Viaje por la historia

Crónicas | Opeth
Viaje por la historia
Texto: Carlos Noro. | Fotos: Jorge Sebastián Noro
Miércoles, 22 Julio, 2015
Groove ?

Este 2015 nos trajo la posibilidad de ver a las tres bandas que sostienen la propuesta de los que se denomina la nueva música progresiva. Lejos de la ambición de Wilson y de la necesidad de experimentar de los Anathema, Opeth revisitó su pasado y nos llevó a su propio viaje.

No fue casual que los Opeth abrieran  su tercera visita a la Argentina con “Through Pain to Heaven” la bella canción de los setentosos Alemanes de Popol Vuh, pioneros en esto de mezclar influencias y sonidos, música e imágenes. Opeth es hoy, a su modo, una mezcla inclasificable. Conscientes de esto y amigados con su sonido extremo que fue dejado de lado en las grabaciones pero no en esta serie de presentaciones en vivo, el recorrido fue una especie de montaña sonora que subió bajó e ingresó por los distintos climas de esta mezcla.

En este sentido no fue sorpresivo que  el inicio fuera para “Eternal Rains Will Come” y “Cusp of Eternity” del reciente Pale Communion. No hay mejor manera de recorrer la historia que empezar por el presente inmediato, parecieron decir entre líneas  los dirigidos por la voz y la guitarra de Mikael Akerfeldt. Dos canciones bien intensas y fundamentalmente con un gran aire a lo  progresivo clásico dieron la pauta de que este Opeth abre la puerta a la diversidad de rostros y remeras que podían observarse en Groove. Alguien que sigue a Pink Floyd, a Camel a Yes o a todos los clásicos progresivos de los setentas, se siente atraído por esta propuesta en la que la figura del tecladista Joakim Svalberg tiene una preponderancia fundamental en la creación de climas, atmósferas y sutilezas que conmueven a más de uno.

Sin embargo esto no termina aquí. Alguien que ama la música extrema pero sostenida en melodías elaboradas también tiene su espacio. Aparecen “The Leper Affinity” con algún guiño desde lo vocal y en los interludios  melódicos a lo anterior, la oscurísima “The Moor”  y “Advent” que transporta directamente a los fríos climas de los países nórdicos. Cada una de ellas parece construir un clima preciso y diferencial principal sostenidas en el preciso aporte de cada integrante. Martin Axenrot es capaz de sostener la tensión sonora de cada canción tras los parches. Como un monstruo esquizofrénico pero anclado en lo real, por momentos es un baterista de jazz, por momentos usa el doble bombo a su antojo y siempre propone un golpe seguro y preciso. El histórico uruguayo Martin Mendez, que por su condición de tal se gana el cariño de la gente, es el sostén rítmico de esta maquinaria. Si él parece difícil que el propio Akerfeldt quien no parece sentir el esfuerzo vocal, pero se ve más cómodo en las canciones actuales y el guitarrista Fredrik Akesson puedan construir desde la libertad,  su potencial melódico, pesado o distorsionado, según sea el caso.

La vuelta a la tranquilidad, con un sonido perfectamente acomodado y cercano a la perfección, fue con la extensa y atmosférica “Elysian Woes”, hermanada con la melancólica y bella “To Rid the Disease” en dos momentos que hubieran sido perfectos si el público hubiera respetado los silencios que son parte de las canciones. “The Devil's Orchard” subió en intensidad pero para el lado de lo jazzero en otra intensa demostración de pericia técnica en la que la banda llevó sus límites a un espacio no establecido.

Un Akerfeldt de buen humor, capaz de reírse de su castellano y de hacer innumerables chistes se animó a introducir la siguiente canción “April Ethereal” con una pregunta concreta ¿Les gusta el Black Metal? A mí me gusta Venom, Bathory y Celtic Frost. El resto es una mierda, dijo entre risas para seguir preguntando ¿Les gusta E.L.O., Bad Company, Supertramp, Rolling Stones? Me acuerdo que cuando vi que tenían el disco “Sus majestades satánicas” me encantó. Después me di cuenta que no era para tanto causando risas entre sus compañeros de escenario. La canción respondió a la primera pregunta para continuar en la senda con  “Heir Apparent” incluyendo una risueña referencia a que AC/DC estaba tocando en Estocolmo esa misma noche y el saludo de cumpleaños a Fredrik Akesson en sueco. “The Grand Conjuration” con un interesante interludio percusivo ejecutado por el hasta ese momento, exclusivamente tecladista Joakim Svalberg de brillante interpretación durante toda la noche, fue el cierre para dar lugar minutos después a la genial “Deliverance”, tal vez la síntesis  perfecta de todo aquello que pueda dar Opeth en esta mezcla particular de música pesada y rock progresivo.

En definitiva esta tercera visita de Opeth nos mostró la posibilidad de entender como fue transitando la carrera de los suecos con una pisca de uruguayo. ¿Evolución? ¿Cambio? Deseos y necesidades de una banda. Nada más ni nada menos.

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