Estados Alterados

Crónicas | Steven Wilson
Estados Alterados
Texto: Carlos Noro | Fotos: Martín Darksoul (Cortesía de Icarus Music)

El arte tiene verdadero lugar en el cambio y en la revolución. En este sentido, es difícil pensar un arte verdadero y total sin plantearse la autorreflexión, la búsqueda dentro de uno mismo y el cambio de las concepciones que creemos cristalizadas. Internamente Steven Wilson sabe que esta es la única manera posible de transitar su universo musical. Desde Porcupine Tree pasando por sus innumerables proyectos hasta llegar a su carrera solista, ha traspasado distintos estados de creación permanente hasta llegar a Hand.Cannot.Erase el hasta ahora último escalón abierto hacia el futuro.

Precisamente en esta tercera presentación en argentina, la lógica del esmirriado Wilson fue transitar los estados de ánimo que propone su última obra. Al igual que en la última presentación del 2013 el escenario fue el Teatro Vorterix nuevamente “tuneado” con un sistema de sonido que emuló a la lógica de lo cuadrafónico (con parlantes en todo el recinto) y atestado de un público muy preocupado por escuchar las sutilezas de las canciones (algo bastante difícil de lograr en un lugar tan repleto). Esto dejó en claro dos cosas: como primera medida la próxima vez Wilson debería tocar en un lugar más amplio, la segunda es que shows como este dejan en claro que posibilidad de sonar excepcionalmente no es una utopía para las bandas que visitan nuestro país. Invirtiendo tiempo y respetando las necesidades de la propia obra, las posibilidades son infinitas.

En este sentido la idea de encaminarse por el recorrido de Hand.Cannot.Erase sostuvo la mayor parte de un set en el que las películas proyectadas por la enorme pantalla que secundaba y por momentos protagonizaba por sobre la banda, situaba cada canción en tiempo y espacio. Por si el lector no lo sabe Hand… está basado en una triste historia sucedida en Inglaterra en la que una mujer aparentemente con una vida “normal” fue descubierta muerta en su departamento sin que nadie reclamara por su paradero durante tres años. Esta fue la excusa perfecta para que Wilson reflexione sobre los temas que verdaderamente le preocupan: el amor, el desamor, la alienación y la soledad atraviesan cada estrofa del disco. El resultado es el recorrido hipotético de lo que pudo haberle pasado a ese ser humano.

Así,  un Wilson por momentos brutalmente honesto (capaz de mencionar lo mal que lo había pasado en la aduana o excusarse antes de “Routine” por no contar con la presencia de la cantante Ninet Tayeb y del coro de niños que participaron en el disco para, acto seguido, mencionar lo interesante que es usar samplers) fue construyendo un show en el que la intensidad y la progresión fueron aumentando de manera clara y consciente hacia un espacio tan intenso como conmovedor en el que la banda, el bajista y cantante Nick Beggs, el tecladista Adam Holzman  (participes de las anteriores visitas) junto al baterista Craig Bundell y el guitarrista Dave Kilminster (nuevos integrantes) colaboraron y cobraron protagonismo según la necesidad orgánica las canciones.

Por si el lector no lo sabe Hand… está basado en una triste historia sucedida en Inglaterra en la que una mujer aparentemente con una vida “normal” fue descubierta muerta en su departamento sin que nadie reclamara por su paradero durante tres años. Esta fue la excusa perfecta para que Wilson reflexione sobre los temas que verdaderamente le preocupan: el amor, el desamor, la alienación y la soledad atraviesan cada estrofa del disco. El resultado es el recorrido hipotético de lo que pudo haberle pasado a ese ser humano.

Precisamente fueron las canciones las que brillaron en esta nueva visita. Hand… es un disco sensible por lo que es difícil no identificarse con las bellas melodías de ese recuerdo de un pasado idílico,  que es “Perfect Life” hermanada imaginariamente con la onírica y Gilmouriana “Happy Returns”. En el medio hubo lugar para la intensidad progresiva con la extensa y opresiva “Ancestral” junto a las intricadas  “Home Invasion' y la instrumental “Regret # 9” en las que el despliegue técnico emocional tuvo su espacio de lucimiento entre caras de sorpresa y emoción contenida de los asistentes. En este sentido Hand… fue el corazón del set muy bien secundado por las imágenes que proyectaba la pantalla. El clásico fragmento de la canción de Joy Division “Love Will Tear Us Apart” inscripto en la remera de la protagonista ficcional de la historia, fue la confirmación a lo que pudo haber pasado: sufrir por amor es devastador y Hand… se encargó de argumentarlo.

El resto del set, que no decayó en intensidad en ningún momento,  transitó entre canciones de discos anteriores como “Index”, “Harmony Korine”, “The Raven That Refused to Sing”y “The Watchmaker en las que incluso cobró protagonismo un telón transparente (¿otro guiño a Floyd?) que ya había sido parte de la primer visita del inglés en 2012;  mezcladas por tres covers, dos de Porcupine Tree, la bellísima “Lazarus” que fue sencillamente conmovedora junto a la intensa “Sleep Together” y la inesperada “Thank U” de la canadiense Alanis Morissette lo que terminó de redondear un show sencillamente perfecto.

El cierre con los títulos cinematográficos mencionando todos los participantes no hizo más que dejar en claro que otra vez Steven Wilson nos llevó a pasear por su universo. Futuro clásico asegurado. La próxima no se lo pierdan. El arte no tiene límites.

, , , , , , , , ,