Premio a la perseverancia

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Crónicas
Premio a la perseverancia
Texto: Sebastián Sánchez | Fotos: Jorge Sebastián Noro

Hay logros ajenos que logran reflejarse en nuestro ánimo como oyentes y melómanos que somos. El simple hecho de ver una banda local destrozar estereotipos, saltar barreras y lograr una cierta trascendencia debería ser suficiente. Y ahora esa banda de pibes que viste por primera vez en un pequeño festival allá por un lejano 2003 llegó a brindar un show que para ellos sin duda será una considerable bisagra. Sabemos que hubo cambios relativamente recientes en el camino, y si bien lamentamos alguna ausencia, comprendemos que todo tiene un porque. Sick Porky es una banda que afortunadamente nunca se olvidó del camino recorrido, y solo así puede explicarse este presente del que gozan.

Comencemos con una simple pregunta, ¿Cuántas veces vieron a una banda rockera de amigos alcanzar un momento tan especial como aquel que se vivió en La Trastienda? Mientras van pensando la respuesta, se nos ocurre que ésta crónica bien podría haberse titulado “El show de Sick Porky que siempre quisiste ver”. Tal vez las cosas suceden por una razón, pero no todo es pura magia sino también preparación y profesionalismo. Ellos juntaron esos ingredientes y nosotros te contamos acerca de la fecha en que la banda eligió grabar su primer DVD en vivo.

 

Para ir un poco más a lo concreto, tenemos que decir que el show en sí fue contundente, prolijo, correcto y profesional. Oportunidad sumada a preparación dieron lugar a una presentación ideal para ser registrada,  y tras una apertura por parte de Mariano Manzella y su grupo de flamenco y bailarines de tablao que se extendió por poco más de media hora, ya pudimos disfrutar a los chanchos haciendo lo que saben arriba del escenario. Con puntualidad, a eso de las 21 horas, salieron a escena Jeremias Stutz, Leandro Mousseaud, Carlos Villafañe, Mariano “el Tata” Martínez y Leandro Spatola, formando una perfecta línea de cinco que ocupó toda la parte frontal del escenario, dejando atrás solamente a el baterista Manuel Sibona. Todos de riguroso pero elegante negro para la ocasión, fueron acompañados por un excelente show de luces que se destacó durante toda la noche.

Todo se fue sucediendo con una fluidez envidiable, desde los primeros acordes acústicos de “Los Descarnados”, pasando por “Ritmo Serpiente” y “Ultimo Caído” hasta llegar a “Serpentario” y el ganchero “Los que no temen”. El primer momento especial vino junto con el superclásico “Buitro”, para deleite de los veteranos. Aquí valdría hacer dos menciones, en primer lugar los temas viejos parecen tener una energía renovada, una musicalidad distinta, que posiblemente no se limite solo a las tres guitarras que ahora los ejecutan, y en segundo lugar estaría el hecho de que cuando hacen estos temas se nota la diferencia entre el público veterano y el nuevo que ha ido incorporándose, pero es un buen indicio en realidad. Lo mismo hicieron con “Sombrío”, también de su primer placa, Ancestral, y luego pasaron a un más lisérgico y volado “Planeta Errante”, con pantalla gigante de fondo y proyecciones varias. Tras hacer “Dilema del Cautivo” y “Nairobi”, hicieron un breve descanso matizado por esa pequeña pieza llamada “Darse cuenta”, que salía de los parlantes.

La performance fue notable, pero aún más interesante fue encontrarse a uno mismo cantando la letra completa, como un fan más. Aquellos malditos bastardos hicieron emocionar un poco a este humilde cronista.

Al regreso, un impecable “Ephemerol” y una potente versión de “Le Tugurio”, que es un favorito personal, darían la segunda sorpresa agradable de la noche. El elegido fue ni más ni menos que “Lobo Solitario”, el primer tema que conocimos de ellos y que ya en ese momento dejaba entrever el estilo de la banda, pero con una nada sutil diferencia, Leandro Mousseaud entregó su guitarra a manos de Miguel “Maikel” De Luna de Kapanga para la ocasión. La performance fue notable, pero aún más interesante fue encontrarse a uno mismo cantando la letra completa, como un fan más. Aquellos malditos bastardos hicieron emocionar un poco a este humilde cronista.

Había ya gustito a final, y aún faltaban cosas. Carlos Villafañe hizo una gran introducción a capella para “Hordax”, y tras eso vendría la última intervención, aunque esperable en esta ocasión, de los miembros de Catupecu Machu, Fernando Ruiz Díaz en voz y Agustín Rocino en batería para hacer una potente interpretación de “Encogemente”. Como si todo hubiese sido poco, dejaron “Pura Sangre” para terminar un show que los encuentra en una plenitud musical digna y casi envidiable, pero como ya dijimos, nos gusta disfrutar de las victorias ajenas, especialmente cuando se sienten cerca de casa. Hacia donde irán después de esto, solo ellos lo saben, pero el futuro parece más que interesante.

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