Para oídos inquietos

Crónicas | Pez lanza Rock Nacional
Para oídos inquietos
Texto: Carlos Noro | Fotos: Seba Delacruz
Teatro Vorterix ?

Hay algo claro que se desprende tanto de la entrevista que realizamos con Ariel Minimal como de ver y escuchar esta primer fecha en el Teatro Vorterix. No es casual que Pez haya elegido este momento histórico referido a lo coyuntural y a su estado como banda, para titular a su disco Rock Nacional. En este lanzamiento (no confundir con la presentación que se hará más adelante) el ahora cuarteto, con un enorme Juan Ravioli en guitarras, voces, teclados y sintetizadores; juega a expandir los límites de por si laxos de lo que muy genéricamente podríamos encuadrar dentro de la música rock argentina.

Precisamente es en este espacio dinámico donde se mueve más cómoda que nunca una banda como Pez. Entonces si el inicio con “Latigazo”, “Cráneos” y "De cómo el hombre perdió”  sorprende es por el contraste con lo que propone Rock Nacional. Hay un interludio psicodélico y un enganche rockero. Hay un bombo protagonista y Juan Ravioli aporta cuerpo al sonido distorsionado. Es más, luego de esa suerte de relato del génesis que es la tercera de estas canciones, la conclusión es que la banda suena pesada, sostenida en un Minimal moviéndose de un lado al otro, Franco Salvador marcando el pulso con precisión y Fósforo García viajando, desde su estatismo, hacia algún recoveco de su propia mente.

“Los orfebres” sería  la encargada de cambiar este clima denso y pesado principalmente porque incorpora las congas como elemento distintivo, recordando vagamente a experimentaciones propuestas por Santana en los setentas y abriendo el interrogante si este será el camino del nuevo PezComo respuesta más música es la frase con que Minimal introduciría “Más música”  la primera canción de Rock Nacional  que sonaría durante el setm hermanada con “Tan deprisa ya” .  Lógicamente, si pensamos en que estas canciones representan gran parte de la actualidad de Pez, resulta natural que el sonido se acomode y que una especie de atmósfera valvular y orgánica sostenida por las congas y panderetas, proponga un clima de relajo y melancolía relacionada al momento  que transita la Argentina en este momento. Alguna confusión en el final de la primera de ellas aportaría un final inesperado, pero el resultado sonoro sería más que satisfactorio.

Las catárticas “Ahogarme”  y “Tapas de discos y posters de la Pelo volverían a proponer la versión más eléctrica de la banda y despertarían un pequeño pogo para un público que hasta ese momento observaba con atención sin intervenir físicamente en las canciones. “De la vieja escuela del amor”, otro de los nuevos, propondría un aire Kissero con los teclados bien arriba y la contundencia a flor de piel.

Más tarde “Disparado” también de Rock Nacional, sonaría mucho más Floydiana que en el disco proponiendo un lindo momento para escapar de los pensamientos cotidianos. “Calabacita” un alegato melancólico a Cristina Kirchner pareció contagiarse del sonido Gilmouriano y produjo una pequeña división entre un público enganchado con las cuestión política y otro que prefiere no incorporar esa temática.  Tal vez,  por eso algún amago de canción en favor de la ex presidenta quedó en la nada.

“No te escucho bien”  volvería a sostenerse en las congas para transformarse en un mantra casi infinito, en uno de los momentos más intensos y volados de la noche.  Casi siguiendo  la misma línea,  “Despierto a un tiempo de luz” con un pequeña introducción en la que Minimal contó el origen de la letra escrita junto a Fabián Casas (inspirada en un libro de Jerry García en donde un texto de Santana propone donde hay luz, no habrá sombra) se internó en las profundidades más psicodélicas de los Peces aportando otra belleza y color al sonido en general.

El último tramo del show serviría de síntesis sonora por lo transitado hasta el momento y propondría pasar por los distintos estados sonoros. “Os garcas” sonaría pesada y generaría el pogo más intenso de la noche, “Difícil de conseguir” y  “Lo que cuenta” volverían a bajar los decibeles transitando la balada y el blues, “El Aprendiz” sería otro interesante tema de Rock Nacional para dar lugar al cierre definitivo entre un conjunto de canciones que intentaron dibujar sin ningún tipo de timidez,  la paleta de colores que propone Pez.

El gran final propondría  la imprescindible y sanadora “Fuerza”, la cuasi stoner  “Último acto”,  la declaración de principios con la frase  yo soy un pez “Rompe el alba / Lo que se ve no es lo real” para luego de un brevísimo bis cerrar la noche “Caballo loco”. La sensación fue la de haber vivido y transitado por los no  límites de una banda inclasificable como Pez. Rock Nacional parece ser más allá de lo musical una postura a veces concreta y a veces poética frente a lo que sucede. Siguiendo a Pez, aquellos con oídos inquietos, encontrarán un espacio con nuevos aires. Seguramente se seguirán sorprendiendo y acompañarán este indescifrable camino de hacer las cosas en función de lo que los Peces más aman en la vida: hacer música en el más amplio sentido de la palabra.

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