Soundtrack del sistema

Crónicas | Ministry
Soundtrack del sistema
Texto: Carlos Noro | Fotos: Jorge Sebastián Noro

Un Teatro Vorterix casi lleno tuvo la oportunidad de ver por primera vez la punta de lanza de un estilo: el metal industrial

Vivir en el sistema capitalista implica convivir en una sociedad donde la exclusión es la manera perfecta de reproducir el orden existente. Para que unos tengan, los otros deben ser explotados. Pensar y reflexionar sobre esta cuestión nos remite a una única palabra: violencia. Esa violencia, la violencia de la exclusión es la que nos configura como seres humanos, nos atraviesa, nos transforma.

Si en los ochentas incluir elementos propios de la música electrónica en la música pesada era polémico (en especial el uso de samplers o sintetizadores) hoy la postmodernidad no podría pensarse sin ese sonido, lo que transforma a Ministry en una de esas bandas capaces de realizar una pintura de época.

Cuatro canciones del reciente “From Beer to Eternity” sirvieron para mostrar la actualidad de Ministry. Con un sonido atronador “Hail to His Majesty”, fue un oscuro ególatra rap de presentación, “Punch in the Face” mostró el sonido marchoso que Rammstein explotó hasta el hartazgo, “PermaWar” fue machacante e insólitamente incluyó un solo de armónica. “Fairly Unbalanced” se hermanó políticamente con la anterior y empezó a dejar en claro la postura política de los estadounidenses: cualquier institución de la democracia liberal debe abolirse.

A partir de aquí, este objetivo de relatar la crudeza de la realidad siguió su curso con la excusa de recorrer el resto de las miserias mundiales. Tal vez por eso, no fue extraño que  la velocidad palera de “Señor Peligro” se refugie en “LiesLiesLies” en la que la pantalla, que fue el complemento perfecto toda la noche, reprodujo imágenes de Bush y otros presidentes latinoamericanos.

Con un Al Jourgensen rabioso y visiblemente afectado por una renguera, canciones como “Life Is Good” en donde la gestualidad a lo Jello Biafra fue evidente, junto a las icónicas “N.W.O.” y Just One Fix” (la primera una alegoría sobre el nuevo orden mundial implantado por los Estados Unidos y la segunda una clara definición de los que fue la música industrial en los próximos veinte años) fueron una vulgar demostración de poder: oscuras, densas, pesadas y violentas con bases electrónicas, guitarras filosas y una melodía flotando por debajo de la canción.

El final en el que brilló una extensa versión de “So What” entre otras, dejó en claro que Ministry es una banda violenta, jodida y fundamentalmente agresiva. Nada más ni nada menos como el sistema que nos oprime día a día que la tropa de Jourgensen nos escupe en la cara.

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