Presagiando la llegada del pentagrama

Crónicas | Dragonauta + Doma + Bhutan
Presagiando la llegada del pentagrama
Texto: Hernán Mazón | Fotos: Gimena Cuenca
Martes, 12 Marzo, 2013
Vie, 08/03/2013 - 23:30
Club Calavera ?

Después de una prolongada ausencia, la noche porteña nos convocaba a presenciar el retorno a las tablas de Dragonauta, quienes estarían realizando su primer presentación del año. Nos recibió el recientemente reciclado Club Calavera, que de gente, no era ni más ni menos que un subte en hora pico. Desde el vamos la cita era prácticamente de asistencia obligatoria, no solo por lo que representa la banda en si, sino porque al estar bajo esa incertidumbre de que si su nuevo disco sale hoy o mañana, la cosa tenía un aditivo extra. La previa indicaba casi con seguridad la chance de que la banda muestre, como lo hicieron durante el año pasado, algunos de los temas nuevos que compondrán “Omega Pentagram”, el disco que estará disponible para el mes entrante todo parece indicar. Bien acompañados para la ocasión por Bhutan y Doma, pudimos disfrutar de un show que tuvo un crecimiento gradual, yendo bien de abajo hacia arriba, ya que cada banda, a su modo, y con su propuesta, permitieron viajemos a través de sus sonidos, dejándonos en claro cada género.

Los encargados de abrir en la ya pasada medianoche de sábado, fueron los amigos de Bhutan. Siempre creí que para iniciar un recital, no era necesario hacerlo de una manera fervorosamente agitada. Definitivamente esta banda es ejemplo de ello, fueron una lógica decisión para romper el hielo de un recinto que de a poco iba tomando forma. Pocas son las bandas que practican Drone Metal/Ambient en nuestro país, es más, después de muchos años viendo bandas en vivo es la primera vez que me tocaba estar presente ante tal situación. Debo decir que crearon una atmósfera distinta, que va más allá de lo musical. Las caras y las miradas entre los presentes reflejaban eso, en parte comprendiendo la propuesta, y por otra, disfrutando de los pocos usuales sonidos generados por el theremin. En la casi media hora instrumental, destaco la obsesión de Francisco Badano (guitarra) en querer encontrar los sonidos deseados, llevándolo a estar pendiente de sus varias pedaleras un tiempo prolongado. Algún que otro problema con el equipo de bajo (se apagaba y volvía a prenderse) no apaciguó el mensaje, es más, hasta pudieron intercambiar instrumentos. Andrés Gargiulo, que oficiaba como bajista hasta el momento, pasó a desempeñarse como baterista y Martín Tarifeño, que manejaba la otra viola y el theremin (en este caso artesanal, fabricado por el mismo) hizo lo propio con las cuatro cuerdas. Pudimos escuchar tres temas que íntegramente pertenecen a un disco pronto a editarse, “Behind” de toques más ambientales, “Dead” con base sobre distorsiones y “Woods” que da pie al ingreso de la batería. Hay bandas que en vivo despejan las dudas que uno puede tener de antemano sobre lo que tienen para mostrar y como, bueno, Bhutan es una de ellas, y si, fue así, una sesión “impulsos sónicos electro-magnéticos”, tal cual ellos se describen.

"Hay bandas que en vivo despejan las dudas que uno puede tener de antemano sobre lo que tienen para mostrar". Sobre Bhutan.

