Miércoles 08 Dic, 2021

Víctima de los excesos.

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Crónicas | Zakk Wylde
Víctima de los excesos.
Texto: Carlos Noro | Fotos: Jorge Sebastián Noro
Teatro Vorterix ?

En una presentación algo desprolija, Zakk Wylde intentó crear un clíma íntimo. Los resultados fueron, al menos, discutibles

A esta altura es innegable cuestionar el talento de Zakk Wylde. También es indudable que con el tiempo el rubio ha sufrido transformaciones. Desde aquel flaco escuálido que le regaló bellas melodías a Ozzy Osbourne (NdR. Ver Road to Nowhere) a este motoquero barbudo (NdR. Ver Suicide Messiah) han pasado muchas cosas: proyectos solistas, éxito y posterior salida de la banda de Ozzy, éxito con B.L.S. , desintoxicación por cercanía a la muerte hasta llegar a esta actualidad en la que su fama está más relacionada a los pergaminos obtenidos y a la representación de un estereotipo rockero que muchos admiran e imitan  que a su producción estrictamente musical.

Es claro también que más allá de los estereotipos cuando uno va a un show lo que busca es algo bien simple: música en un estado puro, emocional y sincero en el que el artista pueda demostrar lo que sabe hacer. Más allá de otras atracciones este es el objetivo primario de todos los que transitamos una experiencia musical. Sin eso hay poco para decir.

A diferencia de su última visita con B.L.S. esta vez la propuesta de Zakkarías intentaba reducir todo al mínimo. Un escenario casi vacío, dos guitarras en escena (una enfundada por él y otra por su compañero Dario Lorina) y un teclado daban la pauta de que el objetivo era reversionar viejos temas o al menos era la expectativa que varios de nosotros teníamos.

La realidad es que la tarde noche que propuso Z.W. tuvo de todo  Cuando el objetivo fue presentar las canciones de su proyecto Pride and Glory el set voló alto. “Losing your mind” tuvo ese aire sureño que todo imaginábamos en el que las dos violas nos transportaron a un pantano de Mississippi.  Algo parecido pasó con “Machine Gun Man” en el que el viaje fue al salvaje oeste con una intensa interacción ente Zakk y su coequiper. Sin embargo, casi sin poder controlar su genio, el momento de los solos transformó todo lo bien logrado en lo rítmico y en lo vocal en un exceso. Con la ayuda de los pedales el formato acústico se transformó en eléctrico y con ello hizo su aparición la aburrida tendencia del rubio y de Lorina de recorrer escalas y meter miles de notas por segundo. Más allá de algún malabarismo interesante (la guitarra  en la espalda tocada en serio en medio de una canción) el transcurrir del show fue acentuando esta tendencia hasta el cansancio incluso incorporando un innecesario momento de soledad con la guitarra ajeno a la destreza que de por si proponían las canciones.

En este contexto las canciones de B.L.S. (especialmente “Suicide Messiah” y “Stillborn”) fueron las víctimas de esta situación,  haciendo sentir que el talento del rubio podría haber revisitado las canciones en vez de trasladarlas casi literalmente a un formato que sin el debido trabajo no hacía más que hacernos extrañar la presencia de una banda que potencie la veta rockera.

Promediando el set algunas canciones donde Zakk se sentó al teclado “Road Back Home” o “Scars” entre otras, no cobraron brillo simplemente porque la sensación fue que se las sacó de encima sin el sentimiento y el clima exigían incluso afectando a canciones como la emotiva “In This River” que pasó desapercibida dando la pauta de que todo el talento melódico estaba siendo desaprovechado.

“The Blessed Hellride” pareció querer revertir la tendencia pero a esa altura era demasiado tarde. Para la próxima esperamos que las virtudes de Zakk deje de lado los excesos y cobre brillo sabemos que puede. Sabemos que habrá resultados. Sino seguirá siendo un estereotipo de lo que pudo haber sido,  donde la música será cada vez más menos importante.

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