Las aristas del amor

Crónicas | Anathema
Las aristas del amor
Texto: Carlos Noro | Fotos: Sebastián DelaCruz
Sáb, 07/02/2015 - 21:00
Teatro Vorterix ?

Anathema es un secreto a voces. La banda que varios recomendamos. La síntesis perfecta entre la experimentación y la búsqueda perfecta. El presente como manera de ser y sentir. Bienvenidos a un universo sin límites.

Las aristas del amor son muchas, demasiadas para el ser humano. Podemos transitarlas con alegría, con sufrimiento, con placer o con profunda felicidad. Podemos encontrarlas o sorprendernos de ellas a lo largo nuestra existencia. Recorrerlas, sentirlas, buscarlas, parecen ser la razón de ser de nuestras vidas.

En este espacio metafísico se ubica una banda como Anathema. A esta altura luego de veinticinco años en la búsqueda, es imposible pensar la propuesta de los ingleses sin empatizarla con alguna experiencia personal de cada uno de los que asisten a sus shows o escuchan su música. Entonces el inicio con la canción que por primera vez en la historia de la banda toma su nombre como leitmotiv, nos sitúa en un sitio en donde la música parece volar hacia límites inimaginables entre nubes de épica Floydiana y una melancolía tan sanadora como redentora.  Las dos partes  de “The Lost Song”, hermanadas como al inicio del reciente Distant Satellites invitaron a Lee Douglas a escena lo que significó, en la primera de ellas, un sostén armónico y femenino para la intensidad de las voces de Vincent Cavanagh y en la segunda,  uno de los momentos más conmovedores de la noche que sirvió para relatarnos casi al oído una invitación a abrir los ojos. Imposible no quedar encantados con aquella primera frase “En la vida, hay un momento para despertar” en el contexto inocultable belleza de la voz de Lee. Inolvidable.

Otras dos canciones hermanadas, “Untouchable PT 1 y 2” de Wheater Systems, aportaron luz y esperanza al ambiente. Si la primera es un bello recorrido que explota intensamente sobre el final, la segunda retoma el camino y nos invita a dejar ir a aquello que dejamos de amar para ser felices con todo lo que ello implica.

 Pasó un show intenso, atmosférico, colorido y profundamente emocionante. Como ese amor que transita infinitas aristas, Anathema sigue planteando romper sus propios límites.

A la altura de “Thin Air”, una de esas canciones que va creciendo con la fórmula de fortaleza mántrica, la propuesta sonora de los de Liverpool dejaba unas cuantas cosas claras. Por un lado Dany es aquel que maneja el pulso de la banda y los tiempos en escena. El resultado es un grupo que se sostiene en la variedad, pero también en la prolijidad de los climas generados por su guitarra líder. Lee Douglas que reaparecería rápidamente en escena para “Ariel”, hoy es una pieza imprescindible para el grupo porque logra poner el color y la sutileza que ciertas canciones precisan para brillar con todo el esplendor que lo hacen. “The Lost Song, Part 3” significó un logro en este sentido, logrando la armonía y la intensidad que la lírica y la música precisa. Hoy sería imposible pensar a la banda sin ella, algo que a lo largo del tiempo se ha hecho cada vez más evidente.

La presencia de Daniel Cardoso tras los parches fue creciendo a lo largo de la noche. En el aire cuasi celta de "The Beginning and the End” se hermanó con la guitarra de Danny, en “Universal” entendió con claridad cómo ir subiendo de intensidad con el resto de sus compañeros en uno de los momentos más intensos del set por la búsqueda rítmica planteada por la canción.  

“Closer” tal vez sea una de las canciones que permiten liberar a Vinnie Cavanagh quien por una decisión estilística se ve mucho más contenido a lo largo del set. Su ya clásica cacofonía sonora con los pedales, esta vez dejó con ganas de más,  principalmente porque da la pauta de una liberación que a lo largo de las canciones cada vez encuentra menos, sin por ello dejar de brillar intensamente como de costumbre.

La  cuasi intro “Firelight” desembocó en “Distant Satellites”, la canción en la cual el grupo apuesta claramente a las bases electrónicas. Para oídos abiertos y con un interesante aporte del bajo de Jamie Cavanagh sobre el final, significó una hermosa manera de despedirse del presente y realizar un breve recorrido por el pasado.

“Se que les gustan las canciones que compusimos hace doce años pero aprecio también que les guste nuestro presente” se animó a afirmar Dany antes de una conmovedora versión de “One Last Goodbye” en donde la distancia de aquellos que ya no están se hizo tan palpable como real. “Deep” en una versión distinta a la original,  fue una de las más festejadas porque propone una intensidad tan contagiosa como redentora. “A natural Disaster” volvió a Lee a escena invitando a cerrar los ojos y recordar tiempos pasados. La belleza nuevamente se había hecho presente

El único de los bises dio comienzo con el público, hasta ese momento disfrutando de los climas y silencios de la banda, cantando a viva voz el “olé, olé Anathema es un sentimiento no puedo parar…” por varios minutos. Increíblemente esto se transformó en una improvisación de Danny en el piano que culminó con un supuesto inicio de tema nuevo, para sonrisa de todos y para sellar la comunión lograda con los de Liverpool después de cinco visitas. Veremos si se concreta. Ojalá.

El final fue para esa oda al desamor que es “Fragile Dreams”, la despedida obligatoria para un grupo sin límites ni prejuicios.  Pasó un show intenso, atmosférico, colorido y profundamente emocionante. Como ese amor que transita infinitas aristas, Anathema sigue planteando romper sus propios límites. A seguir transitando el presente, el amor y el futuro. Estaremos con ellos.

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