El propio curso del río

Crónicas | Pez
El propio curso del río
Texto: Carlos Noro | Fotos: Jorge Sebastián Noro
Teatro Opera Alianz ?

Parafraseando a Queen, Pez estuvo en el Opera. Esta vez la efervescencia fue canjeada por la escucha atenta y consciente.

Siguiendo su instinto,  Pez sigue nadando su propia corriente en la que, desde hace un tiempo, las rocas han ido desapareciendo para convertir a la banda en un manantial imparable en el que a fuerza de tocar y hacer discos comienzan a aparecer nuevos desafíos.

Precisamente El Manto Eléctrico fue el que planteó una nueva instancia distinta hasta ahora. Claramente El Teatro Opera Allianz parecía un escenario desafiante y hay que decirlo, algo extraño, para un trío que de un tiempo a esta parte elegía un perfil más cercano al rock pesado que a los aires más cancioneros (jazzeros, progresivos, experimentales) que en algún momento fueron el eje musical del grupo.  

Sin embargo, Pez entendió que El manto… pedía un escenario como este. Si más arriba dijimos que el trío se encaminaba más al rock pesado, debemos decir que esta nueva obra propone un recorrido bien climático e introspectivo. Entonces la idea de sentarse a disfrutar del disco en las cómodas butacas de un teatro, no parecía  para nada descabellada ni ajena ya que discos como Los Orfebres y Hoy también eligieron recintos con sillas.

Así, el trío eligió sostener su set poniendo en el corazón del mismo la totalidad de El Manto Eléctrico en donde la construcción sonora fue mutando en función de los bellos climas que propone el disco en donde canciones  como “El manto eléctrico”, “Mi lista deseos” (con Florencia Ruiz de invitada) o “Los viajes maestros” brillan por alguna cuestión lírica. Desde lo musical cada canción de “El manto…” funciona como parte de una totalidad orgánica, etérea casi sin distorsión  proponiendo una exploración íntima y sentimental sencillamente conmovedora, por lo que es difícil no destacar algún aspecto del conjunto de canciones tan ricas como amplias musicalmente.

Desde lo musical cada canción de “El manto…” funciona como parte de una totalidad orgánica, etérea casi sin distorsión  proponiendo una exploración íntima y sentimental sencillamente conmovedora, por lo que es difícil no destacar algún aspecto del conjunto de canciones tan ricas como amplias musicalmente.

En el contexto de una bella escenografía (una versión a gran escala de la tapa del disco y unas medusas gigantes) que hizo conjunción entre las ilustraciones de Alejandro Leonelli y el trabajo de Lean Frizzera el trio fue ampliándose según las canciones. La mayoría del show fue quinteto, con Juan Ravioli (teclados, guitarras y voz) y Martín Santoro (guitarras). En algún momento fue quintento o sexteto con la mencionada Florencia Ruiz (que grabó en 2008, a dúo con Minimal, el disco Ese impulso superior) y Federico Terranova  en violín (integrante Fútbol y la Orquesta Típica Fernández Fierro) hasta llegar a ser una big band con Pablo Puntoriero en Saxo y vientos de la gente de Morbo y Mambo lo que produjo una explosión musical dificil de clasificar.

Así  El manifiesto emocional “Para las almas sensibles”, la muy porteña  “La estética del resentimiento” o las hermosas “Haciendo real el sueño imposible” y  “Desde el viento en la montaña hasta la espuma del mar” que dieron cierre al show fueron parte de un conjunto de sensaciones encontradas. Nostalgia, alegría, melancolía, tristeza, esperanza tranquilamente podrían ser descripciones que atraviesen las canciones. Lo importante es que Pez tuvo su Opera y brilló. Veremos que les depara el propio curso del río.

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