uno no suele estar acostumbrado.

Con el noventa por ciento de la gente cantando un muy yanqui “Let’s Go Murphys, Let’s Go Murphys” (No hubiera estado mal adaptarlo a la idiosincrasia argentina) “The Boys Are Back” fue el esperable comienzo con una canción perteneciente “Signed And Sealled With Blood” (2013) un disco con muy buenas críticas y claramente la madurez de la propuesta que empezaron a perfilar con “The Warriors Code” (2005) desde donde sonó “The States Of Massachusetts” dado muestras claras de ese sonido que hace diferente esta banda: el banjo, la gaita y el acordeón se mezclan sin problemas con le velocidad punk, la melodía alegre, los coros de épica alcohólica y los saltos. El resultado fue una ambiente de fiesta difícil de igualar dentro del estilo.

En este contexto, el largo set que propusieron,  comenzó a transitar presente y pasado sin problemas. “Sunday Hardcore Matinee” (una interesante letra que referencia a Agnostic Front, Minor Threat y Bad Brains) mostró el ala más despojada de los de Boston algo que canciones “The Gang's All Here”, “The Gauntlet’,‘Prisoner’s Song” o “Never Forget” solo hicieron más que acrecentar. Para los conocedores de la historia de la banda debe haber sido una interesante sorpresa, para aquellos que fueron a buscar la presencia de ese toque de bar irlandés fueron una manera de esperar lo que realmente importaba.

Precisamente “Bastards On Parade”, “Going Out Style” y “The Warrior’s Code” volvieron a incorporar los instrumentos tradicionales y por lo tanto la fiesta que tanto pregonan desde sus líricas. En este sentido es interesante la prolijidad que el la banda (nunca mejor definido el colectivo que conforman) logra en estas canciones. Sostenidos  en  tres pilares (el movedizo vocalista  Al Barr , el contundente bajo y liderazgo escénico de Ken Casey  y un Matt Kelly capaz de manejar los tiempos tras los parches) el grupo ha encontrado una identidad tan cómoda y genuina que uno quiere escucharlos transitar esos caminos sin descanso. No parece descabellado que en un futuro cercano los D.M sostengan sus presentaciones con canciones como  ‘I’m Shipping Up To Boston’ (la genial canción de los infiltrados inspirada en un poema tradicional estadounidense) o se la jueguen por contar historias tan bellas y familiares como la genial “Rose Tattoo”. Desde afuera uno siente una empatía con esas melodías difícil de describir.

El final con dos homenajes “T.N.T.” de AC DC y “Blitzkrieg Bop” de los Ramones cerró un show tan contundente como sincero. Ojalá vuelvan. La sensación fue que tuvimos una oportunidad única de ver una banda en uno de sus mejores momentos. Ser genuinos y creíbles es una virtud. Ellos lo demostraron.

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