Sin inventar nada.

Crónicas | Kadavar+Poseidotica+Sauron
Sin inventar nada.
Texto: Carlos Noro. | Fotos: Seba Delacruz
The Roxy Live ?

Una noche de rock pesado con impronta alemana. Sauron y Poseidotica acompañantes de lujo.

Como suele suceder cada vez que hay una visita internacional ligada al stoner, retro rock o similares, algunos grupos argentinos se suman al encuentro aportando su música.

Sauron fue el encargado de abrir la noche. Como viene sucediendo el grupo de los hermanos Larralde aprovechó la oportunidad para recorrer una gran parte de su carrera. Desde el inicio con “Madura el limón”, más melódica y colgada que en la versión original hasta el cierre con “Humo Eléctrico” transformado por momentos en un medio tiempo, el objetivo fue recorrer los distintos estados de ánimo musicales del grupo. Se pudo ver la mirada cuasi psicótica de Pato Larralde en “El Paisaje Final” mientras que “Solo lo malo” (tocada en vivo desdepués de once años) brilló con luz Sabbathica, algo que consolidó “Cruces” en una versión histriónica, densa y dramática.

Cuando sonaron los primeros acordes de  “Mis Demonios” uno podía percibir la muy interesante labor de Claudio Fazio en batería, hermanada por el contundente trabajo riffero de JB Larralde en las violas. Pato Larralde es un espectáculo aparte convirtiéndose en relator de las penurias lisérgicas que transitan las letras. Capaz de enlentecer las canciones o hacerlas explotar como en el final de “Conjuro”, es claro que Sauron es su mundo vital. Ojalá los veamos más seguido realizando shows como estos.

A esta altura Poseidotica no tiene nada que probar. Su fórmula está tan aceitada que hace recordar a aquellos jugadores que dan los pases de memoria. Sostenidos en la presentación de El Dilema del Origen en La Trastienda, la lógica fue transitar algunas canciones clásicas “La Distancia”, “Hidrofobia” entre otras y  algunas de las nuevas como “El Alma de las Máquinas”. La sensación final fue doble. Por un lado quedó claro gran parte del público estaba para verlos a ellos también, por el otro que estos set cortos potencian su faceta rockera, sostenida en sus ya clásicas proyecciones psicodélicas. Gran manera de continuar la noche.

Luego de una larga espera debido a un retraso en el avión que los traía, el trío alemán tomó el escenario. La primera impresión fue directamente a su look. Si pudiéramos volver mágicamente a los setentas seguramente estos muchachos con sus barbas, camisas de jean y chalecos, serían parte de la historia. Hoy en el 2015 son parte de lo que se denomina retro rock, una suerte de revisionismo histórico hacia las primeras bandas de rock pesado que poblaron el planeta. Si empezamos a valorar lo musical, Kadavar no está tan lejos de lo que en su momento fueron las primeras formaciones de Aeroblues o Pappo´s Blues. Tal vez estarían más cerca de la pesadez de los primeros o de canciones como “Sucio y Desprolijo” de los segundos. Lo cierto es que como público estamos acostumbrados a este tipo de tríos en el que el objetivo es tocar una canción tras otra sumando riffs gancheros sin descanso. Era esperable que los alemanes centraran su show en su muy recomendable  último disco Berlin, por lo que pasarían a lo largo de la noche “Lord of the Sky”, “Pale Blue Eyes”, “Stolen Dreams”, “The Old Man” y “Thousand Miles Away From Home” en donde el eje siempre sería sostenido por la misma dinámica: un riff principal marcado por la guitarra Christoph "Lupus" Lindemann también encargado de las voces, el aporte algo de suficiencia ¿o cansancio? de Simon "Dragon" Bouteloup y la espectacular labor de Christoph "Tiger" Bartelt tras los parches, un seguidor desde el aspecto físico y los yeites de Ginger Baker el legendario baterista de Cream.

Con un sonido más crudo que lo que uno puede escuchar en los discos, el resto del show sirvió para recorrer "All Our Thoughts”, “Black Sun”,“Forgotten Past”, “Goddess of Dawn”, “ Living in Your Head” del auto titulado primer disco y dos canciones Abra Kadavar “ Doomsday Machine” y “Come Back Life” con la que finalizarían el show. La sensación fue que estos alemanes no van a trascender por inventar algo nuevo y que para nosotros su sonido es más que familiar. También es claro innovar no es su objetivo. Su sonido orgánico, ganchero y pesado rinde tributo a aquellos que empezaron a escribir la historia. Con suerte dentro de cuarenta años ellos también estén en los libros. Mientas tanto su batalla está siendo ganada. Muy recomendables.

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