Recambio de por medio de equipos e instrumentos, una hora después, llegó el turno de Doma. Con el recinto mucho más lleno, esta banda también del palo instrumental, mostró una propuesta completamente diferente. Si me preguntás, ¿cómo los catalogás?, solo puedo decirte que me parece bien que se den a conocer como una banda de “blues pesado”. A ver, no es sencillo analizarlos, pero si te puedo decir que es una banda que tiene unos músicos altamente capacitados para desarrollar la propuesta. Influenciados a mi entender por bandas que marcaron una impronta dentro de nuestra escena, como ser, el legado dejado por Led Zeppelin, Pappo; por nombrar algunos, fusionan ese estilo con bandas rockeras nacionales del pasado que lo entremezclan con sonidos modernos de bandas que solemos escuchar en la actualidad. Solucionados los problemas con el equipo de bajo, la banda se dispuso a mostrar fundamentalmente su más reciente disco, editado el año pasado, denominado “La Sombra del Fuego”. El sonido de la banda es crudo, de dotes rockeros, bluseros. Para este entonces ya habían sonado “Holy Mountain”, “El Embajador”, “Cuatrocientos”, y “La Regresión de los Jinetes”. A ver, es una banda moderna, pero suenan como una banda vieja. Rompen paradigmas, son re copados, se enganchan, hacen que les prestes una atención distinta, es más, te digo algo, sentí que hasta los acoples generados adrede quedan bien. Buenos cambios de ritmo, por momentos transitan por sonidos poco convencionales, que a su vez son mechados por un bajo, una viola y una bata contundente. Fernando Borgia, su guitarrista, le da el golpe distinto a la banda, claro, sin desmerecer al resto. Le gusta puntear y bajo esos parámetros de variaciones en su guitarra, va contagiando a sus pares, y por decantación al público en si, que no para de mover la cabeza o las piernas marcando el acento rockero blusero pesado. La fuerza cruda de la batería de Sebastián Córdoba -ese bombo que te pega en el pecho- el bajo pesado de Edgardo Cuenca, hacen que la base de la banda sea sólida, bajo las marcas de tiempo que lidera su guitarrista de riffs crudos y sucios. Ejemplos de estos estadios fueron “El Tema Maldito” y “El Jinete y la Yerba del Diablo”. Buen uso de la pedalera, el guagua le da un toque distinto a la banda, originalidad te diría, es la cuota moderna en los solos. No se si vos sentiste lo mismo, pero hasta cierto parentesco les encontré con la música clásica, si reíte, pero muchas de sus canciones parecen que van a terminar y no terminan nunca, lo que le da una cuota distinta a la cosa. Previo a retirarse, hubo tiempo para que la banda salude a las mujeres en su día, así fue que con “El Pájaro”, la banda se fue literalmente volando, anunciando alguna fecha que se va a venir de acá en adelante. Doma garpa.

"Muchas de sus canciones parecen que van a terminar y no terminan nunca, lo que le da una cuota distinta a la cosa". Sobre Doma

Hacinados, pero felices, casi a las 3 AM llegaba al escenario Dragonauta, que como es de costumbre son de convocar mucha gente. Mi apreciación personal me dice que después del gran disco que fue “Cruz Invertida” (el mejor para mi) ha hecho que la banda sin perder el hilo se proyecte sobre una plataforma más claramente doom en su estado puro y natural. El plus que tenía la noche era que se presagiaba como posibilidad, que la banda muestre canciones de lo pronto a salir a la calle. Para los que venían viendo a la banda en vivo, saben que muchos de los temas del disco a parir vienen siendo tocados, pero bueno, siempre es interesante tener la chance de ver lo que se viene, entremezcladas con gemas del pasado reciente.

Fue así que tras una breve introducción y como suele suceder en cada recital, la banda salió con todo, a comerse el escenario literalmente y justamente lo hicieron con una de las nuevas que se vienen como “Frozen Neptunian Demons”. Lo único que puedo decirte es que te prepares, si el disco anterior te gustó, este te va a volar la cabeza. Poco importó el poco espacio que tenían para desplazarse o el calor que había ya para estas horas dentro del Club. Con decirte que el pogo prácticamente estaba al límite del contacto con los músicos, no cabía ni un alfiler, groso. No es para menos con versiones impecablemente ejecutadas como “God Half Blind” o bien como “Cruz Invertida-Altar Penumbra” donde solo ellos son capaces de crear las atmósferas a las cuales llegan. Te suben, te bajan y te vuelven a subir. Pueden hacer que no dejes de mover de tu cabeza ni un solo momento, como también son capaces de que pongas tu mirada en el techo invocando a alguna situación personal acompañado de solos o riffs que son endémicos de la banda.

