Vibraciones subterráneas

Crónicas | Drone Celebration
Vibraciones subterráneas
Texto: Sebastián Sánchez | Fotos: Diego Toledo. Cortesía Venado Records
Plasma ?

El festival de música drone, autóctono y con una pincelada internacional llegó a un reducto porteño para deleitar a un variopinto grupo de aficionados hasta altas horas de la madrugada. Nosotros te describimos algo de lo qué sucedió.

Señoras y señores, aquí venimos a hablar de drone, y no hablamos de los aparatitos que vuelan y le espían el jardín, sino de ese misterioso estilo musical al que no estamos acostumbrados. Se suelen usar los mismos instrumentos musicales de siempre, pero no de la forma tradicional. La noche estuvo llena de extrañas conjunciones de guitarras, notebooks, pedaleras, teclados, cables, instrumentos de viento varios, consolas, amplificadores, micrófonos y todo lo que quieran imaginarse.

La dinámica en Club Plasma estuvo marcada por un subir y bajar escaleras, ya que había dos escenarios que se fueron intercalando para que cada artista pueda hacer de las suyas. La gente inquieta detrás de Venado Records organizó una velada puntual, variada y que gozó de buena concurrencia. No hay una forma precisa para describir todo lo que se pudo escuchar, pero vale la pena resumir algunas de las actuaciones destacadas y sus particularidades. Si la locura de Ectoplasma y sus curiosas proyecciones no fueron suficientes, menos lo fueron las andanzas de Life, el dúo formado por Fernando Suarez y Manuel Platino. Luego pasó Lion Spirit Drifter con su guitarra distorsionada, los loops, la notebook en el piso, todo para crear un maravilloso paisaje sonoro. Bastó volver a subir para encontrarse con Errante, el proyecto drone en solitario de Juan Manuel Díaz de Humo del Cairo, que se mostró cálido y agradecido por la oportunidad, pero tocando su guitarra casi todo el tiempo a espaldas de público para poder producir sonidos y acoples con el amplificador. Cuando se enfrentó a la audiencia, se pudo sentir ese gustito a su tradicional banda en el aire, y dio la pauta  que hay algunos hábitos nunca mueren.

Bajar las escaleras nuevamente significó realmente bajar los decibeles. El trance casi meditativo y oriental propuesto por Pandelindio fue contundente. Sentados con las piernas cruzadas y descalzos, dos chicos y una chica ejecutaron una combinación de shruti box, sitar, didgeridoo, violín y algunos otros instrumentos propios, envolviendo a todos en un gigantesco mantra. Es difícil explicar la mente en blanco, totalmente vacía de pensamientos. Arriba otra vez, el legendario Sergio Chotsourian, hizo una íntima y despojada actuación acústica con su guitarra, como pocas veces se ha visto, repasando pequeñas joyas de su época en Los Natas y otras obras solistas. Si eso no fue suficiente, Alejandro Gómez de Dragonauta se hizo presente en el escenario de abajo para desplegar un poco de maldad sonora con su proyecto Öö. Haciendo uso de una hermosa y gigante guitarra amarilla y múltiples pedales, hizo temblar el subsuelo al ejecutar su repertorio con total humildad y sencillez.

El plato internacional lo puso el canadiense Eric Quach con Thisquietarmy, que tomó por asalto el escenario de arriba acompañado por una guitarra y un arsenal de pedales. Por media hora, el cerebro volvió a perderse entre pasajes sonoros creados con una naturalidad pasmosa, generando una experiencia inolvidable pero difícil de describir con palabras. Luego de pasar Legión, los muchachos de Bhutan, artífices del evento, hicieron la presentación de cierre, compartiendo su trabajo denomidado “Vexations”. La cosa terminaba a altas horas de la madrugada por un lejano rincón de San Telmo, y el mérito de haber organizado este extraño ritual se lo llevan ellos. Tal vez las palabras no bastan para describir lo presenciado, pero por esta vez, creemos que no son tan necesarias. Con un poco de ganas, visión y buena organización, Venado Records lo hizo de nuevo.

, , , , , , , ,