Trascender a lo cotidiano.

Crónicas | Mono + Bhutan
Trascender a lo cotidiano.
Texto: Carlos Noro | Fotos: Cecilia Dalla Cia

Cuando la música habla por sí misma, las palabras sobran. Definitivamente este es el leitmotiv que congrega a los japoneses de Mono. Los comandados por un gestualmente histriónico Takaakira "Taka" Goto nos hicieron volar más allá de los sentidos.

Minutos después de que los Neuquinos – drone de Bhutan propusieran su oscura e intensa amalgama musical, en lo que fue una contundente demostración de que es posible transitar la oscuridad del subconsciente, Takaakira "Taka" Goto y Yoda en guitarras, Tamaki Yasunori en  batería  y el aporte femenino de Takada  en bajo y piano, se fueron acercando a sus instrumentos e iniciaron el set con la sutil  e intensa canción que abre el álbum Rays of Darkness, titulada “Recoil, Ignite” rápidamente hermanada con “Death In Reverse”. Un intento de definir el sonido de los orientales tranquilamente podría anclarse en este comienzo: una solitaria nota propuso la apertura, luego los instrumentos sumaron su pulso hasta llegar al climax en el que las guitarras explotaron llegando a una intensidad conmovedora.

El contraste con “Kanata” sería evidente. Tamaki dejó el bajo para sentarse en el teclado y proponer una canción bien pequeña y sensible. A partir de allí las guitarras harían su ingreso casi como relatando una historia en la que aquello que al principio era casi un susurro se transformó en una manera de exorcizar los propios miedos ¿Quién no sintió alguna vez las ganas de explotar en un grito desgarrador, constante y visceral? El final de la canción propuso soltar aquello que está ahí adentro y volver al susurro en uno de los momentos más bellos de la noche.

A partir de aquí los Japoneses apostarían a pintar una acuarela en el que cada pincelada sería parte de sus discos anteriores. “Pure As Snow” propondría consustanciarse con la belleza de lo natural, esa que define pero a la vez sorprende al ser humano. Con “Halcyon (Beautiful Days)” lo onírico cobraría una fuerza indescriptible. Si el sueño relata los deseos más intensos, el transcurrir de esta canción y su crescendo sirvieron para recordarnos que la música es una puerta a introspección más intensa. “Where We Begin” reforzaría esa idea con capas de sonidos superpuestas con una paciencia infinita hasta llegar al momento más hermoso de la noche. “Ashes in the Snow” no fue ni más ni menos que un relato sin palabras. Casi como el día que se transforma en noche  y esa noche que luego origina en día, el clima fue tan intenso que llegó a conmover literalmente a varios. El final con “Everlasting Light” sería el cierre climático, sincero y definitivo para un set en donde el objetivo fue abrir mentes, corazones y trascender  por sobre lo cotidiano utilizando la música como instrumento vital.

 ¿Quién no sintió alguna vez las ganas de explotar en un grito desgarrador, constante y visceral? El final de la canción propuso soltar aquello que está ahí adentro y volver al susurro en uno de los momentos más bellos de la noche.

En definitiva  Mono demostró como pocos que la música ¿o el arte?  pueden ser una experiencia trascendental para el ser humano. Apropiándose de la tecnología (impecable el uso de pedales que incluso tomaron vida propia en las manos de “Taka” Goto) y hermanándose con post rock, el shoegaze, cierto aire noise y una base neoclásica;  la sensación fue que lo que habíamos sentido había sido una experiencia corporal más allá de los sentidos. El arte puede hacerse carne. Experiencias como las de Mono lo confirman. Que vuelvan.

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