"Pueden hacer que no dejes de mover de tu cabeza ni un solo momento, como también son capaces de que pongas tu mirada en el techo invocando a alguna situación personal acompañado de solos o riffs que son endémicos de la banda". Sobre Dragonauta

Tras que estábamos apretados, más no apretamos, no había chance de que la gente pare de moverse. Sudor de por medio y algún que otro vaso de cerveza que volaba por el aire, dieron la bienvenida a una de las nuevas. La elegida fue “The Talking Snake”, que bajo el aliento de la gente a través de un “Ohhh…Ohhh…Ohhh…” o bien como fue una constante durante la noche con el ya canto nativo “Drago….Drago…Drago” y los puños en alto, nos volaron la cabeza. El sonido siempre acompañó, como con las otras bandas, pero eso si, siempre cada una mostrando sus particulares sonidos, “Drago” no fue la excepción. El reloj seguía corriendo y llegó el turno para “World Of Violence” que ese tipo de cortes que recrea ambientes diferentes, sonidos impulsivos de guitarra, riffs bien ásperos, acordes del más allá, voces de caverna, una batería de la década del 2000 que suena como una de los años ’70. Todo esto y hasta quizás algunas cosas más que están lejos de mi alcance poder transmitir, hacen de Dragonauta una banda única en nuestro país, de esas que supera la originalidad en tiempos que la misma escasea o que cuesta encontrarla.

Si hay que hacer un párrafo aparte para lo que entregan cada uno de los músicos de la banda. No hay baches, la banda es sólida. Ambos guitarristas, tanto Alejandro Gómez, como Daniel Libedinski son claves para que está historia la encontremos donde está. Ojo, Ariel Solito tras los parches comanda gran parte de toda está estructura. De hecho se apoyan en el permanentemente y hacen no solo que por virtud propia cada uno a su manera se luzca, tanto en conjunto como por separado. Por otro lado, el Topo Armetta, es el que le pone el broche de oro a la máquina de doom. El, con sus tiempos, su vocalización de ultratumba, las precisas bases en el bajo y con la de interactuar cantando en español e inglés marca un camino que no tiene altibajos. Es una banda que te lleva. Queda en vos dejes te transporten. Ejemplo de esto fue la ejecución de “Nautilus 666”, donde la densa propuesta de la banda queda un poco relegada e intenta recorrer caminos un tanto más aireados, de una velocidad poco común y solos con otra impronta. Ya para el trayecto final llegaron las esperadas versiones, de las que quizás fueron las más solicitadas por la gente. Sin anuncio de por medio llegó la súper potente “Muerte y Destrucción” que en conjunto con “Montañas de Sangre” fue de lo mejor de la noche. Grosas versiones, impecables. Muy ajustados. A diferencias de otras noches, a “Montañas…” la llevaron hacia una versión más prolongada, con marcas distintas a la original, de punteos más largos que invitó al convide permanente para que la gente tararee cada una de las notas. Y así fue que se retiraron gradualmente hacia la planta alta del Calavera, como suele ser usual, con los instrumentos en alto.

No se si les pasa lo mismo a ustedes, pero cada que veo a Dragonauta me quedo con ganas de más. No justamente porque no sacien mi sed de encontrarme con música bien elaborada, sino por el contario, estamos ante una banda que es lo mejor que podemos escuchar a nivel nacional. No tienen nada que envidiarle a las bandas que pueden llegar de afuera, que con cierta convicción y de seguir dándole la relevancia que le otorgan actualmente al proyecto hecho realidad, es mi deseo, puedan transformarse en embajadores Argentinos de Doom  su sentido más expresivo.

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