Una ceremonia reafirmadora

Crónicas | Oui Oui Fest: Ararat+Acorazado Potemkin+ElPerrodiablo+Las Diferencias+Futbol+Metamorfica
Una ceremonia reafirmadora
Texto: Sebastián Sánchez | Fotos: Seba Delacruz
Niceto Club ?

Una vez más fuimos invitados a participar del culto a la diversidad musical. Con seis bandas como protagonistas, uno de los sellos con más participación dentro de la historia reciente de nuestra música se lanzó a festejar otro aniversario. Bienvenidos a la ceremonia de Oui Oui Records.

Reconocer buenas movidas nos hace tan felices como apoyarlas, y en medio de tanta semana francesa, nada mejor que habernos hecho presentes para honrar muchos años de esfuerzo en promocionar bandas interesantes y variadas. Lo hemos dicho varias veces ya, es más, “En la variedad está el gusto” ha sido título de alguna de nuestras crónicas. En este caso, repetirse es reafirmar una creencia, así que sin muchas más vueltas pasamos a relatar lo que se vivió la noche del sábado pasado en Niceto Club. El plan fue simple, y consistió en mostrar seis bandas representativas del catálogo del sello. Para facilitar la rotación entre bandas, se utilizaron tanto la parte principal del lugar como su más pequeño Lado B.

Pasadas las 20:30 horas, Metamórfica fue la encargada de abrir el festival. Con la relativamente reciente incorporación de Ariel Solito a cargo de la batería, la banda que se completa con Mariela Talento y Alejandra Mariona en guitarras y voces, y con Javier Prazak en bajo, dio un show solido de rock, con toques de stoner y un cierto blues denso y oscuramente bello. Con pasajes de cuelgue instrumental, un bajo con ritmos interesantes, buenos riffs y la tremendamente sólida base de batería a la que Solito nos tiene acostumbrados desde sus largos años en Dragonauta, la banda supo aprovechar la intimidad del Lado B para dar una muestra de su propuesta musical. Habrá pasado algo más de media hora de show, que se pudo apreciar de cerca y que dejó con ganas de continuar tras los pasos de una banda que no es nueva en esta escena, y que por suerte sigue evolucionando.

Ya concluido aquel show, hubo que hacer una corta corrida para llegar al Lado A donde ya estaba arrancando Fútbol. Eran las 21:15, los tiempos apuraban, y este singular trío no dudó en pleno uso de su oportunidad. El rock de esta banda es por demás original, y hace tiempo que no los veíamos en vivo, de modo que había una cierta ansiedad por ver qué se estaban trayendo entre manos. Para aquellos que no los conocen, Fútbol está formado por Juan Pablo Gambarini en guitarra, Federico Terranova en violín y Santiago Douton en batería y voz. Es difícil describir su música con meras palabras, pero podría decirse que su música tiene esa velocidad propia del punk, pero que invita a moverse como un loco. Tal vez es el buen compás de la batería, las letras locas, o el frenesí del violín. La guitarra tampoco opera de forma tradicional, y definitivamente cada pieza hace que el todo sea mucho más grande. La sucesiva ráfaga de temas es otra característica propia de ellos, y nada tuvo que ver con la mecánica del festival.

Sin mucho respiro, hubo que desplazarse otra vez hacia el Lado B para atrapar a Las Diferencias. Otro trío, pero mucho más cercano al blues pesado, y que si bien no es nuevo para nosotros, no deja de resultar interesante de ver. Hay algo difícil de describir en ellos, tal vez son las letras, la forma de marcar el ritmo o la estética de la banda. Hay una cierta sensualidad ganchera que se manifiesta en temas como “Escapemos” y más aún en “A tu pareja”. Lo cierto es que el trabajo de Nicolás Heis en batería, Alejandro Novoa en bajo y Andrés Robledo en voces y guitarra tiene un encanto particular, que se pudo apreciar de cerca en esta ocasión.

El turno de Acorazado Potemkin llegó pasadas las 22:15 en el escenario principal de Niceto, ante un público nutrido y expectante. Se nota que la banda tiene oficio y escenario, y si bien es posible que no gusten a todos los paladares, tienen altura musical propia y comparativamente diferente a lo que podamos ver en otros lugares. No en vano están en este sello, ni trabajan con los nombres tan particulares que los rodean. Federico Ghazarossian en bajo (que llevaba una remera que decía: “No a la megaminería contaminante”), Luciano Esaín en batería y voz y Juan Pablo Fernández en guitarra y voz definitivamente tienen una prosa que les es plenamente propia. Saben bien hacia donde apuntan, y el público respondió con rostros embelesados.

El frenesí definitivamente no se detuvo, y hubo unos pocos que parecieron refugiarse en el Lado B a la espera del quilombo supremo. Sí, El Perrodiablo, que subió al escenario del pequeño recinto para patear cráneos como siempre lo hace. Si los cuatro jinetes platenses caen en un escenario es para reafirmar su gusto por el rock and roll y darle cuerpo a la amenaza latente que éste debería representar. Barderos o no, estos cinco tipos se publicitan en base a tocar y tocar, sin importar el tamaño del escenario o la convocatoria, y todos aquellos que llenaron el pequeño recinto a reventar y que estuvieron ahí sabrán de qué hablamos. “Cristo de los Futbolistas”, “Chazarreta”, el lenguaje corporal del cantante, los gestos obscenos, mostrar el culo al final subido a la barra, meterse entre el público, que los fotógrafos lo rodeen, cantar con aquellos que se prestan, y un largo etcétera. Fue una pequeña pero potente dosis de rock and roll, y el cierre con su himno titulado “Algo sobre estar vivo” no tuvo desperdicio.

Y así fue que todo lo bueno tiene que llegar a su fin, pero no sin antes tener otra frutilla arriba del postre. Aquí todos hicieron lo suyo, y nuestros ya conocidos Ararat no son la excepción. Otra vez, el trío retó a su público a medir sus niveles de tolerancia a la densidad,  invitando a dejarse llevar por la corriente entre las locuras sonoras de Tito Fargo con sus teclados, guitarra y slide, el bajo rítmico y poderoso de Sergio Chotsourian y la artillería de Alfredo Felitte. La banda fue contundente como siempre, con un sonido claro y bien aprovechado. Arriba del escenario hicieron una lista relativamente corta pero efectiva, pero hay otro espectáculo que vale la pena ver. Había que mirar al público y estudiar su comportamiento, ubicado entre la hipnosis más plena y la explosión de movimiento ante las partes más veloces, siempre adaptándose a los cambios de ritmo.

La medianoche llegó rápido, y los jinetes eléctricos dieron por cerrado un festival marcado por los agradecimientos al apoyo del sello, algo que todos los demás músicos también supieron destacar. Nosotros desde aquí brindamos por más ceremonias como la que pasó, y esperamos que haya mucho más Oui Oui Records.

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