La Teoría del Caos

Crónicas | The Dillinger Escape Plan
La Teoría del Caos
Texto: Carlos Noro | Fotos: Seba Delacruz
Palermo Club ?

Precisamente una buena manera de comenzar a relatar lo vivido es describir de qué se trata Palermo Club. Para los que no lo conocen es un lugar bastante amplio y oscuro que tiene una particularidad que en este caso fue definitoria: el escenario está casi al ras del suelo y no hay demasiada distancia entre músicos, plomos y público. Como no suele suceder uno puede estar cerca de ellos e incluso dirigirles unas palabras. Que respondan o no es otra cosa.

Lo cierto es que los Dillinger…  son famosos por las piruetas escénicas. Si buscan algún video de ellos en vivo los verán saltando, arrojándose al público, revoleando guitarras, micrófonos, subiéndose a las cajas de los instrumentos, trepándose entre otras miles de cosas. En este punto hay que ser sinceros: no es la primera vez que vemos grupos que en Estados Unidos o Europa venden una postura y a la hora de venir a Sudamérica tocan a media máquina.  Casos hay muchos y no vale la pena nombrarlos.  Afortunadamente este no fue uno de ellos principalmente porque estos muchachos tocan como si estuvieran transitando el último show de sus vidas. Su entrega física, musical y emocional fue tan potente que resultó arrolladora y hasta perturbadora aprovechando cien por cien su cercanía con el público. Para que entiendan de que se trató todo esto,  basta como muestras dos escenas: la primera con uno de los guitarristas Ben Weinman arrojándose de espaldas al público  para tocar febril y descontroladamente su guitarra como si estuviera en su casa. La segunda una de las tantas que propuso  el vocalista Greg Puciato, treparse al techo del recinto y arrojarse literalmente de cabeza a la gente. Como público la sensación es compleja y nunca vista: cualquier cosa puede ocurrir en cualquier momento y está bien que así sea.  De eso se trata la propuesta escénica de esto muchachos: saltar, gritar, moverse, agitar es la manera perfecta de transformar todo lo que pasas en un magma único e indiferenciado de música, sudor y descarga.

Precisamente, desde lo musical la propuesta de Dillinger…  fue una manera real, contundente y brutal de mostrar todo aquello que se genera físicamente en escena.  Es difícil entender como la versatilidad  de Greg Puciato (un verdadero monstruo vocal capaz de gritar como un desquiciado y al segundo cantar como si fuera un músico pop) convive con las escalas cuasi matemáticas y de un nivel de complejidad extremo que proponen Ben Weinman y James Love.  También es complicado comprender como todo eso articula con las disonantes bases Liam Wilson y en especial los cambios  de tiempo  enfermizos que propone Billy Rymer tras los parches. El resultado es un nivel de virtuosismo estruendoso en que la complejidad jazzera es llevada al otro extremo de la música, sostenida en abruptos y enrevesados cambios. La sensación es que los Dillinger  Escape Plan dialogan musicalmente con ellos mismos sin ser parecidos a nada ni a nadie. lo que los liga imaginariamente a porpuestas como la de Lynch en las que el desafío es dejar de lado las estructuras mentales y dejarse llevar sin filtros por las sensaciones que se generan en escena.

En definitiva a lo largo de diesciente canciones: Prancer, Milk Lizard, Room Full of Eyes, Panasonic Youth, We Are the Storm, Black Bubblegum, Hero of the Soviet Union, Nothing's Funny, Happiness Is a Smil', One of Us Is the Killer, Crossburner, Good Neighbor, Setting Fire to Sleeping Giants, Farewell, Mona Lisa, When I Lost My Bet, Sunshine the Werewolf' y '43% Burnt; los estadounidenses llevaron a ellos mismos y a su público a un estado donde el caos y el desorden crean sentido. A veces la música exige dejar de lado todo lo conocido y someterse al dictado de lo que sucede en un aquí y ahora determinado. El desafío no es para cualquiera. Aquellos que estuvieron lo saben perfectamente. 

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