Victoria de Francia

Crónicas | Mastodon y Gojira
Victoria de Francia
Texto: Carlos Noro | Fotos: Gimena Cuenca
Teatro Flores ?

A veces lo que uno espera se transforma en sorpresa. Gojira y Mastodon pisaron argentina con resultados disímiles.

Lo interesante de ver una banda soporte como Gojira es que las posibilidades de ser sorprendidos son muchas. Había varias cosas a su favor. Por un lado era su primera visita a la argentina. Por el otro su música, que genéricamente podríamos calificar como extrema pero a la vez progresiva, tiene el atractivo que puede tener una banda como Messugah pero con una tématica más ligada al medioambiente y al problema ecológico. Lo concreto es que en el vivo y en directo se ve su potencia y pericia técnica.

En este contexto un set de diez canciones sirvió para mostrar todo el poderío de los franceses. Con un sonido bien alto, claro y potente (recordar esto para cuando hablemos de Mastodon) los presentes entendimos de qué se trata el universo Gojira. En seguida la idea de futuro se hace presente en ese metal sincopado, denso, pesado y oscuro que proponen canciones como “Ocean Planet” o “The Axe” o “The Heaviest Matter of the Universe”. Su intensidad cobra tal dimensión que por muchos momentos la banda se convierte en un todo maquinal en el que se torna complejo determinar quién está tocando cada instrumento, sin por esto adherir una característica negativa a su música. Canciones como la hiper extrema  “Wisdom Comes” o la filosa “Vacuity” confirman está característica hasta el hartazgo. Cada quien en la banda cumple su función en post de construir ese cuerpo monolítico que transita, sin exagerar, todas las variantes posibles de la música extrema. Los hermanos Joe y Mario Duplantier, en voz - guitarra el primero y en batería el segundo, tal vez sean el pulmón y el corazón de la banda. El primero tiene la difícil tarea de coordinar con el afuera mientras canta (casi siempre guturalmente) y contribuye a construir los riffs que la otra guitarra de Christian Andreu hace circular como si fuera la sangre que permite que oxigenar la propia vida. Lo bueno es que lo logran con una contundencia pocas veces vista para una propuesta tan extrema. Mario es el corazón de la banda, principalmente porque su batería se percibe levemente por sobre la mezcla con la particularidad de marcar el rumbo de las canciones ante la inmensa pared sonora en la que el bajo de Jean-Michel Labadie es un elemento más, pero a la vez clave, que colabora a la homeóstasis.

De esta manera en un transitar sin descanso, en el que por ejemplo sonaron cantos de ballena en “Flying Whales”, “The Gift Of Guilt” cerró una presentación perfecta con dos guitarras siendo gemelas a partir del tapping. Demoledor show para una banda que sabe bucear en lo extremo y relatar futuro. ¿Volverán?

Es fácil imaginar el comentario que circuló antes del show de Mastodon “si esto sonó así, imagínate lo que viene”. El tema fue que lo que vino no fue lo esperado. Siendo justos podemos decir que estuvo la actitud, estuvo la interpretación, estuvieron las ganas pero algo pasó con el sonido por lo que aquí habría que hacer algunas preguntas que jamás podremos responder ¿La banda eligió sonar más bajo para evitar que su propuesta se transformara en una bola de ruido? ¿Es su manera de sonar teniendo en cuenta que su presentación en el Festival Maquinaria de hace un par de años tuvo el mismo problema? ¿Su sonidista estaba en una mala noche o ni siquiera vio el show de Gojira? Lo concreto es que las diferencias comenzaron a notarse desde que “Tread Lightly” comenzó a sonar. Para aquellos que nos habíamos ubicado en la parte de atrás del Teatro de Flores para escuchar a los franceses, la primera reacción fue tratar de ir hacia adelante para ver si la potencia mejoraba. Hay que ser justos, a medida que unos se acercaba al escenario los instrumentos se percibían mejor pero estaban lejos de proponer la contundencia que una banda como Mastodon necesita. Si bien canciones como “Once More 'Round the Sun” demostraron toda la capacidad del batero Brann Dailor para cantar y tocar al mismo tiempo (algo que sucedería en varios momentos de la noche) canciones como “The Motherload”  o “Iron Tusk” por mencionar algunas, pero tranquilamente podríamos hablar de todas, sufrieron la falta de potencia. Sin embargo, es claro que Mastodon es una banda con grandes y variadas canciones por lo que sería injusto afirmar que el comentario del show pueda reducirse a la cuestión sonora. En este sentido fue bien claro como cada integrante aporta a la banda alguna cuota particular más allá del conocido despliegue detrás del instrumento. Al ya mencionado Brann Dailor, tal vez la figura de la noche en cuanto a pericia, Brent Hinds aporta desde la guitarra el pulso rockero. Troy Sanders desde el bajo, furia contundencia y actitud, finalmente en la otra guitarra Bill Kelliher (el más perjudicado por la cuestión sonora) sostiene las canciones con melodías intensas y complejas. Entonces, canciones bien diferentes como “High Road”, “Black Tongue” o “Megalodon” tuvieron su momento de brillo aunque no resplandecieron como todos esperaban.

En definitiva con bises sin retirarse del escenario, “Blood and Thunder” cerró un show donde la sensación fue de que el sonido no dio lugar al disfrute completo. Esperemos que haya revancha. La tercera tiene que ser la vencida.

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